viernes, 21 de agosto de 2015

El sacrificio frente al sometimiento

                           CRÍTICA TEATRAL: EL CERCO DE NUMANCIA

A finales del siglo XVI Miguel de Cervantes escribió una tragedia en verso sobre la resistencia de los habitantes de Numancia durante el asedio por parte de los romanos en su avasallador avance para ampliar el Imperio. La compañía extremeña Verbo Producciones, tras la excelente acogida de Los Gemelos, se ha decantado por montar El cerco de Numancia, espectáculo que cierra el 61 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida donde ha recibido el Premio Ceres del Público y que podrá verse hasta el 23 de agosto. El resultado es, por definirlo con una palabra, espléndido. Paco Carrillo dirige de manera ejemplar una excelente versión prosificada del texto del autor de El Quijote. Además, acertadamente, se ha acentuado la atemporalidad de la obra conectándola con la más rabiosa actualidad haciendo ver claramente que se debe luchar para no dejarse pisotear por los que ostentan el poder.
Las simbólicas cintas rojas, uno de los grandes aciertos del montaje     Jero Morales
Centrándonos en el montaje, Carrillo ha puesto en escena los elementos necesarios para exponer la situación que vivió la población numantina y la drástica decisión que toman antes de ceder ante los romanos. Uno de los recursos más bellos y simbólicos es la de rodear a los habitantes de Numancia con cintas rojas para transmitir la idea de asedio que viven. Ello permite unos momentos de gran carga dramática como las escenas entre el matrimonio formado por Marandro y Lira (unos espléndidos Manuel Menárguez y Ana García) que simbolizan el colectivo de la población, pudiendo ser cualquier otro matrimonio que vivió el asedio), Menárguez también brilla en las escenas con David Gutiérrez, quien interpreta a su inseparable amigo León, y en la  impactante escena final con Escipión, interpretado con una pasmosa seguridad por Fernando Ramos, con una voz contundente acorde con la posición de autoridad que ocupa en el ejército romano.

Por su parte también hay que destacar la importancia de la mujer en el montaje. Se ha optado por cambiar de sexo al hechicero Marquino convirtiéndolo en una sacerdotisa con poderes sobrenaturales a la que da vida Paca Velardiez, que está portentosa en la escena de la invocación para conocer el futuro de Numancia, un momento que se beneficia de una iluminación, de Francisco Cordero, y unos sonidos que sobrecogen por su alta efectividad. Velardiez forma otra gran pareja con Pedro Montero que da vida a su marido Teógenes, una autoridad en la población que cede a la decisión colectiva de morir con entereza.

La labor de los actores es de una entrega absoluta, con José Francisco Ramos, Premio Ceres a la Juventud, dando vida a la perfección a un personaje donde confluyen la valentía y la inexperiencia, ya que es un soldado romano que, al comienzo de la función, aun no ha matado a nadie. Esto contrasta con Máximo (Jesús Manchón) y el veterano soldado (Juan Carlos Tirado) curtidos ya en la guerra y a los que ambos actores dotan de gran fuerza.
Juan Carlos Tirado y José Francisco Ramos, espléndidos    Jero Morales
También hay que destacar la labor de los miembros de la Asociación Cultural Emérita Augusta para dar vida al ejército romano. Su aparición y los sonidos de las espadas contra los escudos es otro momento logradísimo de esta producción con una gran potencia y con una calidad que será imposible que se olvide el nombre de Numancia y lo que allí ocurrió a pesar de los siglos transcurridos.

1 comentario:

  1. estuve la noche del estreno. ¡un canto a la libertad interpretado magistralmente!

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