lunes, 12 de octubre de 2015

Los tormentos de Strindberg

                                      CRÍTICA TEATRAL: LA NOCHE DE LAS TRÍBADAS

Es curioso cómo en muchas ocasiones la vida de los artistas es igual o más interesante que sus obras. El cine ha tomado nota de este interés haciendo lo que se denomina biopics como Amadeus (Milos Forman, 1984) como uno de sus máximos exponentes. 

También en el teatro grandes autores han tomado la vida de escritores, pintores etc... como punto de partida para algunas de sus obras más logradas. Uno de ellos es el sueco Per Olov Enquist quien, en 1975, escribió La noche de las tríbadas, centrada en la figura de su compatriota August Strindberg (1849-1912) uno de los escritores de referencia de finales del siglo XIX y principios del XX.

Esta obra ha sido una de las últimas joyas en la brillante carrera del director José Carlos Plaza hasta la fecha, demostrando que la calidad y la intensidad dramática son cualidades asociadas a él haga lo que haga. Un servidor no podía dejar de recordar otras obras dirigidas por él como Sonata de otoño de Ingmar Bergman o Fedra (con dramaturgia de Juan Mayorga), por poner sólo dos ejemplos. Plaza dirige con mano firme una historia metateatral que nos sirve para conocer un poco más a un autor, que, en el momento en el que se desarrolla la acción de la obra de Enquist, ya había escrito dos clásicos contemporáneos del teatro como La señorita Julia y El Padre.

La noche de las tríbadas, en el Teatro Echegaray de Málaga hasta hoy, supone una inmersión en la tormentosa mente y existencia de Strindberg con un ensayo de su celebrado monólogo La más fuerte en 1889 como pretexto para ver cómo la realidad supera la ficción y, más concretamente en este caso, la ficción idealiza la realidad.

El magnífico cuarteto de actores de La noche de las tríbadas                                                                       Sergio Lardiez
Este montaje ha servido para constatar a un servidor la enorme calidad interpretativa de los cuatro actores que intervienen en esta obra. Me quito el sombrero ante la composición del sevillano Jorge Torres en la piel de Strindberg. Su calidad como actor es incuestionable porque refleja a la perfección todos los demonios y fantasmas del autor sueco, con una vida privada turbulenta y llena de traumas sentimentales y sexuales que se expresan claramente en varios momentos de la función en la que el actor hace un completísimo trabajo a nivel físico y emocional, para reflejar otros aspectos más del escritor como era su carácter contradictorio y su misoginia. No en vano hay que recordar que en el momento de la obra Strindberg aun no ha escrito El Pelícano una de sus incontestables obras maestras y donde vierte una gran crueldad al componer a la matriarca de esa obra.

Montse Peidro hace otro gran trabajo interpretando a Siri Von Essen, ya que vemos tanto al personaje de La más fuerte como a la esposa de Strindberg y presenciamos la forma tan directa en que las vivencias reales han repercutido en la ficción, sobre todo al aparecer el personaje de Marie Caroline David, con el que Siri tiene una relación lésbica, y los acertados componentes interpretativos de Peidro (ese genial momento en el que tira el libreto de La más fuerte al suelo y lo que sigue) contribuyen a poner las cartas sobre la mesa y ahondar más en la actitud de Strindberg, quien expone a las claras su rechazo a la emancipación femenina (otro guiño vital-literario, puesto que, en 1889, se han cumplido ya diez años del estreno de Casa de muñecas de Henrik Ibsen, autor al que Strindberg también rechaza, y cuya protagonista, Nora, decide abandonar a su marido y a sus hijos, por lo que se muestra también lo diferentes que eran ambos autores).

Por su parte Zaira Montes (a la que pude ver y disfrutar en Hécuba (también dirigida por Plaza y donde Torres ejercía, como sigue haciéndolo hasta la fecha, de ayudante de dirección del maestro), está impecable como Marie Caroline David (papel que alterna con Pepa Gracia), por la fuerza y el convencimiento en las acciones y en la forma de pensar y de vivir del personaje, matices que se logran ver por la laboriosa composición de Montes donde hay desde contención hasta un parlamento modélico en el tramo final de la obra, al que la actriz se entrega de manera desgarradora.

Finalmente Oscar Ortiz de Zárate sirve de contrapunto cómico en medio de la tensión existente entre los otros tres personajes ya que Hansel, se presenta como admirador de Strindberg, al que éste toma como aliado en una inesperada guerra de sexos.

Los cuatro actores están espléndidamente caracterizados gracias al vestuario del maestro Pedro Moreno y al maquillaje de Juan Pedro y Jorge Hernández, consiguiendo que veamos a los personajes más que a los propios intérpretes.    

La noche de las tríbadas es, sin lugar a dudas, una de esas obras que ningún amante del teatro debe perderse.  

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