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domingo, 14 de abril de 2019

"Identidad borrada": Terapia vergonzosa

Siempre se dice que la vida no deja de sorprender y un servidor reconoce que se quedó alucinado cuando supo que en Estados Unidos existen centros con denominadas terapias de conversión para "curar" la homosexualidad. Es por ello que el hecho de que se tratase este tema en una película era una razón poderosa para ir a verla. 

Identidad borrada, la película en cuestión, es el segundo filme dirigido por el prolífico actor Joel Edgerton al que un servidor comenzó a seguir la pista desde El gran Gatsby (Baz Luhrmann, 2013) nueva versión de la novela de F. Scott Fitzgerald con un fuerte precedente: el filme de Jack Clayton de 1974 y en la que el personaje de Edgerton lo hacía Bruce Dern. Filmes posteriores como Gorrión rojo (Francis Lawrence, 2018) han hecho de Edgerton un rostro familiar para el público. Su salto a la dirección de largometrajes tuvo lugar en 2015 con la bien acogida El regalo, de la que también era guionista y donde se reservaba un personaje. En Identidad borrada repite estas tres tareas. En este caso adapta el libro autobiográfico de Garrald Conley, el cual estuvo interno en una de estas instituciones.

La premisa es potente porque la historia de un joven que admite pensar en hombres y ser internado en un centro por ello por decisión de su padre, pastor evangélico o como se les llame, tiene miga y más cuando se oyen y se ven los métodos "terapéuticos": a un servidor le parecieron de juzgado de guardia, directamente. Desde las razones de ser homosexual hasta buscar la razón en vicios que tuvieran los parientes, y algunos métodos sancionadores hacen que, bajo un punto de vista personal, todo sea de traca, incluso de vergüenza.

Pero Edgerton hace una película irregular, ya que todo lo expuesto anteriormente está narrado de una manera que roza el sopor. Uno no esperaba la intensidad y la tensión de Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975) o Inocencia interrumpida (James Mangold, 1999) pero sí que esos momentos en el centro tuvieran algo de más garra. Los flashbacks previos al internamiento del protagonista son más interesantes. 

Bien es cierto que el filme remonta algo el vuelo en su parte final con una prodigiosa Nicole Kidman que demuestra su buen momento profesional con trabajos recientes como la magnífica película El sacrificio de un ciervo sagrado (Yorgos Lanthimos, 2017) o la premiada serie Big little lies, que parecen devolverla al candelero, como le ocurrió en el cambio de siglo con Eyes wide shut (Stanley Kubrick, 1999), Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001), Los Otros (Alejandro Amenábar, 2001) o Las Horas (Stephen Daldry, 2002) por la que ganaría el Oscar dando vida a la escritora Virginia Woolf, eso sí, su cara, literalmente, ya no es la misma, pero su potencial como actriz se exhibe en todo su esplendor en el citado tramo final con una fuerza y unos sentimientos hacia su hijo admirables.

Russell Crowe tiene un papel que resuelve de modo decente, manteniendo siempre sus convicciones, y se le da la oportunidad de que el personaje exponga las razones de su proceder, aunque ni al protagonista ni a un servidor le convencieron. Crowe lleva una racha que ya no es ni sombra de lo que era, algo que ya se empezó a notar en Los Miserables (Tom Hooper, 2012) donde su personaje era demasiado para él (dotes como cantante aparte).

Todo esto se menciona porque quien demuestra una vez más que ya no es una promesa es el joven Lucas Hedges. A un servidor no le extrañó que le nominasen al Oscar por la primera película en la que le vio, Manchester frente al mar (Kenneth Lonergan, 2016), como sobrino rebelde de Casey Affleck. De igual modo sobresale en roles secundarios como en Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh, 2017) o Lady Bird (Greta Gerwig, 2017). Su versatilidad y maleabilidad interpretativa la volvió a demostrar interpretando al hijo drogadicto en fase de desintoxicación de Julia Roberts en El regreso de Ben (Peter Hedges, 2018). Con Indentidad borrada muestra el tormento interior de un joven que, por la educación recibida, se siente culpable por cómo es, pero también es consciente de la ineficacia de los métodos del centro y sale muy bien parado de una escena difícil donde se recuerda un episodio en su etapa de estudiante y muestra una bondad en el tramo final que es digna de elogio.

En el reparto destacan las presencias de Xavier Dolan, un actor que en su precoz carrera como director suele tratar los dilemas morales-sentimentales, y del propio Joel Edgerton, como director del centro "terapéutico". Por cierto, sin hacer spioler: Al final, al basarse en personas reales, unas líneas cuentan la situación de estas en la actualidad. Pues la situación actual del personaje de Edgerton no pudo evitar que un servidor se riese, porque parece una broma bastante irónica.

Identidad borrada habla de la intolerancia, pero también de redención, arrepentimiento y perdón. Eso sí, más solidez narrativa y algo más de ritmo no le hubiesen venido mal, aunque se ha de reconocer que mostrar estos centros con esos vergonzosos fines siempre es de agradecer para comprobar lo retrógradas que pueden ser muchas personas en los tiempos que se viven donde no se debe considerar amar lo "establecido" como correcto y lo contrario un pecado.     

martes, 26 de junio de 2018

"Con amor, Simon": Amar libremente

La comedia americana ambientada en institutos y universidades ha tratado en diversas ocasiones temas serios de una manera desenfadada. Por ello precisamente una película como Con amor, Simon tiene un valor ya de entrada por tratar de una manera especial el tema de la homosexualidad en la adolescencia.

Sirviéndose de una popular novela escrita por Becky Albertalli, Greg Berlanti, prolífico productor de series de televisión como Dawson crece, Everwood, Cinco hermanos, Arrow o The Flash, dirige su tercer largometraje tras El club de los corazones rotos (2000) y Como la vida misma (2010). 

Una de las bazas del largometraje que nos ocupa es su frescura y un personaje protagonista muy bien perfilado e interpretado por el joven actor Nick Robinson, al que un servidor descubrió en Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015). Robinson da vida al Simon del título, un adolescente que aún no ha dicho que es gay. Un mensaje de otro chico en su misma situación en una popular página web le hace decidirse a comunicarse con él a través de e-mails y a expresar cómo se siente.

La película tiene la virtud de mostrar situaciones muy vistas en películas que se ambientan en los centros de enseñanza superiores pero tienen otro tratamiento, menos frívolo, esa sería la palabra, porque Con amor, Simon habla, como se mencionó antes, de la adolescencia, esa etapa tan complicada emocionalmente de la vida, extendiendo la historia de Simon a sus compañeros porque esta película habla de sentimientos y del miedo a ser rechazado, sin etiquetas.

Si bien el punto de inflexión de la trama viene por un detalle de guión que podría ser visto como metido con calzador, la manera en que el protagonista afronta una situación  accediendo a un chantaje y lo que deriva de ello plantea temas muy actuales como el bullying, los amores no confesados y la tolerancia. También tiene su punto de misterio el saber la verdadera identidad de Blue, el chico con el que Simon se relaciona a través de Internet, para lo cual se juega al despiste saliendo varios posibles candidatos y la manera en que se revela es también diferente y entrañable. La trama también plantea una situación hipotética curiosa: que la heterosexualidad fuese lo que se oculta y la gente no se atreve a confesar, una manera de criticar a la sociedad y que constata el protagonista cuando afirma que admitir el ser gay debería decirse cuando la persona lo decida y a quien quiera contárselo, sin forzar nada.

Con amor, Simon tiene momentos que destilan verdad en los que nos vemos reflejados de una manera o de otra. De los más logrados un servidor se queda con la conversación del protagonista con su mejor amiga (Katherine Langford, Hannah Baker en la serie Por trece razones) tras volver de una fiesta, en la que se dice mucho porque hay más cosas detrás de las palabras que se pronuncian evidenciando que todo el mundo tiene secretos que no se atreve a revelar. Otro momento logrado lo conforma las conversaciones de Simon con sus padres tras decir que es gay. Jennifer Garner y Josh Duhamel (quien ya trabajó con Berlanti en Como la vida misma) logran unas escenas emocionantes (la de ella más creíble que la de él, si un servidor ha de ser sincero).

En definitiva, Con amor Simon es una película con mensaje positivo para concienciar, en la línea de Wonder (Stephen Chbosky, 2017) usando los clichés de la comedia pero sin desmadre. Si en la maravillosa y bella Call me by your name (Luca Guadagnino, 2017) se nos presenta a un adolescente viviendo la primera gran historia de amor de su vida, con todo lo que ello conlleva de pasión y sufrimiento, el filme de Berlanti  muestra el paso previo para empezar a vivirla. Porque al amor no se le puede poner barreras.