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domingo, 17 de marzo de 2019

"La vuelta de Nora (Casa de muñecas 2)": Una lograda continuación

Si se habla de obras de teatro que convulsionasen a la sociedad cuando se estrenaron Casa de muñecas de Henrik Ibsen tiene un lugar preferente. Y todo ello debido a que mostró un comportamiento femenino inusual y revolucionario para la sociedad decimonónica: Su protagonista, Nora, abandonaba con un portazo su hogar dejando atrás a su marido, Torvald, y a sus hijos para vivir su propia vida. 

Siendo una de las obras más representadas en el mundo entero lo difícil no es ya hacer una versión vanguardista o modificada de la obra original sino continuar la historia. Esta arriesgada labor es la que hizo el dramaturgo estadounidense Lucas Hnath en el año 2017 cuando estrenó Casa de muñecas 2, la cual en Broadway contó con el beneplácito del público y de la crítica, siendo nominada a ocho Premios Tony logrando el de Mejor Actriz para Laurie Metcalf, la madre de Saoirse Ronan en  la película Lady Bird (Greta Gerwig, 2017).

Tal éxito no podía pasar desapercibido en España, donde la obra de Ibsen ha sido muy bien considerada representándose tanto sobre las tablas como en televisión. De hecho un servidor la ha visto una vez en cada una de ambos formatos: Primero en la pequeña pantalla en renovadas entregas del mítico programa Estudio 1 a comienzos del presente siglo en una versión excelente emitida en 2002 dirigida por Manuel Armán y encabezada por dos maravillosos actores: Amparo Larrañaga y Pedro Mari Sánchez. De igual manera un servidor disfrutó, en 2010, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla del estreno nacional de una versión firmada por Amelia Ochandiano y protagonizada magníficamente por Silvia Marsó y Roberto Álvarez.

Pues en el citado teatro sevillano se mantiene hasta hoy el montaje de la obra Hnath con el título añadido de La vuelta de Nora, y la sensación del público y de un servidor fue muy satisfactoria porque vio una historia coherente con la obra de Ibsen: Nora vuelve tras quince años de ausencia a su casa por un asunto legal y se debe enfrentar al reencuentro con su marido, una de sus hijas y la niñera que aún permanece en la casa a cargo de la misma. El personaje es consecuente con la decisión que tomó en su momento y matiene una  recta actitud contra las ataduras de las mujeres y en favor de su libertad e independencia económica y afectiva.
Roberto Enríquez y Aitana Sánchez-Gijón                                                                             María La Cartelera

Sin entrar en muchos detalles del argumento, hay que decir que el discurso que se ofrece puede servir para la mujer del siglo XXI, realzando la actualidad de la obra original, que vio la luz en 1879. La obra de Hnath habla de una mujer, pero a la vez de una sociedad, que, aun con significativos avances, sigue con convicciones del pasado bastante enraizadas.

El éxito de este montaje, además de la calidad del texto de Hnath que versiona Verónica Huerta, tiene mucho que ver con la labor de sus implicados: Un gran director, cuatro actores maravillosos y equipo técnico de gran altura.

Por empezar por el primer mencionado, el director Andrés Lima demuestra una vez más su nivel para crear espectáculos con garra. Y esta obra supone un punto curioso en su carrera: Se enfrenta a una obra contemporánea no propia tras títulos como Sueño, Los Mácbez o Tito Andrónico, donde ofrecía su personal visión del universo creativo de William Shakespeare y, sobre todo Medea de Séneca, que protagonizó una magnífica Aitana Sánchez-Gijón y que se pone en la piel de Nora en este montaje tras haber encarnado a Hécuba en Las Troyanas de Eurípides que dirigió Carme Portaceli.

La fuerza de la gran actriz nacida en Roma es inmensa. Un servidor lo ha constatado en cine, televisión (ya despuntó en su debut en Segunda Enseñanza, la serie escrita y protagonizada por Ana Diosdado dirigida por Pedro Masó en 1986 y fue una inolvidable Ana Ozores en la versión de La Regenta que dirigió Fernando Méndez- Leite en 1995) y en el teatro en obras como Un dios salvaje de Yasmina Reza o Babel de Andrew Bovell). Su encarnación de Nora juega con esa intensidad que ofrece una profesionalidad demostrada ya en numerosas ocasiones y un personaje que vuelve por una necesidad pero que no tiene un ápice de arrepentimiento, al contrario, está muy satisfecha de lo que ha logrado tras decidir irse. 

Las réplicas se las dan, por un lado, un portentoso Roberto Enríquez, al que un servidor, en una escena en concreto, le recordó exteriormente al Konstantin de La Gaviota de Chéjov que él interpretó y que un servidor vio en el año 2002 dirigido por la ya citada Amelia Ochandiano junto a Silvia Abascal, Carmen Elías y Pedro Casablanc entre otros. Enríquez y Sánchez-Gijón vuelven a trabajar en el escenario juntos tras hacerlo previamente en La rosa tatuada de Tennessee Williams y dan lugar a momentos espléndidos donde se exponen las posturas de ambos sexos sobre los roles del hombre y la mujer en la sociedad.

Por su parte el primer tercio de la obra lo comparte Sánchez-Gijón con María Isabel Díaz Lago, popular para los espectadores gracias, entre otros trabajos, a la serie Vis a vis. Su personaje de la niñera da lugar a un contraste de pareceres muy interesante sobre la mujer y el matrimonio por parte de una mujer tradicional y otra más moderna, pero que también sirve para reprochar cosas que una ausencia de quince años ha provocado.

Además de lo ya dicho, un servidor no puede dejar de quitarse el sombrero ante la seguridad y profesionalidad de Elena Rivera. La popular actriz gracias a su personaje de Karina en la serie Cuéntame cómo pasó o La Verdad ya estuvo en Sevilla como parte del elenco de El arte de la entrevista de Juan Mayorga, pero, por circunstancias, un servidor no pudo verlo, por lo que el montaje de La vuelta de Nora es la primera ocasión de verla sobre un escenario y reitera su desenvoltura y dicción en un personaje que marca una de las pautas del montaje. Mientras los demás personajes llevan un vestuario, de Beatriz San Juan, de época, el de Rivera es totalmente actual, por lo que a un servidor, al desconocer el montaje de Broadway, le cabe la duda de si es idea de la propuesta de Lima o ya estaba en la obra de Hnath. Este contraste de vestimenta puede ser simbólico para recalcar la atemporalidad de lo que habla la obra, por lo que choca pero no echa para atrás, al menos desde un punto de vista personal.

Aitana Sánchez-Gijón y Elena Rivera                                                                                            María La Cartelera
Las luces potentes y variadas en tonalidades de Valentín Álvarez y el escenario, también de San Juan, complementan un montaje dinámico y con diálogos potentes y punzantes que demuestra que, actualmente, hay muchas Noras, pero debería haber muchas más.

domingo, 17 de diciembre de 2017

"Sueño": El final del camino

La muerte, aunque sea obvio decirlo, forma parte de la vida, así como la mezcla de situaciones cómicas y dramáticas a lo largo de la misma. Con Sueño el director Andrés Lima trata todo lo mencionado en su segundo montaje para Teatro de la Ciudad, tras la brutal Medea que protagonizaron Aitana Sánchez- Gijón y el propio Lima.

Con el punto de vista puesto en pasajes de la conocida obra de William Shakespeare El sueño de una noche de verano (que un servidor vio en escena gracias al montaje que realizó el maestro Miguel Narros y que estrenó precisamente en Sevilla en el año 2003) Lima vuelve al universo del célebre autor británico (tras propuestas tan estimulantes como Tito Andrónico o Los Mácbez) para montar su obra más personal y , en una modesta opinión, más arriesgada.
Un instante de Sueño                                                                                                                            Luis Castilla El Norte

Sueño es un montaje lleno de contrastes: tristeza y alegría, amor y desamor, muerte y vida. El viaje que se propone al espectador ahonda en la dureza del final de una vida para la propia persona y sus familiares y la alegría que suscita la evocación de recuerdos llenos de pasión, sufrimiento y sensualidad. Todo ello es mostrado de una manera muy particular, tanto que quizá la conexión de la realidad con la citada obra de Shakespeare podía haberse mostrado de una manera más contundente. Eso no quita que se valore la valentía de la propuesta y el trabajo de los actores, todos ellos entregados en cuerpo y alma a unos desdoblamientos de personajes que inciden en el mencionado juego de contrastes que contiene Sueño.

Nathalie Poza compone al hijo del protagonista con una convicción tal que no hace falta preguntarse la razón por la que interpreta a un hombre, mientras que está arrebatadora en la piel de Helena y protagoniza uno de los mejores momentos de la función cuando entona la célebre canción Wuthering Heights (Cumbres borrascosas) de Kate Bush, introduciendo el espíritu de la obra maestra de Emily Bronte y haciendo un divertido guiño a la necesidad de conocer idiomas.

Chema Adeva compone a un padre al final de sus días que revive gracias a los recuerdos, con toda la dureza añadida de la senilidad del personaje y una transformación que sólo el plano de la fantasía permite en el que Ainhoa Santamaría asume el papel de Demetrio así como, en la realidad, el de una prostituta desdentada que provoca ternura y risas. María Vázquez juega con su origen gallego para deleitar con unos pasajes cómicos en la recreación de la obra de Shakespeare con un personaje que podría ser Hermia pero que, en su lugar, se entremezcla con una mujer del pasado del personaje de Adeva, como le ocurre a él mismo. Laura Galán por su parte ofrece al espectador un ramillete de personajes que son de todo menos fáciles, un reto del que la actriz sale muy airosa.

Todo ello complementado con la contundente iluminación de Valentín Álvarez, esencial para las transiciones entre la realidad y los pasajes de recuerdos y fantasías por los que transita la obra.

Sueño es, valga la redundancia, una ensoñación que complementa un pasaje tan duro de la vida como es la pérdida de un ser querido que han podido contemplar todos los espectadores que se han acercado al Teatro Central de Sevilla