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domingo, 10 de marzo de 2019

"Mula": Dureza, sentimiento y kilómetros

Las razones por las que se decide ver una película son de lo más variopintas y en el caso de Mula, el primero ante todo era volver a Clint Eastwood en pantalla de nuevo como protagonista en una película también dirigida por él, algo que no ocurría desde Gran Torino (2008). Es increíble su energía y porte a punto de cumplir ochenta y nueve años. Y además, con Mula vuelve a una forma de rodar que bebe de los clásicos directamente y de cuya influencia dejó constancia, por ejemplo, en Los puentes de Madison (1995), Sin Perdón (1992), por la que ganó sus dos primeros (como director y productor), o Poder absoluto (1997).

En el caso de Mula, el ganador otros dos Oscar por Million Dollar Baby (2004) se mete en la piel de un horticultor de noventa años que, ante el cierre de su negocio, transporta droga para un cartel mexicano. La historia, basada en un artículo de Sam Dolnick para New York Times Magazine, está contada con sabiduría por el eterno Harry Callahan, que ha subido y bajado peldaños, como en toda trayectoria profesional larga como director desde que sorprendiera con su ópera prima , Escalofrío en la noche (1971).

Mula contiene muchos elementos atractivos como es un guión, escrito por Nick Schenk, bien estructurado que sorprende para bien al espectador: cuando se ve la repetición de una situación varias veces uno se teme lo peor, pero cuando elementos de otra índole, que se muestran a base de pinceladas al principio, como es la situación familiar del protagonista, se concretan en una situación que rompe el esquema narrativo, ahí se comprueba que Eastwood no ha soltado la historia en ningún momento. A ello hay que sumar la forma de rodar y la construcción de personajes.

Earl Stone es un personaje a la medida de Eastwood, al que él dota de unos matices como dureza y ternura, además de esa planta: alto, delgado y una mirada familiar que los años no han cambiado sino la han curtido. Además, el personaje, veterano de la Guerra de Corea, y que ha recorrido prácticamente todo Estados Unidos, está de vuelta de todo, y afronta hasta las situaciones más peliagudas con una gran entereza, lo que hace que se gane el respeto y los corazones de las personas que va conociendo. Un servidor piensa que quien mejor representa esta "conquista" es el personaje interpretado por Bradley Cooper, quien ya fue dirigido por Eastwood en El francotirador (2014) y que da muestras de su variedad de registros tras verlo esta temporada en Ha nacido una estrella, que él mismo dirigió. Sin hacer spoiler un servidor sólo dirá que el primer encuentro entre los personajes de Eastwood y Cooper junto con la conversación que mantienen, es una de las mejores escenas de la película.

La calidad de Cooper se puede extender al resto del reparto, variopinto y de distintas generaciones: Una maravillosa Dianne Weist, una dulce y cariñosa Taissa Farmiga y una dura Alison Eastwood, donde vuelve a ser dirigida por su padre interpretando a su hija en la ficción. Ellas componen el núcleo principal de la trama familiar y sentimental de la película. También destacan Andy García y Laurence Fishburne en roles secundarios pero no prescindibles

Mula, con una impecable fotografía de Yves Bélanger, es una historia llena de kilómetros, los recorridos por el protagonista, y los de la propia vida de Clint Eastwood, donde aquí vuelve, exponiendo un tema como es el del tráfico de drogas, a ponerse detrás y delante de las cámaras dando lo mejor de sí y una manera que sus seguidores un servidor está seguro de que agradecen.

miércoles, 17 de octubre de 2018

"Ha nacido una estrella": El otro lado de la música

El mundo del espectáculo tiene, como muchos aspectos de la vida, sus luces y sus sombras. El público siempre se queda con la vistosidad de lo que ve en un escenario: las luces, las músicas, voces rotas o privilegiadas que hacen vibrar. Pero detrás se mueven otros aspectos no puramente técnicos en el concierto in situ, sino tejemanejes por parte de los que llevan las carreras de los cantantes, decisiones que tomar y otros temas más turbios. 

Todo lo mencionado se muestra sin tapujos en Ha nacido una estrella, el debut en la dirección del actor Bradley Cooper quien ha salido con nota de este peliagudo "examen cinematográfico" por varios motivos. 

El primero es que es la cuarta película que trata el mismo tema y con el mismo título. Este filme es un remake de la película homónima dirigida por William A. Wellman en 1937 con Janet Gaynor y Fredric March, de la que se hizo posteriormente, en 1954, una nueva versión dirigida por George Cukor, con Judy Garland y James Mason y posteriormente en 1976 con Barbra Streisand y Kris Kistofferson dirigidos por Frank Pierson. Sin embargo, la historia de Ha nacido una estrella tiene su origen en una película anterior a la de 1937: En 1932 precisamente George Cukor dirigió el filme Hollywood al desnudo, cuya historia es la semilla de las películas previamente mencionadas.   

Otro logro de Cooper (que asume el rol protagonista masculino y es coautor del guión, además de cantar con su propia voz) es contar la historia desde un punto de vista muy personal e interpretativamente hablando desligándose de los personajes que le hemos vists en sus películas anteriores. Su personaje es la antítesis del guaperas cantante de éxito. Es un hombre con una vida que pende de un hilo por una historia familiar dura, decisiones erróneas y adicciones varias. De ahí el contraste y la luz que supone conocer al personaje que interpreta maravillosamente Lady Gaga.

A lo largo de los años, a Lady Gaga, por sus canciones y estilo, se le ha comparado desacertadamente con Madonna, en opinión de un servidor. Sus looks en conciertos y videos musicales como los de las canciones Bad Romance o Alejandro demuestran que lo que Lady Gaga hace es disfrazarse para asumir un personaje en su faceta artística. Además su capacidad para no poner límites a lo que le pidan en el terreno de la interpretación no musical quedó patente con la sorprendente composición que hizo en American Horror Story: Hotel, quinta entrega de la conocida antología televisiva que le hizo ganar merecidamente un Globo de Oro.

En Ha nacido estrella Cooper le ofrece un personaje bombón, ya que hace un doble juego entre la artista disfrazada y el personaje real. Su aparición cantando en un bar La vie en rose emulando a Edith Piaf nos muestra a una joven que ama lo que hace y, desde ese momento , la vemos como es ella en su vida cotidiana, trazándose una historia de amor de manera suave sin estridencias ni pasiones desenfrenadas o relaciones de una noche. Cooper muestra a la perfección la admiración mutua entre ambos de personajes, (y, como director, la propia hacia Lady Gaga) aunque su personaje esté ya en la cima de la fama, aunque en declive, y ella no. Pero la película cuenta la historia de dos personajes que se enamoran y se ayudan mutuamente, con situaciones que sólo el amor profundo e incondicional pueden explicar.

La película se detiene en los escollos de la vida de un cantante, incidiendo especialmente en el papel de los representantes como auténticos escultores de mala baba que buscan un provecho propio vendiendo la moto de querer lo mejor para su representado, de ahí que las decisiones referentes a giras, repertorios y cambios de looks sean objeto de certeros dardos con un personaje que finalmente resulta ser odioso.

Esto contrasta con los hermosos momentos musicales que los protagonistas cantan en solitario o a dúo con un momentazo con la canción The Shallow que a un servidor le puso los pelos de punta. La banda sonora es muy completa combinando canciones originales como la mencionada, Always remeber us this way o la emocionante I'll never love again, entre otras, que cierra el filme y que, tras los acontecimientos acaecidos, cobra un significado muy especial junto a temas populares como el mencionado de Piaf  o Pretty Woman. Las canciones originales son, en opinión de un servidor, temas que huelen a premio de lejos junto con las interpretaciones de la pareja protagonista y la dirección de Cooper. 

El protagonista de El lado bueno de las cosas (David O. Russell, 2012) o El francotirador (Clint Eastwood, 2014) ofrece un retrato sin cortapisas de los sueños por cumplir, la decadencia y la posibilidad de remontar en la vida y la fragilidad y la fuerza de las personas, enseñando un lado nada rosa del mundo musical junto con una historia de amor para recordar y unas canciones (muchas de ellas compuestas por Lady Gaga) que hablan de lo mencionado y constatando además la potencia vocal y el lado dramático de una mujer que quiere demostrar, y lo logra, ser algo más que una cantante de éxito en la vida real.