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jueves, 21 de febrero de 2019

"El candidato": El enésimo ídolo caído

Un servidor a veces no sabe si las cosas ocurren porque sí, o el azar juega un factor importante en algunos hechos. Pero lo cierto es que, desde septiembre del año pasado, han llegado a las carteleras españolas tres películas centradas en políticos estadounidenses reales. Primero fue El escándalo Ted Kennedy (John Curran, 2017), luego la premiada y nominada a los Oscar El vicio del poder (Adam McKay, 2018) y ahora ha llegado El candidato, también del año pasado. 

Vistas las tres se podría pensar que en Hollywood quieren demostrar que no tienen miedo a mostrar las miserias de sus altos cargos y quizás sea un aviso encubierto a Mr. Trump. Si el primer título se centraba en un oscuro episodio protagonizado por un miembro de una de las familias más famosas, no sólo de Estados Unidos, sino del mundo entero, y el segundo hacía un retrato del vicepresidente Dick Cheney en el que era mostrado no precisamente como un santo, sino más bien como un estratega consumado, ahora El candidato centra su atención en la figura de Gary Hart, el hombre que estuvo a punto de llegar a la presidencia en 1988 pero que no logró por el episodio que recrea el filme dirigido por Jason Reitman.

Caracterizado por mostrar realidades de una manera peculiar, Reitman, tras hacer un retrato un tanto especial sobre la maternidad en Tully (2018), con una entregadísima Charlize Theron, ahora produce, dirige y coescribe la historia de las tres semanas que propiciaron el fracaso político de Hart. El filme está basado en el libro All the truth is out de Matt Bai, quien es coguionista junto con el propio Reitman y Jay Carson, el cual desempeña tal labor por primera vez tras su implicación en la serie House of Cards como productor.

La película tiene diversas virtudes, como es el hecho, por ejemplo, de mostrar el papel fundamental de la prensa en la política en general y en el caso de Gary Hart en particular. A esto habría que añadir cómo se muestra el trabajo del equipo asesor de campaña de Hart comandado por un espléndido J.K. Simmons y donde no se deja escapar algún chiste sobre la cantidad de hombres que hay en ese grupo con el mismo nombre.

El mencionado papel de la prensa hizo, por la manera en que está mostrado, pensar en dos cosas: Que Hart no estuvo muy fino al desafiar a los periodistas a que lo siguieran para desmentir el rumor de una aventura amorosa. Los periodistas hicieron su trabajo y se descubrió el pastel. 

En segundo lugar, no deja de resultar curioso la labor del Washington Post en asuntos concernientes a la política y a otros temas de gran calado. No en vano fueron dos periodistas de este periódico los que destaparon el caso Watetgate, con las consabidas consecuencias para Richard Nixon y que Alan J.Pakula plasmó en la modélica Todos los hombres del presidente (1976) con la complicidad de un magnífico grupo de actores liderados por Robert Redford, Dustin Hoffman y Jason Robards, quien ganó su primer Oscar dando vida al editor de la publicación, Ben Bradlee, papel que también interpretaría Tom Hanks en Los archivos del Pentágono (Steven Spielberg, 2017) donde se destapaban unos engaños con respecto a la Guerra de Vietnam entre otras cosas. Y ahora, en El candidato, Alfred Molina asume tal función al ser uno de sus trabajadores quien recogió las desafiantes palabras de Hart.

En este tramo del filme se tiñe la trama de un logrado aire de thriller gracias al espionaje de periodistas del Miami Herald y que culminó en pruebas incontestables de algo que los votantes no permitieron ni consintieron.

Por lo demás El candidato cuenta la caída de un líder muy campechano y cercano por una ingenuidad por su parte y enseña la doble moral del pueblo estadounidense. Tras los escándalos de los Kennedy, a pesar del trágico final que tuvieron, no pareció que sus affaires afectasen a la imagen que el pueblo tenía de ellos. Un servidor nunca justificará una infidelidad pero, como espectador del año 2019, un servidor ve los hechos y la actitud de los votantes como veletas sobre todo si se recuerda el caso de Bill Clinton, aunque fuese posterior. Por lo tanto el filme de Reitman es correcto pero lo que cuenta, aparte de que son hechos conocidos, no deja de ser algo simplón (también porque Hart jugó con fuego y se quemó). Por su parte es curioso el papel que adquiere la supuesta amante de Hart.

En cuanto a los actores, aparte de los ya mencionados, no se puede negar el esfuerzo del carismático Hugh Jackman para interpretar a Hart, pero, siendo correcto, brilla en ciertos momentos pero no deslumbra como ha hecho cada vez que se ha puesto en la piel de Lobezno, de Jean Valjean en Los Miserables (Tom Hooper, 2012) o en otros personajes como los de El truco final (Christopher Nolan 2006) o El gran showman (Michael Gracey, 2017). Su composición es lograda pero no destaca. Los guionistas sí tienen la virtud de dotar de mayor entidad al la esposa de Hart, encarnada por la siempre resolutiva Vera Farmiga, quien ya trabajó con Reitman en Up in the air (2009). Durante la primera hora parece que no va a tener importancia pero le proporcionan unos momentos para lucirse en el último tercio del filme.

El candidato no es una mala película pero, visto lo visto, no cuenta nada del otro jueves, sólo muestra la manera en que una carrera brillante puede irse al traste por ser más chulo que un ocho al revés. 

jueves, 28 de junio de 2018

"Tully": Donde esté una madre...

La maternidad cambia la vida de la mujer totalmente, dándole un giro de 180 grados a su situación anterior. La responsabilidad de cuidar de un ser indefenso, alimentarlo, asearlo y estar pendiente de sus necesidades hace que las mujeres saque una fuerza que ni ellas mismas saben de dónde proviene.

El director Jason Reitman se alía de nuevo con la guionista Diablo Cody tras las fructíferas experiencias de Juno (2007), por la que Cody ganó el Oscar al Mejor Guión Original, y Young Adult (2011), que supuso además la anterior colaboración de Reitman con la actriz Charlize Theron, protagonista de la película que centra esta crítica, Tully. 

La actriz sudafricana, productora también de la película, demuestra, como lo hizo en Monster (Patty Jenkins, 2003), por la que ganó un muy merecido Oscar a la Mejor Actriz, que, por un personaje, es capaz de hacer lo de sea. Bellísima por naturaleza, en esta ocasión no ha tenido reparos en mostrar un físico desmejorado y con unos kilos de más para encarnar a la perfección a Marlo, una mujer madre de dos hijos que espera el tercero al principio de la trama.

Reitman y Cody ponen el acento en las dificultades a las que se enfrenta toda madre que tiene un nuevo hijo, actividades diarias que se repiten una y otra vez y cuyo agobio y desasosiego es mostrado a través de un trepidante montaje que logra el efecto deseado.

Siguiendo con la línea de la mayoría de sus filmes el director de Up in the air (2009) sigue queriendo mostrar personajes que transmitan verdad, con problemas cotidianos ya sea en el entorno laboral o doméstico y, en el caso de Tully, esa intención está acentuada al incluir un hijo con problemas de adaptación, por una razón que no se dice claramente, sólo alguna de sus características. Esto no se hace para exagerar nada sino para evidenciar las situaciones a las que millones de madres de todo el mundo han de hacer frente sin apenas ayuda. 

Además, en este caso, la figura del marido, interpretado por Ron Livingston (hace poco visto en Lucky y quien también encarnaba al padre de familia aterrorizado por una presencia maligna en Expediente Warren) no muestra pasotismo pero sí despreocupación con un toque infantil al mostrarlo jugando a un videojuego en la cama mientras su mujer cae rendida de cansancio.

Ante esta situación la historia introduce a una niñera nocturna para ayudar al personaje de Theron, un torrente de energía con la voz y el físico de Mackenzie Davis, joven pero con gran experiencia que ha aparecido en filmes como Marte (Ridley Scott, 2015) o Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017) además de protagonizar la serie Halt and Catch Fire (2014-2017). Su personaje de entra como un salvavidas por su disposición absoluta a cuidar no sólo del bebé sino del personaje de Theron, quien la ve primero con reticencia pero a la que se va abriendo cada vez más.

Pero aquí nos encontramos con una sorpresa, que, lógicamente, un servidor no desvela, la cual hace que todo lo visto hasta un punto determinado se aprecie desde otra perspectiva totalmente distinta (y que incluso una escena íntima que chirría bastante tenga una mayor lógica en el conjunto). Ese elemento sirve, además, para introducir temas universales como el deseo a volver a ser adolescente, la necesidad de sentirse, aunque sea por un tiempo, libre de ataduras y la nostalgia por un tiempo que, desgraciadamente no volverá (aquí las canciones de Cindy Lauper que suenan en un momento determinado del filme dan fe de ello) y que se muestra claramente en la vida que uno lleva en la actualidad cuando ya se han rebasado varias barreras en lo que a edad se refiere.

Tully es un filme atípico que muestra una realidad muy concreta y que habla del paso inmisericorde del tiempo, de las responsabilidades que conlleva tener hijos y de la necesidad de salir adelante sea como sea, algo en lo que las madres son auténticas campeonas.