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lunes, 29 de octubre de 2018

"La sociedad literaria y el pastel de piel de patata": La lectura como refugio

Vivir una guerra deja secuelas físicas y emocionales. Ambas permanecen en las personas para siempre. De las segundas mencionadas trata La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, un filme en el que el cineasta británico Mike Newell, director de la recordada Cuatro bodas y un funeral (1994), Donnie Brasco (1997) o Harry Potter y el cáliz de fuego (2005) se encarga de poner en imágenes la novela publicada por Annie Barrows y Mary Ann Shaffer en el año 2008

Esta película destaca por, sobre todo, transmitir, en opinión de un servidor, dos mensajes positivos: En primer lugar, que la lectura puede ser terapéutica y un motivo para seguir adelante y, en segundo lugar, que, los azares de la vida, hacen que se conozca a personas que te marcan para siempre. El conocimiento de una escritora, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, de un club de lectura en una pequeña isla (y su llegada a la misma con la intención de escribir sobre ello) sirve para ofrecer una cuidada producción que destaca por dos aspectos fundamentales: La factura técnica y el impecable trabajo del elenco de actores. 

Centrando la atención en el primer aspecto citado el paisaje británico en todo su esplendor de color, cielos y costas varias, está estupendamente mostrado gracias a la fotografía de Zac Nicholson y la recreación de la época se complementa con un acertado vestuario a cargo de Charlotte Walter, quien ha vestido acertadamente a actores en otras películas como Una familia con clase (Stephan Eliott, 2008), o las comentadas en este blog Su mejor historia (Lone Scherfig, 2016) y Una razón para vivir (Andy Serkis, 2017). 

Por otro lado el acertado reparto combina actores de todas las edades que forman un compacto grupo a nivel interpretativo. Muchos de ellos, para el gran público, han saltado a la fama por series de televisión de gran calado como Downton Abbey o Juego de Tronos

Para empezar, la protagonista femenina, Lily James, quien interpretaba en la citada serie británica de época a Rose, emparentada con la familia protagonista y con un pensamiento muy liberal. James ha demostrado su talento asumiendo roles protagonistas o secundarios ya fuera en Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015) o El instante más oscuro (Joe Wright, 2017) compartiendo escena con el oscarizado Gary Oldman. Aquí asume el papel de la escritora que entra en contacto con el mencionado club de lectura con solvencia y naturalidad, transmitiendo la curiosidad y el calado que surten en ella las historias personales de todos, en concreto la del paradero desconocido de uno de ellos, personaje interpretado por Jessica Brown Findlay, quien daba vida a Sybil Crawley en la misma serie.

Para acabar, uno de los aportes veteranos lo da la espléndida Penelope Wilton, quien, en Downton Abbey interpretaba a Isobel y protagonizaba inolvidables escenas junto a Maggie Smith. En La sociedad literaria y el pastel de piel de patata ofrece un registro distinto completamente. La amargura se refleja claramente en su rostro por todo lo que ha padecido durante la guerra. Por último Matthew Goode, quien salió en la etapa final de la serie, aunque ya era muy conocido gracias a películas como Match Point (Woody Allen, 2005) o Retorno a Brideshead (Julian Jarrold, 2008), da vida al editor, amigo y confidente del personaje de Lily James con la acostumbrada calidad.

Para acabar con las referencias televisivas, el principal papel masculino recae en el actor holandés Michiel Huisman (quien dio vida a Daario Naharis, interés amoroso de Emilia Clarke en Juego de Tronos y actualmente forma parte del reparto de la serie dev terror revelación del momento, La maldición de Hill House). En el reparto también destaca por méritos propios el veterano Tom Courtenay, el inolvidable Pasha de Doctor Zhivago (David Lean, 1965) pero que ya era una referencia en los primeros compases de los años sesenta del pasado siglo gracias a películas como La soledad del corredor de fondo (Tony Richardson, 1962) o Billy el embustero (John Schlesinger, 1963). En el filme que nos ocupa da vida a un entrañable responsable de una oficina de correos.

Todos los actores mencionados y otros más, como Katherine Parkinson (muy buena su conversación nocturna con Lily James) ofrecen unas interpretaciones magníficas, con personajes donde el pasado sigue muy presente en sus vidas y las vivencias personales se van conociendo a lo largo de la historia.

Si de algo puede pecar La sociedad literaria y el pastel de piel de patata en de una narración convencional y en ciertos momentos previsible, con un final que se intuye muy pronto en lo referente a dos personajes, algunos detalles cogidos con pinzas, y una cierta falta de mayor carga dramática a la hora de dar a conocer hechos o revelaciones. Todo lo mencionado hace que su visionado se disfrute gracias a los dos aspectos referidos con anterioridad y no por la capacidad emotiva, que sólo se vislumbra en contados momentos. Lo cierto es que es un filme que demuestra que escuchar leer a alguien y debatir de manera sana sobre libros y autores es algo que debe fomentarse más, porque en la ilusión en las reuniones se deja entrever una medicina para el alma a través de historias inmortales impresas en las páginas de los libros.       

jueves, 16 de noviembre de 2017

"La Librería": La humildad frente al poder

Desde el inicio de su carrera Isabel Coixet se ha caracterizado por su manera íntima y personal de contar historias, yendo muchas veces a contracorriente: Rueda una película en Estados Unidos con el mejor sabor del cine independiente, Cosas que nunca te dije (1996), luego un filme romántico como hacía tiempo que no se hacía, A los que aman (1998) o enmarca una historia muy especial en un espacio peculiar y reducido en La vida secreta de las palabras (2005). Estos títulos y otros más marcan además su vocación internacional, aunque siempre con modestia y un poco de ambición.

En La Librería, su nueva película, se rodea de un reparto muy sólido para contar una historia llena de sentimientos, buenos y malos, y muchos libros, basándose en la novela de la autora británica Penelope Fitzgerald. El personaje principal, lo encarna Emily Mortimer, que maravilló a un servidor desde que la vio interpretar a la bondadosa esposa de Jonathan Rhys Meyers en Match Point (Woody Allen, 2005), aunque ya tenía una gran carera detrás. Su personaje es la bondad personificada y su deseo de ganarse la vida regentando una modesta librería choca con los deseos del personaje que interpreta Patricia Clarkson, quien vuelve a trabajar con Coixet tras títulos como Elegy (2008) o Aprendiendo a conducir (2014), además de volver a coincidir con Mortimer después de Shutter Island (Martin Scorsese, 2010). Su elegancia y educación de cara al exterior contrastan con sus frías y malévolas intenciones. Pero quien, bajo un prisma personal, roba todo el protagonismo es Bill Nighy, visto hace pocos meses en Su mejor historia (Lone Scherfig, 2016). En La Librería está quizás en dos de las mejores escenas de toda la película, la merienda con Mortimer y su enfrentamiento con Clarkson donde da toda una lección interpretativa.

Coixet pone el ojo también en la importancia de los libros en la vida y cómo pueden dejar huella al igual que las personas. Ojo al protagonismo de Ray Bradbury y Nabokov en el conjunto. La Librería es una declaración de amor a la literatura como lugar donde perderse y fomentar la imaginación (y a las cartas como medio para comunicarse) pero también es una crítica a la intolerancia por parte de personas poderosas a las que los libros les importan poco con traiciones inesperadas, de ahí que el final sea algo triste aunque se compense con una escena final llena de esperanza y de la citada huella que se ha quedado en uno de los personajes.

Los aspectos técnicos son muy destacados para lograr una perfecta ambientación de la inglaterra de finales de los años 50 del siglo XX. La fotografía de Jean-Claude Larrieu, asiduo colaborador de Coixet desde Mi vida sin mí (2003) y nominado al Goya por Nadie quiere la noche (2015), es sencillamente perfecta, creando bellas imágenes y la delicada música de Alfonso de Vilallonga complementa perfectamente la intimidad de la historia, mientras que el vestuario de Mercé Paloma remata la recreación de la época.

La Librería enseña una cosa muy actual: Los buenos sentimientos no tienen nada que hacer frente a personas con poder empeñadas en lograr sus propósitos, ante lo que no se detienen ante nada, lo cual es una pena, porque apisonan a gente de buen corazón que lo último que desean hacer es crear problemas.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Jesús Álvarez: "Después de esta crisis nada será igual que antes"

Jesús Álvarez es un periodista como pocos. A su excelencia profesional que muestra diario en ABC de Sevilla desde hace años, hay que añadirle una bondad que le sale de dentro y que contribuye a que la persona que se siente frente a él pase un rato de lo más distendido. Después de muchos años dedicado a su profesión ahora la compagina con su faceta de escritor que ha iniciado con la novela El ingeniero que no sabía bailar, que lleva por subtítulo Del club de campo al comedor social y está disponible en Amazon. Con esta primera novela Jesús Álvarez hace un retrato realista de la crisis y sus consecuencias con una prosa ágil, interesantes reflexiones y personajes y situaciones con mucho sentimiento. De todo ello Jesús Álvarez habló para El Rinconcillo de Reche.
Jesús Álvarez con su novela El ingeniero que no sabía bailar. Alejandro Reche Selas

Pregunta: Usted en la Nota del Autor que incluye al final de la novela menciona su visita, en diciembre del 2014, al comedor social en el que transcurre buena parte de la acción del libro ¿Qué es lo que vio allí para decidirse a escribir y, como resultado, surgiese El ingeniero que no sabía bailar?

Jesús Álvarez: Fui allí para hacer un reportaje para Navidad y lo que vi fue una serie de personas, una red de voluntarios empleando su tiempo libre para ayudar a personas que no tenían para comer. Hablé, además, con la organización del comedor de la Orden de San Juan de Dios y vi el trabajo tan importante que realizaban en el peor momento de la crisis. En ese momento los comedores estaban desbordados y me dijeron que casi no tenían alimentos para todas las personas que acudían a diario. Pregunté por el perfil del usuario del comedor y me comentaron, para mi sorpresa, que el perfil no era únicamente el clásico que uno se puede imaginar (personas con problemas, adicciones, alcoholismo etc..) sino personas como usted y yo, que han tenido un trabajo, han tenido vacaciones, han cenado fuera, han tenido un buen coche y que, por diversas circunstancias, perdieron su trabajo, les pasaron otras cosas y llegaron allí porque no tenían dinero para comer. Todo eso me incitó a escribir esta novela que ofrece un retrato de la crisis en Sevilla, aparte de la historia del protagonista y la de las personas alrededor del comedor que crean como una red social ayudando a los demás. Eso me pareció que había que contarlo. Yo no lo había leído en ningún sitio y se me ocurrió plasmarlo en una novela.

P.: Da la sensación de que, con esta novela, ha querido mostrar el hecho de que, en la vida, nadie está libre de caer estando en lo más alto y luego poder remontar...

J.Á.: Claro, lo más llamativo de Álvaro, el protagonista de la novela, es que es alguien que cae desde muy alto, algo que no se puede imaginar ni cuando pierde su empleo. Él piensa que con su experiencia y conocimientos no va a tener problemas para encontrar otro trabajo. Lo que cuento a partir de la pérdida del empleo no es ficción ya que conozco de cerca a personas que están en el paro y me han contado lo que les ha pasado: Con cincuenta años han entregado su curriculum y no les han llamado en un año debido a su edad o por estar sobrecualificados para el trabajo o  les ofrecían algo en condiciones de semiesclavitud. El protagonista de la novela, al no poder volver a trabajar, perdiendo su lugar en el mundo y no encontrándolo, es el reflejo de muchas personas que no han podido reintegrarse al mercado laboral. Son personas que no protestan ni se movilizan. Se sienten derrotados. Pienso que muchas personas pueden sentirse identificadas con este personaje.

P.: ¿Ha querido dar al lector una bofetada de realidad con esta novela? Porque si existe el cine social, como el del director Ken Loach, esta novela es literatura social, retrata el aquí y ahora de una ciudad que el lector reconoce perfectamente...

J.Á.: No sé si una bofetada. Es cierto que no estamos como en el 2013 o el 2014, pero cuando la Unión Europea declaró hace un mes  que la crisis había terminado, incluso hubo voces en España afirmando que se ha recuperado el PIB del 2007. No pongo en duda esos datos pero no todo el mundo ha salido de la crisis, especialmente el colectivo al que pertenece el protagonista de la novela.


P.: Hay en la novela una subtrama sobre la agresión a un mendigo en la que los implicados son jóvenes de alto poder adquisitivo. Por ello ¿usted quería evitar el prejuicio de que los culpables de los delitos siempre sean personas con mal aspecto exterior?  

J.Á.: Yo he tratado de reflejar en la novela los contrastes emocionales de la crisis. Es decir, por un lado, las personas que trabajan en los comedores sociales así como organizaciones alrededor de ellos, bancos de alimentos etc... que han ayudado a personas como el ingeniero a sobrevivir, sacando lo mejor de sí mismas en estos momentos de crisis. Por otro lado, hay otra serie de personas en la novela que se dedican a humillar a los que lo han perdido todo. Los consideran inferiores, derrotados o perdedores. Estas personas no vienen de familias desestructuradas ni de barrios humildes, sino que pertenecen a la clase media alta sevillana. Esto ha ocurrido en Sevilla pero también en Madrid, Barcelona y en otras ciudades europeas, por lo que no es un fenómeno local sino universal.  Esto se denomina aporofobia, que significa odio a los pobres. Creo que son los dos contrastes que muestro en la novela y que reflejan cómo es el ser humano, que es capaz de hacer lo mejor y también lo peor.

P.: Pasando a la estructura de la novela, he creído detectar dos líneas narrativas paralelas hasta más o menos la mitad de la novela en la que cuenta el presente del ingeniero y va dando pequeñas pinceladas de su pasado hasta llegar al momento actual en el que se encuentra ¿Esta estructura la tenía así concebida desde un principio?  

J.Á.: Sí. Quería empezar la primera página en el presente y que fuese un inicio contundente y las personas que la han leído me han confirmado que ese comienzo les ha conmovido. Luego he intentado que la narración fuese ágil pero, como bien ha dicho va hacia delante y hacia atrás en el tiempo para que el lector sepa cómo el protagonista ha llegado a la cola del comedor social. En esta historia reflejo valores universales como el amor o el desamor. Ya la segunda mitad de la historia transcurre sólo en el presente y avanza más rápido.

P.: En ese retrato del pasado se enfatiza el aspecto externo del personaje y el éxito que tenía con las mujeres por lo que al hecho de tocar fondo también contribuye un deterioro físico...

J.Á.: Así es. Cuando Álvaro pierde su empleo comienza su infierno particular lo que le provoca un fuerte desgaste emocional y también físico. Aunque ya tiene una edad, los acontecimientos hace que los años se le echen encima. El tiempo que se lleva buscando empleo y no encontrándolo y pasando problemas económicos hace que por su cuerpo pasen como quince años. Es una situación que, muy probablemente le ocurriría a cualquier personas que pasase por esa situación.

P.: Llama la atención la descripción más pormenorizada que hace de la relación sexual que mantiene en un momento determinado de la novela, ya en el presente con una trabajadora social. ¿Lo hizo así porque era un momento en el que el personaje volvía a "sentirse vivo"?

J.Á.: Sí, podría decirse así. El personaje, aunque en su juventud tiene mucho éxito con las mujeres, cuando conoce a la que será su mujer, se enamora de tal manera que ya no existen más mujeres para él durante más de veinte años. No es frívolo, ni voluble. Tras la separación de su mujer pierde también su estatus social y económico. Esto específicamente tampoco me lo he inventado. Yo entrevisté al director Alberto Rodríguez hace unos años y le pregunté por la crisis porque es un tema que ha tocado en su cine y él me comentó  que tenía una pandilla de amigos con los que jugaba al fútbol todos los sábados. Con la crisis varios de ellos perdieron su empleo y dejaron de jugar al fútbol porque no tenían dinero para pagarse las cervezas de después del partido, y no querían pasar la vergüenza de reconocerlo o pedirle dinero a otro. Al protagonista de la novela le pasa lo mismo. Al no poder mantener el mismo ritmo de vida, él decide aislarse social y físicamente encerrándose en su casa. Al quedarse solo, cuando conoce a esta otra mujer trata de revivir o recuperar algo que creía perdido y aunque no es una persona creída para él que una chica joven y atractiva se fije en él y le da una fuerza que le hacía falta.

P.: Es muy significativa la reflexión que hace en un momento determinado del tema de la muerte enfatizando la idea de la fugacidad de la vida, de ahí el contraste de la escena final, que aquí no desvelaremos...

J.Á.: Efectivamente. La muerte está presente en toda la novela, no sólo porque haya personajes que mueren o se hable de gente fallecida, sino también porque los personajes que Álvaro conoce en el comedor social están cercanos a la muerte, jugando con ella, con la salud muy castigada, al ser indigentes que han pasado mucho tiempo en la calle, unos más y otros menos. La muerte es parte de la vida y en todas las creaciones literarias y artísticas es otro de los temas inevitables junto con el paso del tiempo. La escena final muestra el ciclo de la vida.

P.: Destaca también la semblanza que hace en la novela de Sevilla, nombrando calles, hermandades, tradiciones para que el lector que no conozca la ciudad se haga una idea de cómo es...

J.Á.: Yo quería que el lector, fuese sevillano o no, pudiese pasear por las calles de Sevilla con el ingeniero, la trabajadora social y el informático. Hay lectores que me lo han agradecido mucho diciéndome que la atmósfera en la que transcurre la ciudad es muy sevillana. Es  mi ciudad y quería hacerle un homenaje aunque no fuese en el mejor momento.

P.: Para terminar ¿qué razones le daría a los lectores de mi blog para que leyeran El ingeniero que no sabía bailar?

J.Á.: Creo que esta novela cuenta algo que es importante que no perdamos de vista. Esta crisis ha cambiado muchas cosas. Nada va a ser igual que antes, no sólo por las personas que no han recuperado su lugar en el mundo como le ocurrió durante algunos años al ingeniero, sino porque las relaciones laborales se han alterado de una manera sustancial. Cuando regresé al comedor social no me sorprendió que me dijesen que ya había menos titulados superiores o medios que la primera vez que fui pero sí que recibieran cada vez más personas de otro nuevo perfil: el de las que tienen empleo pero están tan mal pagadas que no pueden llegar a fin de mes, que no existían antes de la crisis. Las ONG y organizaciones benéficas los llaman "trabajadores pobres". Conviene no olvidarlo. Esta novela cuenta una parte de lo que ha pasado en estos años y lanza un mensaje de esperanza, a pesar de las dificultades. Las novelas que retratan épocas pasadas me encantan porque reflejan cómo vivían nuestros abuelos o tatarabuelos y me gustaría que esta parte de la Historia que hemos vivido con esta crisis que ha sido tan traumática e intensa se vea bien reflejada. Las heridas tardarán muchos años en cicatrizar y este libro que habla tambien de las segundas oportunidades es mi modesto grano de arena para que no se olvide.

lunes, 3 de abril de 2017

Andrés González-Barba: "En 'El enigma Murillo' la ciudad de Sevilla está alejada de todos los tópicos posibles"

Sevilla. Año 1810. Los franceses ocupan la ciudad en plena Guerra de la Independencia. En este marco histórico se desarrollan conspiraciones alrededor de un cuadro que oculta un secreto y una historia de fantasmas donde las almas de la ciudad, muchas de ellas atormentadas, atemorizan a aquellas personas que las ven. Con todos estos elementos Andrés González-Barba (Sevilla, 1974) crea una novela, El enigma Murillo (Editorial Almuzara) de trama absorbente y repleta de sorpresas y misterios que no han salido a la luz.

Con esta novela el periodista de ABC de Sevilla (donde empezó a trabajar en 1998 y que nos ha regalado fantásticas crónicas de emblemáticos conciertos) sigue desarrollando su faceta de escritor en la que hay títulos tan variados como Los diarios de Regent Street (2010), El sueño de Titania (2014) o El último tren de la estación del norte (2015). El enigma Murillo, motivo de esta entrevista promete intriga y emoción por parte de un hombre apasionado por la novela gótica que es todo corazón. Pasen y lean.
Andrés González-Barba durante la presentación de la novela en el librería El Cuartito
Pregunta: ¿Qué es lo que hace que se interese por escribir sobre los temas que ven reflejados en El enigma Murillo?

Andrés González-Barba: Tenía interés, por un lado, en escribir una novela gótica y, por otro, ambientarla en Sevilla. Además había una época que me interesaba mucho y que estaba muy poco tratada en la novelística andaluza o española en general: Sevilla durante la época de la Guerra de la Independencia. Curiosamente, el escritor Manuel Sánchez-Sevilla acaba de publicar hace poco su novela El tesoro del Alcázar, que refleja también este período. Hay pocas personas que conozcan el trasfondo de lo que ocurrió en la ciudad durante aquellos años. Por otro lado, Sevilla tenía un papel importante por haber sido sede de la Junta Suprema que estuvo durante un año en el Alcázar, pero la gente suele relacionarlo más con Cádiz por su traslado allí y las famosas Cortes. A raíz de un libro de Moreno Alonso comprobé que era una época que no había sido muy estudiada. Entonces, fabulando, vi que esa Sevilla prerromántica, ya que el romanticismo a España llegó algo más tarde con Larra o Espronceda era muy idónea para la historia que quería contar.

Siempre quise alejar la ciudad de todos los tópicos posibles y yo quería mostrar un lado más oscuro, lúgubre y comprobé que todo casaba muy bien: la invasión de los franceses, el relato gótico y el expolio artístico que se produjo en esa época y que me dio pie para desarrollar una de las tramas principales de la novela.

P.: Si nos ceñimos a los temas, la historia gótica y la de la invasión francesa están finamente ligadas pero da la sensación de que lo que pretende es mostrar un universo, mostrar la Sevilla de esa época...

A.G.-B.: Sí. Mi intención es que Sevilla sea protagonista durante toda la narración, dar una sensación de agobio, ambiente opresivo o el hecho que es una ciudad decadente desde hace tiempo por el traslado del comercio de Indias a Cádiz. Por lo tanto retrato una ciudad derrotista y un poco oportunista porque, al llegar los franceses, la alta sociedad de la ciudad ve una oportunidad de afrancesarse y de que las hijas casaderas puedan emparentar con nobles franceses. Por ello se vende al mayor postor, no se resiste a la invasión como otras capitales españolas, y es una ciudad que mira hacia otro lado, no tiene en cuenta que se estén cometiendo masacres en los campos de batalla, muriendo patriotas.

P.: Hay otro tema que sorprende por cómo lo describe, en algunos momentos con mucho detalle: la higiene...

A.G.-B.: Así es. Yo no quería hacer una novela histórica que fuera brillante y luminosa. Eso no me interesaba. Hay muchas novelas que te muestran el lado más amable. Lo que quería era mostrar el lado más crudo de esa etapa porque realmente fue terrible, ya que, a raíz de la Guerra de la Independencia, España quedó destrozada. Aunque también es cierto que Sevilla no sufrió la crudeza del combate, era una ciudad, desde el punto de vista higiénico, insalubre. En la novela aparece un personaje real: Sebastien Blaze de Bury. Fue un oficial francés que, después de la Batalla de Bailén, estuvo apresado en los pontones de Cádiz que eran una especie de cárceles flotantes y, cuando llega a Sevilla, él denuncia que es una ciudad asediada por los mosquitos en verano, había ratas en las casas y los piojos eran muy frecuentes.

Sevilla era una ciudad muy medieval en el siglo XIX, y, cuando llegan los franceses, ven que estaba muy atrasada, el río era una fuente de infecciones,la higiene personal era casi nula, se arrojaban por las ventanas todo tipo de desperdicios y a los franceses no les llegan uniformes, hay plagas de piojos...Todo eso me servía para darle a la novela una mayor pátina de veracidad y realismo, que los lectores palpasen cómo se vivía entonces. Esto también me sirve para hablar de un aspecto positivo de los franceses. Cuando estuvieron en Sevilla se esforzaron para que se modernizase un poco, que se abriese más, que hubiera más plazas, calles abiertas y que entrase en Europa modernizada.

P.: Otro tema del que se habla en El enigma Murillo es el de la deshumanización del hombre por un conflicto bélico ¿Quería mostrar que cualquier persona podría, en una situación extrema, cometer las mayores atrocidades?  

A.G.-B.: Yo no he vivido una guerra, pero, por lo que vemos en los informativos, se demuestra que las guerras pueden sacar lo mejor y lo peor del ser humano, ya que el hombre, en esa situación, vive en condiciones extremas. La Guerra de la Independencia fue muy cruenta. Duró seis años e hizo que España no levantase cabeza hasta el siglo XX. Me interesaba plasmar cómo el lado más bondadoso o más perverso puede surgir en una persona en una situación de tal magnitud. Para ello introduzco en la novela al personaje de Alberto Cienfuegos, un hombre que hubiese sido otro individuo en otras circunstancias pero, a raíz del conflicto bélico, su vida cambia radicalmente, siendo casi una bestia humana, llegando a extremos que él ni se hubiese imaginado. Casos como el suyo hubo muchos y, por ejemplo, los grabados de Los Desastres de la Guerra de Francisco de Goya muestran las atrocidades que las personas sufrían, en ambos bandos. Leyendo crónicas de diversas guerras te das cuenta de que el hombre llegó a la locura en muchos casos, perdiendo lo más básico de su condición humana, convirtiéndose en una máquina de matar.

P.: La novela tiene también una potente historia gótica, donde, lógicamente abundan elementos sobrenaturales, un género que a usted le gusta especialmente.... 

A.G.-B.: Personalmente me ha encantado reflejar ese mundo de apariciones y hechos extraordinarios. Creo firmemente en que este tipo de hechos ocurren realmente aunque no he vivido ninguno directamente pero sí he hablado con gente que sí y he escuchado testimonios por la radio, donde se capta si la persona está contando la verdad o no. He intentado retratar ese mundo concretándolo en una joven que tiene un don que posee poca gente. Todo está enmarcado en la literatura de terror gótico más clásica. Le  he echado dramatismo pero he procurado ser muy fiel a ese fenómeno del que tantos casos hemos oído a través de los medios de comunicación.

P.: En los agradecimientos menciona a los autores que le han influido a lo largo de su vida. ¿Se puede afirmar que, por la relación que se establece entre la joven y los niños que cuida, una referencia clara es Otra vuelta de tuerca de Henry James? 

A.G.-B.: Obviamente sí. Es una novela que ha influido en muchos autores y retrata magistralmente el contraste entre la maldad, personificada en los fantasmas, y la candidez de los niños. El enigma Murillo bebe de ella y de otras novelas de terror gótico. La adaptación de la novela de James que protagonizó Deborah Kerr, Suspense, de Jack Clayton, así como otras películas como Los Otros o El sexto sentido me han impactado mucho y mi novela no deja de ser un homenaje a muchos autores y, por supuesto, a Henry James el cual, para mí, es un maestro, porque retrataba el alma humana y perfilaba los personajes de una manera asombrosa.
El gran escritor Henry James (1843-1916)
P.: Ahondando en la parte gótica de la novela un tema muy importante es el de los secretos, que no desvelaremos pero que están muy bien escondidos...

A.G.-B.: Sí, es una novela que guarda muchos secretos desde el mismo título, hasta una serie de secretos que se guardan celosamente en la novela y que explotan en un momento determinado. La novela se construye a partir de historias turbias que se desvelan en la recta final de la novela, manteniendo la tensión el mayor tiempo posible.

P.: Uno de los grandes protagonistas de la novela es un cuadro de Murillo...

A.G.-B.: Efectivamente. Es un cuadro que yo me he inventado que retrata a una Virgen con el Niño que yo lo convierto en una obra no catalogada por los franceses en la lista de cuadros que querían llevarse de Sevilla. Quise fabular con la idea de que un cuadro de Murillo estuviese en una casa custodiado por una familia sevillana y, a partir de ahí, se desarrollara una trama que implicase al mariscal Soult, que estaba como loco por conseguir ese cuadro. A él le gustaban muchos cuadros de la Escuela Sevillana y su obsesión por Murillo era clarísima. Él sabía que la guerra en España no iba a ser nada fácil y sabía que de lo que iba a sacar provecho era del patrimonio. Una de sus piezas predilectas era la Inmaculada de Los Venerables, que se conoció como la Inmaculada de Soult y, por un trueque que se hizo en 1941, regresó a España proveniente del Louvre, mientras que del Museo del Prado dos cuadros marcharon a París.Todo esto me dio pie a imaginar la razón del apasionamiento de Soult por Murillo y planteo una hipótesis.
Murillo, el magnífico pintor (1617-1682)
P.: El hecho de que el cuadro de Murillo que aparece en esta novela no sea real evita que el lector se ponga a investigar y buscar enigmas donde, a lo mejor, no los hay, como sí podía ocurrir con El código Da Vinci, de Dan Brown, ya que se servía de cuadros reales y muy famosos...

A.G.-B.: Para mí, el cuadro de Murillo, es como el famoso McGuffin de las películas de Alfred Hitchcock porque crea un poco de desasosiego, varios personajes van en su búsqueda y me gusta pensar que, estéticamente, era una obra de juventud cuando aún no había desarrollado sus grandes virtudes y era distinto a la estética posterior. He querido reivindicar la obra del gran pintor que fue Murillo. En la novela influye mucho en las personas que lo tienen.

P.: Los  capítulos de la novela, son, en líneas generales, cortos ¿Es una elección personal?

A.G.-B.: Yo combino la escritura con mi trabajo de periodista y otras obligaciones que tengo en mi vida diaria por lo que suelo escribir por la noche y tiendo a hacer capítulos breves para mantener la atención del lector con esa estructura e intento no irme por las ramas en lo que a descripciones se refiere, ya que hay novelas históricas donde hay muchas páginas describiendo. Me gusta más ir al grano y que los lectores, a partir de lo que no se cuenta, se pongan a imaginar lo que no cuento, por eso recurro a la elipsis. Prefiero sugerir y que la gente rellene huecos a describirlo absolutamente todo. Me gusta ser preciso y suelo dar a lo que narro un tinte poético. Intento ofrecer algo novedoso al lector.

P.: Para terminar me gusta hacer un mini test cultural. Como estoy con un escritor ¿cuál es la novela que le ha marcado o ha leído en más ocasiones?

A.G-B.: Matar a un ruiseñor de Harper Lee. La pongo de ejemplo porque considero, aparte de que la película que se hizo sea maravillosa, que debería ser de lectura obligatoria en la enseñanza secundaria de todo centro educativo porque tiene una serie de valores que a los adolescentes les vendría muy bien interiorizarlos, por esa violencia que estamos viviendo y de poco respeto hacia los demás. Aunque el protagonista no consiga su objetivo le deja a sus hijos un legado de humanidad, haciendo que quieran ser mejores personas.

P.: Pasando al cine ¿qué película le ha marcado?

A.G.-B.: Ciudadano Kane de Orson Welles. Es  una película adelantada a su tiempo, transgresora,le costó mucho hacerla. Es una película ejemplo de ópera prima brillante, deudora del expresionismo alemán, sin fisura alguna. Tiene frases maravillosas, habla de la condición humana de una manera novedosa y está realizada formalmente que tiene momentos de muchos géneros. Me gusta cómo se reconstruye al personaje protagonista a través de la visión de distintas personas.

P.: Terminamos con pintura ¿qué cuadro le ha impactado?

A.G.-B.: La Virgen de las Rocas de Leonardo Da Vinci que está justo al lado de La Gioconda. Cuando yo la vi en el Museo del Louvre me llamó la atención que los turistas japoneses no le echaran mucha cuenta a este cuadro, que es una maravilla.