viernes, 6 de octubre de 2017

"Madre!": Aronofsky arriesga (mucho) y gana

Hay directores que se salen de los caminos trillados para emprender uno que sólo ellos pueden recorrer, por hacer un cine distinto, saltándose reglas y sorprendiendo al público. Eso hace Darren Aronofsky. En este caso, yo, como espectador, no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar al ir a ver Madre!. Siendo un total admirador de una de las joyas de su filmografía, Cisne Negro (2010), filme por el que Natalie Portman ganó un merecidísimo Oscar, he de reconocer que el guión de Madre!, firmado en solitario por el propio Aronofsky, supone un salto cualitativo en su carrera por su contenido y estructura.

Aronofsky no oculta las claras influencias que mezcla en Madre! y da a muchas situaciones ya vistas en muchas ocasiones una vuelta y le imprime su estilo propio: Desde el mejor cine de terror, con referencias  claras a La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) hasta las películas de casas encantadas son claras referencias para el director de Requiem por un sueño (2000) pero lo que muestra son variaciones de los temas de esos filmes introduciendo otros temas como el fanatismo religioso, el temor a lo y a los desconocidos y una progresión dramática que desemboca literalmente en el caos, que contradiciendo al Meñique de Juego de Tronos, no una escalera. Es una caída al infierno, a la sinrazón, y al descontrol total.

Con respecto a los actores, he de reconocer que esta película me ha hecho disfrutar por fin de Jennifer Lawrence porque El lado bueno de las cosas (David O. Russell, 2012) me puso demasiado nervioso y en Passengers (Morten Tyldum, 2016) estaba correcta, en mi opinión. En cambio en Madre! está genialmente dirigida aguantando el peso de la película de una forma asombrosa. Sus angustias, su terror, su inquietud. Todo lo transmite al espectador de una manera limpia y sin excesos interpretativos porque, hasta en los momentos más delirantes de la película no se percibe sobreactuación sino unas reacciones consecuentes con lo que su personaje está viviendo.

El contrapunto al personaje de Lawrence lo da Javier Bardem de la manera exacta. Su personaje es el detonante de los elementos perturbadores de la historia, por sus reacciones en pos de la inspiración y cuando ya todo se descontrola es el que nos hace percatarnos de que Madre! tiene un guión circular muy bien hilvanado aunque lo que haya habido en medio haya sido desmadrado y caótico.

Es una alegría volver a ver a la gran Michelle Pfeiffer, que forma una peculiar pareja con el también siempre resolutivo Ed Harris. Pfeiffer es uno de los elementos inquietantes de Madre!, no sólo por sus acciones sino también por sus miradas, que cautivaron al mundo entero en filmes como Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1988) o La edad de la inocencia (Martin Scorsese, 1993). Ella y Harris forman un binomio muy peculiar que se convierte en cuarteto al entrar en acción los hermanos (también en la vida real) interpretados por Brian y Domhnall Gleeson (hijos del gran actor Brendan Gleeson).

La pericia de Aronosfky a la hora de crear atmósferas desasosegantes (a lo que contribuye la fotografía de Matthew Libatique) se ve en que todo estalla pero ha ido poco a poco, yendo de la paz y la tranquilidad de un matrimonio sin hijos en aparente armonía al descontrol absoluto que supone un bofetón al espectador que no da crédito a lo que ve en el clímax de la película con una pátina religiosa evidente. Pero, una vez que se llega al final Aronofsky pone las cartas sobre la mesa y nos muestra la naturaleza fuera de lo común de lo que nos ha querido contar. Como digo en el título de la crítica, ha apostado fuerte a una arriesgada carta pero ha ganado.  

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