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lunes, 17 de diciembre de 2018

"Hermanas (Bárbara e Irene)": Dos actrices colosales frente a frente

Un servidor, al que le interesan bastante la mayoría de las manifestaciones artísticas, no deja de constatar y reafirmar la magia  que tiene el teatro. Ver en directo una obra bien montada con grandes interpretaciones es oro para los sentidos. Si encima lo que se presencia es un descarnado enfrentamiento entre dos personajes con dos actrices maravillosas pues la experiencia es el doble de satisfactoria.

Lo mencionado en el párrafo anterior fue lo que un servidor vivió ayer, 16 de diciembre en el Teatro Central de Sevilla viendo la obra Hermanas (Bárbara e Irene). Escrita y dirigida por el dramaturgo francés Pascal Rambert, en paralelo a la versión en su lengua materna, esta obra supone un encuentro entre dos hermanas que es todo menos cordial. Lo bueno es que la celeridad de los diálogos está medida para que el público pueda entender qué ocurre entre ambos personajes sin perderse. 

Es una obra donde los reproches, con rencores acumulados y guardados durante mucho tiempo por hechos del pasado y por maneras de ser muy diferentes, se dicen abiertamente, sin contemplaciones. Aunque, a medida que se va desarrollando la conversación, se dejan entrever cosas que se pueden intuir y, sobre todo, el texto de Rambert expone las versiones de ambos personajes sobre determinados hechos confirmando que, en muchas ocasiones, las personas reaccionan de una forma por el desconocimiento de las razones por las que otros actúan de determinada manera. Además no cae nunca en la verborrea sino que lo que se dice, aunque sea duro, no es retótico ni redundante.

Todo lo dicho se logra teniendo a dos actrices a la altura y Bárbara Lennie e Irene Escolar demuestran un vez más, con esta obra, ser dos actrices magníficas. 
Bárbara Lennie e Irene Escolar, protagonistas del potente montaje de Rambert                                    Gorka Postigo

A un servidor le gusta siempre establecer conexiones de distinto tipo y resulta que Hermanas es la segunda colaboración entre Rambert y Bárbara Lennie tras la también brutal La clausura del amor, otro intenso tour de force, esta vez con Israel Elejalde

Un servidor la había visto, además, anteriormente en teatro, en dos montajes dirigidos por Miguel del Arco, Veraneantes y Misántropo, aparte de que tiene una carrera cinematográfica imparable con interpretaciones fantásticas como ha demostrado este año en Todos lo saben de Asghar Farhadi y El Reino de Rodrigo Sorogoyen, por hablar de las que un servidor ha visto, ya que este año también ha estrenado Petra de Jaime Rosales, por la que fue nominada a los Premios del Cine Europeo, y La enfermedad del domingo de Ramón Salazar.

En la obra de Rambert es la hermana mayor que prepara una conferencia y a la que coge de sorpresa la llegada de su hermana pequeña que irrumpe de repente. Lennie da la réplica de manera ejemplar a Irene Escolar, igual de espléndida que su compañera de escena. 

Escolar demuestra su versatilidad, puesto que en el último año ha estrenado montajes muy diferentes como Blackbird o Un enemigo del pueblo, con la que estuvo hace poco en la capital hispalense. Pero un servidor no olvidará nunca las dos ocasiones previas a la actual en las que la vio sobre las tablas: La primera la conecta con Lennie porque también estaba dirigida por Miguel del Arco: De Ratones y Hombres, versión teatral de la célebre novela de John Steinbeck, y El Público de Federico García Lorca con dirección de Alex Rigola.

Siguiendo con los paralelismos ambas actrices trabajaron en distintas temporadas de la misma serie, Isabel y, casualmente con el mismo nombre ya que Lennie interpretaba a Juana de Avis y Escolar a Juana de Castilla.

Volviendo a Hermanas (Bárbara e Irene) el derroche de energía física y vocal de ambas es descomunal con unas caras cuando son oyentes de lo que dice la otra en distintos momentos que también dicen mucho. Es una obra vertiginosa que, además, visualmente llama la atención porque el escenario es blanco y en él se van colocando sillas de distintos colores lo cual habla del contraste a varios niveles: estéticamente y de los caracteres contrapuestos de ambas.

Tiene también un momento musical sorprendente y marchoso gracias al maravilloso tema Wonderful Life de Black en versión "discoteca", (un servidor no encuentra otra forma de calificarlo mejor), que no está escogido porque sí. Tiene un significado además de lo que ambas actrices hacen mientras suena. Lo cierto es que Hermanas (Bárbara e Irene) es un montaje sin apenas respiro porque, aunque no se hable, los silencios son tensos y demuestra el potencial de dos actrices que son un tesoro para nuestra cultura en general y teatral en particular. 

Estarán en el Teatro Pavón Kamikaze de Madrid en enero, y un servidor confirma que no hay que perdérselas.

martes, 2 de octubre de 2018

"El Reino": Nadie se libra

Desde hace muchos años desayunamos, almorzamos, merendamos y cenamos enterándonos de casos de corrupción y fraudes de diverso pelaje. No es que uno ya esté acostumbrado, ni mucho menos. Por ello asombra la valentía con la que el director Rodrigo Sorogoyen ha mostrado el lado oscuro de la política en El Reino, su cuarto largometraje tras las cámaras. 

Con esta película un servidor considera que el cineasta no ha subido un peldaño, sino hasta cuatro, con respecto a sus anteriores filmes, los muy bien recibidos 8 citas (2008),  Stockholm (2013) y Que Dios nos perdone (2015). Sorogoyen (quien también cuenta con un importante bagaje como director de series televisivas y cortometrajes) vuelve a contar con la ayuda de Isabel Peña para escribir una historia que no por sonarnos algunas cosas deja de sorprender.

El Reino está rodada con energía, nervio, no hay apenas respiro y el ritmo es trepidante, pisando el acelerador en momentos puntuales, todo ello con una nitidez técnica brillante gracias a la portentosa fotografía de Alejandro de Pablo, habitual colaborador de Sorogoyen. También destaca el aspecto pulcro de los actores en vestimenta y en caras totalmente afeitadas (en el caso de los hombre, obviamente). Un aspecto impoluto que contrasta con la turbiedad de lo que todos ocultan.

Un aspecto positivo que acentúa la valentía de Sorogoyen al dirigir El Reino es que elige como protagonista a un antihéroe encarnado maravillosamente por Antonio de la Torre, fabuloso en todas las escenas y un servidor considera que el Goya al Mejor Actor tendría que ser para él. Ya tiene uno por Azuloscurocasinegro (Daniel Sánchez Arévalo, 2006) pero lo que hace en El Reino es para quitarse el sombrero. Interpreta a un personaje que, al ver que le salpica de lleno un caso de corrupción de su partido, que gobierna una Comunidad Autónoma, decide arrastrar a los demás compañeros porque se siente traicionado y vendido. Pero, y esto es lo valioso, no se muestra a un falso culpable, sino a alguien que prefiere, como suele decirse, morir matando. Por ello comienza una carrera contrarreloj que da lugar a escenas vibrantes y con un logrado tono de tensión y acción, como la escena que se desarrolla en la casa de un implicado, donde la hija está celebrando una fiesta, por poner un ejemplo. 

De la Torre confirma una vez más su versatilidad como actor en una brillante carrera con títulos como Gordos (Daniel Sánchez Arévalo, 2009), Grupo 7 (2012) y La isla mínima (2014), ambas de Alberto Rodríguez, o Caníbal (Manuel Martín Cuenca, 2013) sin olvidar su personaje en la sobrecogedora miniserie Padre coraje (Benito Zambrano, 2002) y al que un servidor vio en la arriesgada obra de teatro Grooming dirigido por José Luis Gómez. Es un actor con un don especial y El Reino es todo un recital interpretativo por su parte.

Pero es que, además, el filme cuenta con un reparto de campeonato que está en estado de gracia ya sea en personajes más o menos protagonistas: José María Pou, Nacho Fresneda, Luis Zahera, Mónica López, David Lorente, Sonia Almarcha, María de Nati, Jorge Suquet, Belén Ponce de León, Mona Martínez, Andrés Lima, Pepe Ocio y Francisco Reyes están de diez en sus personajes mostrando, dependiendo del caso, su cara amable y la menos cuando la situación se complica y la "basura" va saliendo a la luz o se produce una situación incómoda o violenta. Un servidor no se olvida de la gran Ana Wagener que tiene con De la Torre una escena que ejemplifica perfectamente cómo se mueven en las altas esferas para que los escándalos se aminoren o se resuelvan, y donde ella está sencillamente maravillosa.

La película que, trata temas como la traición y la desconfianza, no obvia tampoco el papel de los medios de comunicación y aquí es cuando se luce la magnífica Bárbara Lennie (quien, con esta película está doblemente presente en la cartelera al estar también en Todos lo saben de Asghar Farhadi) es una ejemplar escena final en la que se pone en tela de juicio las consecuencias y las responsabilidades propias en un caso en el que uno mismo está implicado (además de hacer ver cómo funciona un programa de actualidad con jugoso material entre manos).

El Reino es una película de rabiosa actualidad filmada con contundencia y sabiendo perfectamente lo que se está contando sin importar que se pisen charcos cenagosos por lo que Sorogoyen ha logrado que el espectador se meta de lleno en un tema peliagudo pero tratado sin cortapisas genialmente narrado e interpretado.   
     

domingo, 16 de septiembre de 2018

"Todos lo saben": Drama sin estridencias

El cine no entiende de fronteras culturales ni de idiomas para contar una historia. El prestigioso director y guionista iraní Asghar Farhadi, que está convirtiéndose en pocos años en un referente por la calidad de su filmografía, reconocida con premios como los dos Oscar a la Mejor Película Extranjera por Nader y Simin. Una separación (2011) y El viajante (2016), lo demuestra con su nueva película, Todos lo saben, rodada en España y en español. Farhadi repite así la experiencia de rodar fuera de su país y en otro idioma, como ya hizo en El pasado (2013), rodada en Francia, en francés y por la que Bérénice Bejo ganó el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes

Ahora, con Todos lo saben, escribe y dirige un drama ambientado en un pueblo español donde la celebración de una boda se ve ensombrecida por la desaparición de una niña. El director de la también aclamada A propósito de Elly (2009) apuesta por contar las cosas tomándose su tiempo, con una descripción del ambiente y las relaciones familiares y de amistad entre los personajes con el fin de situar en todos los aspectos al espectador antes de que ocurra el acontecimiento principal de la trama. Para lo primero se sirve de una espléndida fotografía de José Luis Alcaine (gran maestro de la luz en activo desde los años sesenta y ganador  de cinco Goyas), que hace un trabajo impecable en todas la película, destacando, por ejemplo, las escenas en un campanario o las nocturnas sin luz eléctrica.

Todos lo saben es una película especial porque historias sobre personas desaparecidas se han contado en el cine desde hace mucho tiempo, pero aquí Farhadi utiliza ese hecho, sin perderlo en ningún momento de vista, para hablar de otros temas, como los rencores del pasado o las consecuencias, para algunos personajes, de saber algo que desconocían hasta ese momento.  Por lo tanto no estamos, según el parecer de un servidor, ante un McGuffin al uso. A un servidor le ha recordado esta fórmula narrativa a la película francesa Las granjas ardientes (Jean Chapot, 1973) con Alain Delon y Simone Signoret, en la que la investigación de una muerte hace que se desvele una relación oculta en el seno de una familia sobre la que recaen las sospechas, con la diferencia de que aquí el McGuffin era absoluto.

Farhadi sabe bien cómo quiere contar la historia, sin repetir algunos trillados lugares comunes de películas de secuestros. Lo que le interesa es, aparte de mantener la intriga sobre la identidad del responsable, analizar las acciones y reacciones de los personajes. Por eso compone escenas de grupo (entre los miembros de la familia y el personaje de Bardem) en las que fácilmente todo podría explotar como hacía Mike Leigh en Secretos y mentiras (1996), por ejemplo. El director iraní opta por mantener una calma tensa, donde se sueltan algunos reproches pero sin hacer escenas exageradas (hay una en un bar que no llega a ser excesiva) ni, como se dice popularmente, sacar los pies del tiesto, de ahí que la dirección de actores sea otro de los aciertos del filme.

Penélope Cruz interpreta de manera ejemplar a la madre de la niña desaparecida. Es la que tiene las reacciones más desgarradoras, pero todas medidas dentro de lo que su personaje está viviendo. Menuda manera de mostrar, por ejemplo, un ataque de ansiedad, además de la desesperación  y la impotencia  por no saber qué hacer y pensando qué le habrá pasado a su hija o cómo estará. La inolvidable protagonista de La niña de tus ojos (Fernando Trueba, 1998) o Volver (Pedro Almodóvar, 2006) y ganadora del Oscar por Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008) hace una composición muy creíble de cómo se sentiría una madre en la situación en la que se encuentra su personaje.

Por otro lado Javier Bardem demuestra su carácter camaleónico con un personaje que es para llevárselo a casa, mostrando una bondad y un cariño que hace que se empatice con él desde el momento en el que aparece y se desmarca totalmente de los papeles oscuros o de villano que ha hecho últimamente en, por ejemplo, Skyfall (Sam Mendes, 2012),   Piratas del Caribe. La venganza de Salazar (Joaquin Ronning y Espen Sandberg, 2017) o, yendo un poco más atrás, No es país para viejos (Hermanos Coen, 2007) por la que ganó el Oscar. Su personaje en Todos lo saben se involucra en la búsqueda de la niña de una manera que asombra a la propia familia de la desaparecida y su evolución es asombrosa, sobre todo al saber el dato que  un servidor no ha desvelado pero que ha mencionado como uno de los puntos clave del guión. Desde ese momento el peso de la responsabilidad recae sobre sus hombros y su estado de desesperación e incertidumbre se ejemplifica en el clímax final.

Por su parte, Bárbara Lennie, está maravillosa como la mujer del personaje de Bardem, con una naturalidad que a un servidor no le extraña al haberla visto en tres montajes teatrales brutales: Veraneantes sobre la obra de Gorki y Misántropo, sobre el clásico de Molière, ambas dirigidas por Miguel del Arco, y La clausura del amor, escrita y dirigida por Pascal Rambert. El comportamiento de su personaje también tiene un arco asombroso y sus reacciones son comprensibles ante los acontecimientos, la contemplación del comportamiento de su marido y lo que sale a la luz.

La película cuenta con actuaciones muy notables de los siempre geniales Eduard Fernandez, Ramón Barea o Elvira Mínguez, la cual asombra con lo que transmite con la mirada y con el comportamiento de su personaje. En el reparto, donde jóvenes como Sara Sálamo o Jaime Lorente (La casa de papel) tienen su momento para lucirse, se nota una descompensación, en la modesta opinión de un servidor, con el personaje al que da vida Ricardo Darín, que tiene su peso y buenas escenas pero se tiene la sensación de que se le podía haber sacado mucho más provecho, así como también ocurre con los personajes de Inma Cuesta (quien, por cierto, canta la canción de los créditos finales) y Roger Casamajor, cuya boda es el arranque de la película y el motivo de reunión de los personajes. Ambos están correctísimos pero se echa de menos que intervengan más.    

Como curiosidad fue un asombro para un servidor ver a Mario Martín repitiendo el papel de cura que hace en El secreto Puente Viejo, donde además oficia muchas bodas y a Inma Sancho, que interpretó a un malvado personaje en la misma serie donde por cierto, Lorente también estuvo un tiempo 

Todos lo saben es un drama algo atípico, donde algunos acontecimientos se desarrollan de manera imprevisible y que tiene un final que tampoco es convencional pero que incide en la importancia de los silencios y dejó a un servidor pensando cómo será la vida de los personajes desde que la pantalla funde, no en negro, sino en blanco en este caso. Farhadi demuestra en esta película, hablando en general, con las salvedades mencionadas, cómo controla el tempo narrativo y dirige a los actores, haciendo que se vea a las claras la enorme calidad interpretativa que tienen, con Bardem y Cruz dejando una impresión gratísima, constatando su comprensible prestigio internacional como actores.