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domingo, 21 de febrero de 2016

Manuel Menárguez:"El público sale tocado de 'El cerco de Numancia' porque es una función que llega al alma"

Manuel Menárguez vive un momento dulce en su carrera como actor. En la última edición del Festival de Mérida junto a sus compañeros, dio la campanada con El cerco de Numancia de Miguel de Cervantes un montaje de Verbo Producciones dirigido por Paco Carrilo con un apabullante éxito de crítica y público y que se encuentra de gira por España. A este montaje hay que sumar su participación en otros tres: El sueño de la razón de Buero Vallejo, Equus de Peter Shaffer y Abre el ojo de Rojas Zorrilla.

Menárguez atendió a El Rinconcillo de Reche para hablar de El cerco de Numancia, su personaje, Marandro, y las alegrías que se está llevando en una carrera que va a más con naturalidad y simpatía. Pasen y lean.

Manuel Menárguez en Mérida
Pregunta: ¿Cómo está viviendo todo lo que le está dando El cerco de Numancia desde el estreno en el Festival de Mérida?

Manuel Menárguez: Pues está siendo todo muy positivo desde que se gestó el montaje con Paco Carrillo dirigiendo y Florián Recio escribiendo la dramaturgia. Ambos han hecho un trabajo asombroso y Florián acercó el texto al siglo XXI, a los problemas actuales, con un texto que habla de la opresión y de las personas que tienen el poder y de las que no lo tienen. Yo debo agradecer el que me diesen un personaje maravilloso al que le pasa de todo y me permite pasar por muchos estadios emocionales. De momento es el papel de mi vida y rodeado de ocho compañeros maravillosos con los que estuve ensayando dos meses, y, siendo, el único actor que no era extremeño, me acogieron estupendamente y, cuando salimos de gira nos lo pasamos genial. Por otra parte, el público, sale tocado y emocionado porque es una función que te llega al alma.

P.: ¿Cómo llega a El cerco de Numancia?

M.M.: Yo tengo desde hace tiempo amistad con Fernando Ramos porque nos conocimos hace más de diez años una obra de teatro, El último templario de Jerez, en el Festival de Jerez de los Caballeros. Yo le comenté el año pasado a Fernando que me gustaría trabajar en Mérida, algo que nunca había hecho, y en marzo me llamó porque les faltaba un actor para cerrar el reparto de El cerco de Numancia. Fui a hacer la prueba y me confirmaron que estaba en la obra. Recuerdo que cuando hice la prueba, al pasarme el texto, busqué a Marandro, mi personaje, que en la obra de Cervantes es un personaje secundario y me llevé la sorpresa cuando me dijeron que iba a ser uno de los protagonistas, y me temblaron las piernas y el día del estreno en Mérida no he estado más nervioso en mi vida sobre un escenario. El público en el estreno nos hizo una ovación cerrada cuando hicimos la primera intervención del Coro y nos transmitió su energía.

P.: La producción es muy potente, visual, interpretativamente...supongo que esa potencia estaría desde el comienzo de los ensayos ¿no?

M.M.: Yo recuerdo que ya cuando hice la prueba Ana García iba a ser Lira, y me ayudó a hacerla. Pues ya me decían que tenía que estar más arriba teniendo en cuenta que iba a estrenarse en Mérida y se iba a hablar de cosas muy grandes por lo que todo debía estar a flor de piel. Esto ya antes de ensayar. Porque se empieza con mucha energía: el Coro, la escena de los dos legionarios...

P.: En el montaje se enfatiza mucho el hecho de que no se olvide la historia que pasó en Numancia, unos hechos acaecidos hace muchos siglos, ya incluso desde la época de Cervantes...

M.M.: Así es. Los coros ayudaban mucho a transmitir eso, pero además el teatro habla de temas atemporales y universales. El poder y el oprimido existirá siempre, por desgracia.

P.: Se notaba una gran unión entre todos desde el escenario, algo esencial para llevar a buen puerto una obra de estas características...

M.M.: En esta y en cualquiera. Cuando hay feeling en el escenario se nota y la energía positiva llega hasta el público de una manera muy directa, cuando se da todo se nota mucho.

P.: Esta obra tiene muchas escenas dramáticas por los hechos que se narran en ella, pero produce en el espectador un deseo inconsciente de que no acaben mal los personajes...

M.M.: Claro, es que eso ocurre porque empatizamos con ellos. Paso tanto con las obras de teatro como con las películas. Se empatiza porque se vive la obra como si se fuese el personaje propiamente dicho.

P.: ¿Esa sensación también la tienen los actores?

M.M.: Saber todo lo que le ocurre al personaje que vas a interpretar es una ventaja pero, por ejemplo, en este montaje yo tengo que interpretar a Marandro con una primera escena en la que le doy una noticia a mi mujer y me entero de que voy a tener un hijo sabiendo lo que ocurrirá al final de la obra, pero esa primera escena yo la tengo que interpretar con una gran sonrisa y transmitiendo mucho amor hacia mi mujer, aunque sé que los romanos están ya ahí.

Con Ana García en una escena de El cerco de Numancia. Jero Morales
P.: Tengo una curiosidad como amante del teatro y desde la ignorancia por no ser actor ¿Se trabaja de igual manera una obra que acaba mal en relación a otra que acaba bien o un personaje tenga un final feliz o trágico dentro de una obra?

M.M.: Yo creo que, con respecto a eso se trabaja igual, lo que sí puede ser diferente es la manera de trabajar los distintos géneros. No es lo mismo una comedia del Siglo de Oro que una tragedia griega o una historia como la de Numancia. Pero, centrándonos en los personajes, yo creo que hubiese trabajado igual si hubiese interpretado a Escipión por ejemplo en lugar de a Marandro, porque es un personaje, que aunque no tenga el final trágico de Marandro, no obtiene lo que deseaba

P.: Quisiera incidir en la potencia visual del montaje, con muchos elementos escenográficos simbólicos, como las cintas rojas, por ejemplo...

M.M.: Precisamente, ese elemento no estaba incorporado desde el principio del proceso de preparación del montaje y, a las tres semanas Paco Carrillo sentía que le faltaba algo en las escenas de los numantinos. Eso cambió la forma de movernos y considero que fue un gran acierto por parte de Paco Carrillo, porque le da una simbología a todo: la opresión, que los romanos nos están chupando la sangre literalmente. Es un elemento que ha gustado mucho al público.

P.: La obra no sólo tuvo un reconocimiento del público sino también a nivel crítico al llevarse dos Premios Ceres ¿qué sintieron cuando supieron que se los habían concedido?

M.M.: Llevarnos el Premio del Público y el Premio de la Juventud fue una gran alegría para nosotros, ya que teníamos en mente que con El cerco de Numancia teníamos una responsabilidad porque con este montaje se cerraba el Festival de Mérida y queríamos estar a la altura. Además, humildemente, sabíamos que teníamos un buen producto entre manos. Siempre hay cierto escepticismo porque el público es soberano pero trabajamos mucho para prepararlo y recibir los premios fueron una gran alegría. Además,  para José Francisco era la primera obra profesional que hacía, debutando con ese pedazo de personaje.

P.: Hablando de otros aspectos de su carrera, está involucrado en otros montajes teatrales, uno de ellos es El sueño de la razón de Buero Vallejo, centrada en el mundo de Francisco de Goya ¿Qué significa para usted afrontar un texto de este autor?

M.M.: Esta obra trata los últimos días de Goya en España antes de marcharse a Burdeos y yo interpreto a Fernando VII, el antagonista de la historia o el malo de la función. Es una obra que se parece a El cerco de Numancia porque habla también del poder, de la opresión porque, siendo Goya el mejor pintor de su época, le obligan a exiliarse a Francia. Es una obra muy bien adaptada por Paco Maciá, que también la dirige, y el escenógrafo Angel Haro, quien también es pintor, ideó que, por un ciclorama, fueran apareciendo las Pinturas Negras de Goya, que están en movimiento, a medida que el pintor va hablando con los distintos personajes. Con esta obra estuvimos en el Festival Don Quijote de París y nos llevamos el premio.    

viernes, 4 de septiembre de 2015

Las cifras confirman la excelente gestión de Pentación al frente del Festival de Mérida

El éxito y el fracaso puede medirse de muchas maneras pero cuando se dan cifras oficiales no hay dudas en referencia a si el trabajo realizado ha cumplido las expectativas. 

Yendo al grano, los datos ofrecidos en relación al número de espectadores y el superávit económico del 61 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida avalan la excelente gestión de su director, Jesús Cimarro, a través de su productora Pentación, de ámbito privado. 

Como ya han avanzado varios medios de comunicación, en la recientemente finalizada edición del festival emeritense, 93.946 espectadores asistieron al Teatro Romano, 158.302 al conjunto de sus actividades y, en términos de recaudación, la cifra de este año ha sido de 1.924.686 euros lo que supone un superávit cercano a los 525.000 euros. Estos datos constatan que se han superado las cifras de la edición del año pasado, con 82.587 espectadores, pero no sólo eso, sino también las cifras desde que en el año 2012, Pentación gestiona el Festival  en el que 53.392 vieron la programación ofrecida en el Teatro Romano. 
La asamblea de las mujeres, más de 30.000 espectadores. Jero Morales
Si el año pasado una de las sensaciones fue El Eunuco, aun de gira, este año los más de treinta mil espectadores de La asamblea de las mujeres, con ocho llenos totales de sus diez representaciones, a los que hay que sumar el de César y Cleopatra en sus cuarto días de representación. Que estos tres espectáculos hayan sido coproducidos por Pentación es una coincidencia que sirve para demostrar el buen ojo de Cimarro, quien en una entrevista concedida a este blog semanas antes del comienzo de la edición de este año afirmaba, refiriéndose a su doble faceta de productor y director del Festival y al hecho de contar con dinero público que siempre piensa "en espectáculos que se puedan poner en un escenario con una viabilidad económica, porque, si no, es imposible trabajar. Esto hay que tenerlo en mente cuando se cuenta con dinero público, el cual hay que saber administrar bien, con transparencia y, sobre todo, que produzca una rentabilidad, no sólo económica, sino también cultural y social". En la misma entrevista reiteraba el trabajar con dinero público con la siguiente declaración: "Como yo trabajo con dinero público, no puedo permitirme el lujo de que lo que se haga sea un fiasco porque al final lo tienen que pagar los extremeños y voy a intentar que ellos no paguen más de lo que ya lo hacen".

La gestión del presupuesto ha dado sus frutos con una respuesta masiva del público que pone de manifiesto el trabajo que se ha llevado a cabo no sólo en los tres espectáculos coproducidos por Pentación sino también con otras productoras que han participado en esta edición, como las extremeñas Rodetacón, que ha triunfado con Hércules El musical o Verbo Producciones responsable del excelente y potente montaje El cerco de Numancia, por lo que la apuesta por productoras de la comunidad autónoma también demuestra que ha dado unos resultados excelentes.
Hércules. El Musical, otro gran éxito de esta edición. Jero Morales
Luego hay otro aspecto destacable de la gestión que se relaciona con la parte artística y pondré como ejemplo, en una edición donde han actuado Ana Belén, Aitana Sánchez-Gijón, José María Pou o Emilio Gutiérrez Caba, de nuevo La asamblea de las mujeres. En esa producción el papel protagonista, Praxágora lo interpretaba Lolita, junto con veteranos en el Festival como Pedro Mari Sánchez y otras sorpresas interpretativas como María Galiana, Pastora Vega o Sergio Pazos. No se puede medir el éxito de un montaje si está varios días en cartel porque un día llene. Si lo que se ve no gusta, el boca oreja sería negativo y, por lo tanto, el público no hubiese llenado el Teatro Romano tantos días. La apuesta por Lolita ha salido redonda porque, aparte de ser un personaje mediático, ha demostrado su gran calidad como actriz y ha confirmado una vez más la buena intuición de Cimarro quien lleva desde 1983 produciendo teatro y siempre busca profesionales que le aporten un resultado positivo.

La experiencia es un grado y más de treinta años produciendo teatro, con éxitos en el propio Festival de Mérida antes de dirigirlo como Miles Gloriosus, Yo, Claudio o Fedra es una prueba irrefutable de que Jesús Cimarro, al ponerse al frente del Festival sabía lo que hacía porque no desconocía el terreno físico y empresarial en el que se embarcaba.

viernes, 21 de agosto de 2015

"El cerco de Numancia": El sacrificio frente al sometimiento

A finales del siglo XVI Miguel de Cervantes escribió una tragedia en verso sobre la resistencia de los habitantes de Numancia durante el asedio por parte de los romanos en su avasallador avance para ampliar el Imperio. La compañía extremeña Verbo Producciones, tras la excelente acogida de Los Gemelos, se ha decantado por montar El cerco de Numancia, espectáculo que cierra el 61 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida donde ha recibido el Premio Ceres del Público y que podrá verse hasta el 23 de agosto. El resultado es, por definirlo con una palabra, espléndido. Paco Carrillo dirige de manera ejemplar una excelente versión prosificada del texto del autor de El Quijote. Además, acertadamente, se ha acentuado la atemporalidad de la obra conectándola con la más rabiosa actualidad haciendo ver claramente que se debe luchar para no dejarse pisotear por los que ostentan el poder.
Las simbólicas cintas rojas, uno de los grandes aciertos del montaje     Jero Morales
Centrándonos en el montaje, Carrillo ha puesto en escena los elementos necesarios para exponer la situación que vivió la población numantina y la drástica decisión que toman antes de ceder ante los romanos. Uno de los recursos más bellos y simbólicos es la de rodear a los habitantes de Numancia con cintas rojas para transmitir la idea de asedio que viven. Ello permite unos momentos de gran carga dramática como las escenas entre el matrimonio formado por Marandro y Lira (unos espléndidos Manuel Menárguez y Ana García) que simbolizan el colectivo de la población, pudiendo ser cualquier otro matrimonio que vivió el asedio), Menárguez también brilla en las escenas con David Gutiérrez, quien interpreta a su inseparable amigo León, y en la  impactante escena final con Escipión, interpretado con una pasmosa seguridad por Fernando Ramos, con una voz contundente acorde con la posición de autoridad que ocupa en el ejército romano.

Por su parte también hay que destacar la importancia de la mujer en el montaje. Se ha optado por cambiar de sexo al hechicero Marquino convirtiéndolo en una sacerdotisa con poderes sobrenaturales a la que da vida Paca Velardiez, que está portentosa en la escena de la invocación para conocer el futuro de Numancia, un momento que se beneficia de una iluminación, de Francisco Cordero, y unos sonidos que sobrecogen por su alta efectividad. Velardiez forma otra gran pareja con Pedro Montero que da vida a su marido Teógenes, una autoridad en la población que cede a la decisión colectiva de morir con entereza.

La labor de los actores es de una entrega absoluta, con José Francisco Ramos, Premio Ceres a la Juventud, dando vida a la perfección a un personaje donde confluyen la valentía y la inexperiencia, ya que es un soldado romano que, al comienzo de la función, aun no ha matado a nadie. Esto contrasta con Máximo (Jesús Manchón) y el veterano soldado (Juan Carlos Tirado) curtidos ya en la guerra y a los que ambos actores dotan de gran fuerza.
Juan Carlos Tirado y José Francisco Ramos, espléndidos    Jero Morales
También hay que destacar la labor de los miembros de la Asociación Cultural Emérita Augusta para dar vida al ejército romano. Su aparición y los sonidos de las espadas contra los escudos es otro momento logradísimo de esta producción con una gran potencia y con una calidad que será imposible que se olvide el nombre de Numancia y lo que allí ocurrió a pesar de los siglos transcurridos.