Mostrando entradas con la etiqueta Festival de Mérida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Festival de Mérida. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de septiembre de 2017

Sergio Ramos: "El proceso de creación de 'La Orestíada' fue un período de aprendizaje impresionante"

Sergio Ramos (Zaragoza, 1992) es un joven actor formado en la ESAD de Castilla y León que ha afrontado retos profesionales que curten como persona y como profesional: Este verano formó parte del coro de La Orestíada de Esquilo que, dirigida por José Carlos Plaza, inauguró la última edición del Festival de Mérida. Ramos tuvo de compañeros en el coro a Montse Peidro, Jorge Torres, Pepa Gracia, Carmelo Crespo, Emilio Gómez, Charo Zapardiel y Ana Goya para complementar la tragedia familiar que escenificaron Ana Wagener, Alberto Berzal, María Isasi, Juan Fernández, Amaia Salamanca, Ricardo Gómez, Roberto Álvarez y Felipe Gª Vélez. Con anterioridad había dado vida a Alan en Equus de Peter Shaffer bajo la dirección de Carlos Martínez-Abarca. Actualmente trabaja un texto de un autor alemán contemporáneo con la ilusión por bandera. El Rinconcillo de Reche habló con Sergio Ramos sobre estos montajes y otros aspectos de su carrera que no ha hecho más que despegar.
El actor zaragozano Sergio Ramos. Javier Naval

Pregunta: ¿Qué ha supuesto para usted, un joven de 24 años, actuar en el Teatro Romano de Mérida?


Sergio Ramos: Es difícil de explicar porque la sensación es muy grande. Yo, antes de La Orestiada, no había estado allí ni como espectador. El primer día entré por la puerta de actores y me crucé con José Carlos Plaza. Él me dijo: "Vas a entrar conmigo por la puerta principal, que es por la que yo entré hace más de cuarenta años". Y entré por la puerta principal del escenario con él y con Carlos Martínez-Abarca, ayudante de dirección del montaje, y mi director en Equus. Ese espacio tiene una energía especial que ya te coloca en otro lugar. Además, la primera vez que hicimos un pase general por la noche fue algo mágico, porque el espacio se transforma.

P.: Usted, en La Orestíada, forma parte de un coro que integran ocho personas y que acompañan a los ocho personajes principales de la tragedia de Esquilo. Tuve la sensación que era un coro concebido no a la manera tradicional, por el modo en el que se decían las frases, el ritmo ¿Cómo trabajaron con Plaza este aspecto concreto del montaje?

S.R.: Fue un trabajo muy fino, porque, trabajar un mismo texto ocho personas en un espacio como el de Mérida, tiene sus riesgos porque, si no se trata bien, una cosa puede ensuciar otras y el resultado final fue el que buscaba José Carlos. Hay que partir de la base de que la versión que hizo Luis García Montero es muy actual y, con el coro se pretende reflejar a un colectivo, dando a cada uno de los integrantes, una individualidad muy concreta. Aunque todos participábamos de un imaginario colectivo común, cada uno tenía sus propias circunstancias, deseos y objetivos. Por encima de esas ocho individualidades existía un mismo hilo de pensamiento.

P.: Durante la representación me percaté de que usted corría mucho por el escenario ¿hubo una preparación física para ese aspecto del personaje?

S.R.: Mérida es un espacio muy concreto y, aunque nosotros trabajamos en un espacio muy grande, no era Mérida. Los cinco primeros días allí nos sirvió para acostumbrarnos al espacio y hubo que reajustar un poco con respecto a la sala de ensayos donde estuvimos previamente.

P.: ¿Cómo trabajó José Carlos Plaza con usted? ¿Qué destacaría de él como director de escena?

S.R.: Cuando él me llamó para trabajar con él no me lo podía creer y estuve unos días pensando en lo que me había pasado. Se da la circunstancia de que José Carlos Plaza es maestro de Carlos Martínez-Abarca y él es mi maestro. Aparte de que la manera de trabajar de José Carlos no me era desconocida, había oído hablar mucho de él y poder estar con él lo tomé con muchas ganas porque era estar con el maestro de mi maestro. En el proceso de ensayos José Carlos no te suelta ni a la mínima. Se encarga de que tu trabajo esté en el lugar donde debe estar y lo va a intentar hasta el último momento. Fue un período de aprendizaje impresionante.
Ramos a la derecha de la imagen en un momento de La Orestiada. Jero Morales

P.: Siempre me gusta destacar a miembros del equipo técnico, que, además, son habituales en los espectáculos de Plaza ¿Qué me dice de Pedro Moreno y Juan Pedro Hernández?  

S.R.: Son impresionantes. José Carlos Plaza se rodea de los mejores y se nota que tienen una conexión a la hora de trabajar juntos y además aprendes por todos lados viéndoles realizar su trabajo. Era como un sueño, la verdad.

P.: ¿Qué recuerdos tiene de los cinco días que representaron la obra?

S.R.: Una de las cosas que más me llamó la atención fue que el coro aparece en el primer acto y en el tercero. Entre ambos han transcurrido ocho años y por lo tanto, esos personajes tenían ocho años más. Yo, en el primer acto, soy un niño, y en el tercero estoy más crecido y una de las cosas que más preguntaba la gente era la razón de que en el tercer acto llevase gafas.

P.: Yo pensé que, al haber pasado unos años, el personaje podía haberse convertido en un joven intelectual y que, sobre todo, ha pasado de niño a hombre...

S.R.: Claro, creo que eso es lo que José Carlos pretendía con mi personaje: que se notase un cambio notable en él.

P.: Para cambiar de tema me gustaría pasar ahora Equus, un clásico contemporáneo del teatro en el que daba vida a Alan, un personaje muy complejo que afronta con menos edad aún...

S.R.: Sí, cuando empecé a ensayar la obra tenía 22 años.

P.: Es una obra de una gran carga simbólica y que supuso un hito del teatro en España por el año en el que se estrenó ¿Qué supuso meterse en un personaje de tal envergadura?

S.R.: Para mí fue un antes y un después en mi carrera el hacer Equus, por muchos factores. El primero ser dirigido por Carlos Martínez-Abarca. En las críticas han hablado muy bien de mi trabajo pero hubiese sido imposible si Carlos no hubiera estado allí porque, además de mi maestro, es una persona diez a nivel profesional. Hace un trabajo con los actores inmejorable y en ese sentido se parece mucho a José Carlos Plaza: Va al detalle para que el trabajo en general y el tuyo en particular sea lo mejor posible. También hay que destacar que Equus estuvo programada durante un año. Eso hizo que llegase a una especie de comunión con mi personaje y me sigue tiempo después de haberla dejado de hacer.

P.: Cuando entrevisté a Carlos Martínez-Abarca me dio la sensación de que, a pesar de ser Alan un personaje complejo, tenía muy claro por dónde quería llevarlo y eso es básico para llevar un personaje así a buen puerto...

S.R.: Sí, Carlos tiene varias cosas que son necesarias para trabajar: Tiene un conocimiento no absoluto sino lo siguiente sobre la obra y él trabaja con el actor y de tu trabajo saca lo que considera necesario. Eso es precioso, ya que es más orgánico y más vívido que el actor comprenda por dónde se desarrolla el personaje a la vez que lo va haciendo.
Sergio Ramos interpretando a Alan en Equus. Juan Millás

P.: Equus se conoce por el desnudo físico y emocional del protagonista, se trata la sexualidad y la religión, que van de la mano ¿Cómo trabajó todos esos aspectos del personaje?

S.R.: Pues los ensayos comenzaron en noviembre y se alargaron hasta enero, sin embargo con anterioridad ya habíamos empezado en unos talleres a trabajar con los caballos y yo estaba allí aunque no interpretase a ninguno. Desde finales de agosto y septiembre yo hice un trabajo muy físico con Carlos para ir captando cosas del personaje e ir incorporándolas. Carlos dice algo que yo comparto totalmente: Hay ciertos personajes tan humanos que, al ir más allá del estudio, o les dedicas parte de ti, creando algo tan personal donde ni un dramaturgo ni un director pueden entrar, o es imposible abarcarlos porque son personajes enormes, como Hamlet por ejemplo. Pero todo el estudio técnico y de las circunstancias lo hice de la mano de Carlos. Estuve leyendo la Biblia porque era necesario para crear a Alan. El tema sexual había que ponerlo sobre la mesa y alternarlo con otras cosas que tienes que leer.

P.: La Orestíada no es su primer contacto con la tragedia griega ya que en sus inicios interpretó a Hipólito en Fedra's Downfall... 

S.R.: Sí. A partir del mito clásico de Fedra se hizo una dramaturgia contemporánea que no tiene  nada que ver a la que hizo Racine u otros autores. Fue un montaje que ya trabajamos antes de salir de la Escuela. Fue un proceso muy de laboratorio. Lo dirigió un compañero nuestro de dirección, Alejandro Renedo, cuyo texto lo empezamos a trabajar al comenzar el cuarto año de carrera. Tuvimos unos meses de trabajo experimental y lo estrenamos en Valladolid y luego la hicimos en Zaragoza. Fue un trabajo muy satisfactorio donde estaba María Heredia, compañera mía en Equus.

P.: En su formación llama la atención los días que pasó en Rusia... 

S.R.: Fueron entre diez y quince días. Era un proyecto de la ESAD de Castilla y León. En el segundo año, algunos alumnos podían ir a la Escuela de San Petersburgo y tuve la suerte de poder ir. Pude apreciar las diferencias entre Rusia y España en el terreno de la interpretación, que se apreciaba mucho en el plan de estudios.

Para terminar le propongo un minitest cultural:

a) Espectáculo teatral que se le ha quedado grabado en la memoria

S.R.: Pues sería Slava's SnowShow, un espectáculo de clown gestual muy conocido a nivel mundial, lo vi en primero o segundo de bachillerato.

b) Personaje que le gustaría interpretar a lo largo de su carrera

S.R.: Pues el primero que se me viene a la cabeza sería Calígula de Camus, porque me parece un reto como actor y es un personaje que, como Clitemnestra u Orestes, hay que enfrentarlo de cara. Calígula es un personaje oscuro y entrar en ciertos lugares propios es incómodo a nivel personal pero eso me gusta.

c) Película que no olvidó

S.R.: La Milla Verde (Frank Darabont, 1999). Me dejó K.O.

d) Libro que le marcó

S.R.: La saga Harry Potter, porque me enganchó a la lectura y me hizo conocer el mundo haciendo volar tu imaginación.

e) Su serie favorita

S.R.: Serían tres: Breaking Bad, Juego de Tronos y House of Cards.

domingo, 9 de julio de 2017

"La Orestíada": El trágico regreso al hogar

La tragedia griega tiene una de sus cumbres creativas en La Orestíada de Esquilo. La vuelta de Agamenón de la Guerra de Troya desencadena una serie de sangrientos acontecimientos en el seno de su familia. José Carlos Plaza ha dirigido una nueva versión de este texto para inaugurar la presente edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida (un texto que ya puso en pie en el mismo escenario en 1990) y la verdad es que el resultado ha sido redondo. 

Plaza es indiscutiblemente un maestro en la dirección de escena y las tragedias griegas, particularmente, las realiza con una enorme solidez y potencia en todos los aspectos dada la envergadura de las historias que se narran. Sin irnos muy atrás en el tiempo, en el año 2007 dirigió Fedra, con una sublime Ana Belén, acompañada en el escenario por Fran Perea que dejó a un servidor asombrado. Precisamente repitió con ambos actores en Electra (2012), la primera de las cuatro tragedias con que ha deleitado a los espectadores en estos últimos cinco años en los que Jesús Cimarro lleva dirigiendo el Festival. Luego vendrían Hécuba (2013) y Medea (2015).
Un ejemplo de la grandiosidad de este montaje de La Orestíada. Jero Morales

Si con anterioridad Juan Mayorga y Vicente Molina Foix fueron los encargados de realizar las versiones de los montajes mencionados, ahora es Luis García Montero el que condensa las siete horas que duraría la trilogía íntegra a dos horas que se pasan volando con un texto duro y hermoso a la vez que pone el acento en la tragedia familiar, la sed de venganza y la justicia, además de poner de manifiesto la influencia de los clásicos griegos en las obras de William Shakespeare con pasajes que recuerdan a Hamlet o Tito Andrónico.

Plaza se ha rodeado de profesionales indiscutibles y habituales de sus puestas en escena: Pedro Moreno en el vestuario, con una gama de colores que él imprime a la vestimenta como pocos, Francisco Leal se encarga de la escenografía, Toño Camacho de la poderosa iluminación, Mariano Díaz de la música, potenciada en momentos clave y Juan Pedro Hernández del maquillaje y la peluquería con logros como los ojos de Amaia Salamanca rodeados de un intenso violeta para remarcar el alto grado de sufrimiento del personaje. En el apartado técnico se da otra curiosa circunstancia: el director adjunto de este montaje es Carlos Martínez-Abarca quien interpretó a Calígula en el recordado montaje de Yo, Claudio que Plaza dirigió en el 2004 para la 50ª edición del Festival y encabezaba Héctor Alterio.

Con respecto a las interpretaciones el conjunto es, en una palabra, sensacional porque todos los actores tienen su momento de protagonismo a lo largo de la historia que cuenta la trilogía. Ana Wagener (quien había interpretado a la reina Gertrudis en la versión de Hamlet de Miguel del Arco) afronta el personaje Clitemnestra, la esposa infiel y asesina de Agamenón, con una solidez y magnificencia que no decae en ningún momento. Ricardo Gómez debuta en Mérida tras experiencias en las tablas como El señor Ibrahim y las flores del Corán o La Cocina de Wesker a las órdenes de Sergio Peris-Mencheta interpretando a Orestes con una intensidad que remarca su deseo de impartir justicia asesinando a los responsables de la muerte de su padre, así como el tormento que sigue a la consumación de dicho propósito. Orestes es instigado a matar a su propia madre y al amante de ésta a instancias de su hermana Electra (el encuentro entre ambos tras la vuelta de él es muy emotivo) una sobrecogedora Amaia Salamanca (quien con anterioridad había protagonizado, dirigida por Magüi Mira, La marquesa de O de Heinrich Von Kleist) cuyo movimiento corporal raya en la desesperación y la locura, estados emocionales que la actriz transmite a la perfección.
Amaia Salamanca (Electra) con María Isasi (Esclava)  Jero Morales

Siguiendo con el reparto Alberto Berzal (presente en los mencionados montajes de Electra, Hécuba y Medea) se mete en la piel de Egisto con la seguridad que le es habitual y he de reconocer que el momento de su muerte es impactante. Felipe García Vélez (presente en el gran montaje de Cuando deje de llover que dirigió Julián Fuentes Reta) está grandioso como Agamenón y María Isasi vuelve a cautivar con su doble papel de la atormentada Casandra, (otro personaje de trágico destino como la gran Políxena que encarnó en Hécuba), magnífica verbalizando sus visiones y trágicas predicciones, y de la esclava que colabora en la ejecución de la venganza de Orestes y Electra.

Roberto Álvarez, al que vi en Casa de muñecas y El discurso del Rey, se encarga de dar vida al magistrado portavoz del poder judicial que decidirá el destino de Orestes. Sus parlamentos al pueblo que pide justicia son dichos con autoridad y gran fuerza. Y Juan Fernández, que repite con Plaza tras Electra) da vida al anciano que junto al pueblo, recibe a Agamenón y se revuelve contra la actitud de Clitemnestra y Egisto, con el que tiene una tensa e intensa escena.
Ana Wagener (Clitemnestra) y Ricardo Gómez (Orestes). Jero Morales

El montaje se redondea con la intervención de un coro con un gran protagonismo y que representa al pueblo. En él se encuentran Jorge Torres, de gran presencia en el escenario y con un timbre de voz grave que proyecta maravillosamente. A Torres, habitual ayudante de dirección de Plaza, lo descubrí como actor en el montaje de La noche de las tríbadas, también dirigido por Plaza, y les aseguro que es un actor asombroso del que estoy deseando verle en más obras teatrales. En el coro también están sus compañeras en la obra mencionada, Montse Peidro y Pepa Gracia, muy sólidas en sus intervenciones individuales y colectivas, al igual que Charo Zapardiel, Emilio Gómez, Ana Goya, Carmelo Crespo y Sergio Ramos que componen una representación heterogénenea (abarcando diferentes edades y situaciones personales) y compacta del pueblo.

Para concluir tengo que decir que con esta coproducción entre el Festival de Mérida y Pentación Espectáculos se vivió anoche una jornada mágica con un público entusiasta ante la maravilla que vio sobre el milenario escenario.        

domingo, 21 de febrero de 2016

Manuel Menárguez:"El público sale tocado de 'El cerco de Numancia' porque es una función que llega al alma"

Manuel Menárguez vive un momento dulce en su carrera como actor. En la última edición del Festival de Mérida junto a sus compañeros, dio la campanada con El cerco de Numancia de Miguel de Cervantes un montaje de Verbo Producciones dirigido por Paco Carrilo con un apabullante éxito de crítica y público y que se encuentra de gira por España. A este montaje hay que sumar su participación en otros tres: El sueño de la razón de Buero Vallejo, Equus de Peter Shaffer y Abre el ojo de Rojas Zorrilla.

Menárguez atendió a El Rinconcillo de Reche para hablar de El cerco de Numancia, su personaje, Marandro, y las alegrías que se está llevando en una carrera que va a más con naturalidad y simpatía. Pasen y lean.

Manuel Menárguez en Mérida
Pregunta: ¿Cómo está viviendo todo lo que le está dando El cerco de Numancia desde el estreno en el Festival de Mérida?

Manuel Menárguez: Pues está siendo todo muy positivo desde que se gestó el montaje con Paco Carrillo dirigiendo y Florián Recio escribiendo la dramaturgia. Ambos han hecho un trabajo asombroso y Florián acercó el texto al siglo XXI, a los problemas actuales, con un texto que habla de la opresión y de las personas que tienen el poder y de las que no lo tienen. Yo debo agradecer el que me diesen un personaje maravilloso al que le pasa de todo y me permite pasar por muchos estadios emocionales. De momento es el papel de mi vida y rodeado de ocho compañeros maravillosos con los que estuve ensayando dos meses, y, siendo, el único actor que no era extremeño, me acogieron estupendamente y, cuando salimos de gira nos lo pasamos genial. Por otra parte, el público, sale tocado y emocionado porque es una función que te llega al alma.

P.: ¿Cómo llega a El cerco de Numancia?

M.M.: Yo tengo desde hace tiempo amistad con Fernando Ramos porque nos conocimos hace más de diez años una obra de teatro, El último templario de Jerez, en el Festival de Jerez de los Caballeros. Yo le comenté el año pasado a Fernando que me gustaría trabajar en Mérida, algo que nunca había hecho, y en marzo me llamó porque les faltaba un actor para cerrar el reparto de El cerco de Numancia. Fui a hacer la prueba y me confirmaron que estaba en la obra. Recuerdo que cuando hice la prueba, al pasarme el texto, busqué a Marandro, mi personaje, que en la obra de Cervantes es un personaje secundario y me llevé la sorpresa cuando me dijeron que iba a ser uno de los protagonistas, y me temblaron las piernas y el día del estreno en Mérida no he estado más nervioso en mi vida sobre un escenario. El público en el estreno nos hizo una ovación cerrada cuando hicimos la primera intervención del Coro y nos transmitió su energía.

P.: La producción es muy potente, visual, interpretativamente...supongo que esa potencia estaría desde el comienzo de los ensayos ¿no?

M.M.: Yo recuerdo que ya cuando hice la prueba Ana García iba a ser Lira, y me ayudó a hacerla. Pues ya me decían que tenía que estar más arriba teniendo en cuenta que iba a estrenarse en Mérida y se iba a hablar de cosas muy grandes por lo que todo debía estar a flor de piel. Esto ya antes de ensayar. Porque se empieza con mucha energía: el Coro, la escena de los dos legionarios...

P.: En el montaje se enfatiza mucho el hecho de que no se olvide la historia que pasó en Numancia, unos hechos acaecidos hace muchos siglos, ya incluso desde la época de Cervantes...

M.M.: Así es. Los coros ayudaban mucho a transmitir eso, pero además el teatro habla de temas atemporales y universales. El poder y el oprimido existirá siempre, por desgracia.

P.: Se notaba una gran unión entre todos desde el escenario, algo esencial para llevar a buen puerto una obra de estas características...

M.M.: En esta y en cualquiera. Cuando hay feeling en el escenario se nota y la energía positiva llega hasta el público de una manera muy directa, cuando se da todo se nota mucho.

P.: Esta obra tiene muchas escenas dramáticas por los hechos que se narran en ella, pero produce en el espectador un deseo inconsciente de que no acaben mal los personajes...

M.M.: Claro, es que eso ocurre porque empatizamos con ellos. Paso tanto con las obras de teatro como con las películas. Se empatiza porque se vive la obra como si se fuese el personaje propiamente dicho.

P.: ¿Esa sensación también la tienen los actores?

M.M.: Saber todo lo que le ocurre al personaje que vas a interpretar es una ventaja pero, por ejemplo, en este montaje yo tengo que interpretar a Marandro con una primera escena en la que le doy una noticia a mi mujer y me entero de que voy a tener un hijo sabiendo lo que ocurrirá al final de la obra, pero esa primera escena yo la tengo que interpretar con una gran sonrisa y transmitiendo mucho amor hacia mi mujer, aunque sé que los romanos están ya ahí.

Con Ana García en una escena de El cerco de Numancia. Jero Morales
P.: Tengo una curiosidad como amante del teatro y desde la ignorancia por no ser actor ¿Se trabaja de igual manera una obra que acaba mal en relación a otra que acaba bien o un personaje tenga un final feliz o trágico dentro de una obra?

M.M.: Yo creo que, con respecto a eso se trabaja igual, lo que sí puede ser diferente es la manera de trabajar los distintos géneros. No es lo mismo una comedia del Siglo de Oro que una tragedia griega o una historia como la de Numancia. Pero, centrándonos en los personajes, yo creo que hubiese trabajado igual si hubiese interpretado a Escipión por ejemplo en lugar de a Marandro, porque es un personaje, que aunque no tenga el final trágico de Marandro, no obtiene lo que deseaba

P.: Quisiera incidir en la potencia visual del montaje, con muchos elementos escenográficos simbólicos, como las cintas rojas, por ejemplo...

M.M.: Precisamente, ese elemento no estaba incorporado desde el principio del proceso de preparación del montaje y, a las tres semanas Paco Carrillo sentía que le faltaba algo en las escenas de los numantinos. Eso cambió la forma de movernos y considero que fue un gran acierto por parte de Paco Carrillo, porque le da una simbología a todo: la opresión, que los romanos nos están chupando la sangre literalmente. Es un elemento que ha gustado mucho al público.

P.: La obra no sólo tuvo un reconocimiento del público sino también a nivel crítico al llevarse dos Premios Ceres ¿qué sintieron cuando supieron que se los habían concedido?

M.M.: Llevarnos el Premio del Público y el Premio de la Juventud fue una gran alegría para nosotros, ya que teníamos en mente que con El cerco de Numancia teníamos una responsabilidad porque con este montaje se cerraba el Festival de Mérida y queríamos estar a la altura. Además, humildemente, sabíamos que teníamos un buen producto entre manos. Siempre hay cierto escepticismo porque el público es soberano pero trabajamos mucho para prepararlo y recibir los premios fueron una gran alegría. Además,  para José Francisco era la primera obra profesional que hacía, debutando con ese pedazo de personaje.

P.: Hablando de otros aspectos de su carrera, está involucrado en otros montajes teatrales, uno de ellos es El sueño de la razón de Buero Vallejo, centrada en el mundo de Francisco de Goya ¿Qué significa para usted afrontar un texto de este autor?

M.M.: Esta obra trata los últimos días de Goya en España antes de marcharse a Burdeos y yo interpreto a Fernando VII, el antagonista de la historia o el malo de la función. Es una obra que se parece a El cerco de Numancia porque habla también del poder, de la opresión porque, siendo Goya el mejor pintor de su época, le obligan a exiliarse a Francia. Es una obra muy bien adaptada por Paco Maciá, que también la dirige, y el escenógrafo Angel Haro, quien también es pintor, ideó que, por un ciclorama, fueran apareciendo las Pinturas Negras de Goya, que están en movimiento, a medida que el pintor va hablando con los distintos personajes. Con esta obra estuvimos en el Festival Don Quijote de París y nos llevamos el premio.    

viernes, 16 de octubre de 2015

"Medea", protagonizada por Ana Belén inicia en Sevilla su gira nacional

La tragedia griega vuelve al Teatro Lope de Vega de Sevilla gracias a Medea, la obra que inauguró este verano el Festival de Mérida. Tras verse allí del 1 al 5 de julio, esta obra, producida por Jesús Cimarro, llega a la capital hispalense para representarse desde este jueves (15 de octubre) al domingo 18  e iniciar así su gira por los teatros de toda España. Esta función tiene multitud de elementos atractivos. Se trata de una nueva incursión del director José Carlos Plaza en el mencionado género teatral tras la inolvidable Hécuba que protagonizó Concha Velasco. En esta ocasión vuelve a contar con Ana Belén, como ya hiciera en Fedra y en Electra, para narrar la historia de la vengativa hechicera. Le acompañan en el escenario Adolfo Fernández (Jasón), Consuelo Trujillo (Nodriza), Luis Rallo (el preceptor), Poika Matute (Creonte), Leticia Etala (Creusa), Olga Rodríguez y Alberto Berzal (corifeos).
Instante de la rueda de prensa del miércoles. Alejandro Reche Selas
Todos los mencionados estuvieron en la presentación a los medios de comunicación (excepto el actor Horacio Colomé, que interpreta Jasón joven y que se reuniría con sus compañeros posteriormente), acompañados por el Alcalde de Sevilla, Juan Espadas, el Delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo , Antonio Muñoz, y el director del Lope de Vega, Juan Víctor Rodríguez Yagüe.

José Carlos Plaza explicó que Medea “rompe con el orden establecido” y tiene una dramaturgia (de Vicente Molina Foix) donde funde textos de Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas. Este último, continuó Plaza,  “es la gran aportación de Vicente porque se explican los antecedentes del personaje, algo que no está en otras versiones, que se centran en el hecho que todo el mundo conoce: Medea es traicionada y mata a sus hijos, pero en esta versión introduce la epopeya de los argonautas, y es uno de los alicientes de esta función , ya que Vicente, con su poética, intenta encontrar las raíces de un mito que llega a niveles trágicos. Nosotros intentamos entender la razón, no perdonar ni juzgar. Medea da un vuelco a la historia, se convierte en emigrante y es traicionada cuando ya ha roto con una de las partes esenciales de la mujer: el sentido de la maternidad, que en muchas culturas es esencial, y ella lo destruye”.

Por su parte, Ana Belén expresó su felicidad por reencontrarse con Medea y sus compañeros e incidió en el hecho de no juzgar sino entender “no sólo a Medea sino a todos los personajes”.  La protagonista de Fortunata y Jacinta reflexionó sobre el teatro y el mundo actual afirmando que “ahora hay autores muy jóvenes que trabajan en base a lo que ocurre en estos momentos con un lenguaje muy directo, que te golpea. Considero que es posible la catarsis porque todos los días escuchamos noticias sobre la emigración y los refugiados. La imagen de un niño tirado en una playa ha sido una catarsis y es terrible que esa fotografía sea la que haga reflexionar a los dirigentes de los gobiernos que tienen que tomar decisiones y es una paradoja. Desgraciadamente lo que escribieron los griegos hace muchos siglos sigue ocurriendo hoy en día”.

En el apartado técnico de la obra repite el equipo habitual con el que Plaza suele trabajar: Francisco Leal en la escenografía y en la iluminación, Mariano Díaz, encargado de la música, Juan Pedro Hernández, para el maquillaje y la caracterización, Jorge Torres como ayudante de dirección y Pedro Moreno en el vestuario que ayuda a acentuar el hecho de que los personajes de la obra son extranjeros. Con respecto a este tema, el director afirmó que  “ese aspecto Pedro lo resaltó con distintos colores: Para los habitantes de Corinto se usó un color frío, tonos azules y Jasón y la nodriza vienen de la parte ancestral, casi dentro de Mesopotamia. En ese caso los trajes eran rojos, negros, los trajes llevaban cosas simbólicas”.

Medea se representa en el Teatro Lope de Vega del jueves al sábado a las 20:30 y el domingo al as 19:30. Los precios de las entradas van de los 4 a los 21 euros y pueden adquirirse en las taquillas del Teatro y en la web http://www.generaltickets.com.

martes, 8 de septiembre de 2015

Javier Pascual: "Los niños y los adultos salen de 'Hércules' sabiendo cosas que desconocían hasta ese momento"

Una de las sensaciones de la última edición del Festival de Mérida ha sido Hércules. El Musical, un espectáculo para toda la familia que ha cautivado al público. El Rinconcillo de Reche ha podido entrevistar a unos de sus protagonistas, Javier Pascual, una grata sorpresa. Se da la circunstancia de que es su primera experiencia en el terreno del musical ya que su vida está vinculada al mundo de las tecnologías y el deporte. No obstante es cofundador y CTO de la empresa OKN (Open Knowledge Network) y cofundador de CrossFit Singular Box y Singular WOD. 

Pascual, derrochando una gran simpatía, habló de cómo ha sido la experiencia interpretando al famoso semidiós del título en su juventud en el escenario al lado de compañeros de la talla de Víctor Ullate Roche, Pablo Abraira, Paco Arrojo, Noemí Gallego o Clara Alvarado, que no ha hecho más que empezar ya que actuarán primero en Madrid en noviembre y luego harán gira. Como siempre digo, pasen y lean.

Pregunta: ¿Cómo acaba una persona como usted, vinculada profesionalmente a las tecnologías y al deporte, en el mundo del musical?

Javier Pascual: Yo, por vocación y por formación, soy ingeniero de software y mis inquietudes me han llevado a esas dos facetas empresariales. Pero además desde pequeño me ha gustado la música, y he compuesto de manera amateur y autodidacta y hace un año vi anunciado un curso de teatro musical y algo se revolvió dentro de mí, porque el teatro siempre me ha apasionado pero nunca pasando de ser espectador. Ese curso, que era intensivo sobre el musical Chicago, estaba dirigido por Ricard Reguant, director de Hércules. El Musical, con Nuria García como coreógrafa y Raúl Cassinerio de director musical. Aprendí mucho con ellos y, dos meses después, en un segundo curso que él también impartía, me dijo que le gustaría que formase parte del proyecto.

P.: ¿Qué sintió cuando le propuso Ricard Reguant formar parte de Hércules?

J.P.: Pues al principio me sorprendió. Me dijo: "Tengo un papel para ti". Me sentí feliz, emocionado y agradecido. También lo consideré generoso y valiente por su parte porque, en los tiempos que corren que él apueste por gente nueva es algo fantástico. Sentí que debía hacerlo muy bien y me conciencié y trabajé duro para prepararlo bien con personas como Karmele Aramburu para la interpretación, y coaches de voz como Víctor González y Óscar Martínez.

P.: Al formar el deporte parte de su vida ¿tuvo una preparación intensa para llegar al físico que el personaje requería o no?

J.P.: Yo suelo entrenar cinco horas a la semana. No tuve que dedicarle más tiempo del que ya le dedico, pero sí hacer un entrenamiento más específico y responsable, no saltándome las horas y cuidando la alimentación porque pretendía coger un poco de volumen ya que, al actuar en un escenario como el Teatro Romano de Mérida, los músculos no se ven igual dependiendo de dónde se esté sentado, pero no debía ser demasiado porque tampoco podía perder agilidad por las características del espectáculo, donde hay volteretas, golpes y otra serie de habilidades gimnásticas.

P.: ¿Qué sintió cuando supo que el musical iba a estrenarse en el Festival de Mérida?

J.P.: Pues, la verdad, es que, lejos de sentir miedo o una tensión bloqueante sentí una gran motivación, no sólo por saber que iba a estar en Mérida sino por los compañeros que iba a tener en escena como Víctor Ullate Roche, Paco Arrojo, Nomí Gallego, Clara Alvarado, Pablo Abraira, Elena Gómez, Nuria Sánchez etc... Yo decía: "Espera, si a todos los he visto actuar". Suelo afrontar las situaciones nuevas yendo a por todas.

P.: El musical se desarrolla en un circo donde se cuenta la historia de Hércules ¿se sentía a veces, en su caso, que interpretaba al famoso semidiós, al actor que le daba vida o era una mezcla de ambas cosas?

J.P.: Desde el principio conocíamos el elemento metateatral del espectáculo pero todos vivíamos los personajes como si fuésemos de verdad los personajes mitológicos. A la vez teníamos en la mente el hecho de estar en un circo por si ocurría algún percance durante la representación poder justificarlo. Eso daba tranquilidad, al menos a mí.

P.: En el musical se trata mucho la amistad entre Hércules y Yolao, si no hubiese química entre usted y Víctor Ullate esa amistad no llegaría al público con la misma intensidad...

J.P.: Estoy de acuerdo con esa afirmación y le digo un rotundo sí. Víctor es un magnífico profesional con un gran bagaje y es un gran trabajador y muy humilde. Congeniamos muy bien desde el primer momento que comenzamos a ensayar, se estableció una química y una complicidad que favoreció al musical. La experiencia con él ha sido de diez.

P.: En el musical, donde se mezcla el mundo del circo con la mitología, el vestuario es un aspecto destacable porque le daba mucho color visualmente. Supongo que es algo que se quiso resaltar desde el principio...

J.P.: Sí ese era uno de los objetivos al estar en Mérida y con un espectáculo diferente, por lo que el contraste de colores y tejidos entre personajes como Hera y Atenea o Hércules y Yolao estaba muy pensado. Queríamos que fuesen cosas sencillas pero que llamasen la atención.

P.: También hay momentos de gran humor físico cuando diversos miembros del espectáculo "chocan" con su personaje ¿Eso se trabajó desde el principio muy a conciencia para provocar el mencionado efecto?

J.P: Sólo tengo palabras de halago hacia mis compañeros bailarines y acróbatas. Hacían piruetas asombrosas. Estaba alucinado desde el primer ensayo. Todo lo hacían de una manera sorprendentemente sencilla, así que conseguir esos efectos de golpes, choques y demás les salía de una forma tan natural  que a los actores nos lo ponían realmente fácil.

P.: Las mujeres de las que se enamoran Hércules y Yolao son de una determinada zona de España cada una, con lo que se juega incluso con el acento y las formas de ser...

J.P.: Sí, esos fueron elementos que, tanto Ricard Reguant como Miguel Murillo, autores del texto, quisieron añadir porque casualmente varias de las aventuras de Hércules transcurren en España, tanto en el norte como en el sur. Luego se potenció con determinadas canciones y otros detalles.
Javier Pascual con parte de sus compañeros en un momento del musical    Jero Morales

P.: El espectáculo, además de todo lo mencionado hasta ahora, tiene un carácter familiar y un gran componente didáctico porque se muestra tanto el origen de Hércules como algunos de sus doce trabajos y es una forma de que los niños aprendan cultura clásica y mitológica...

J.P.: Sí, es un guión original aunque la historia nos resulte conocida, sobre todo por el cine, por lo que había que mantener esa parte didáctica que a los niños les llega como al público en general, incluso los adultos también salían diciendo que habían aprendido cosas que desconocían. Es muy enriquecedor que te digan eso.

P.: Precisamente la mitología en torno a Hércules es un material de partida muy rico...

J.P.: Sí, Ricard Reguant ha estado muy acertado y le ha sacado un fantástico provecho.

P.: Esta experiencia supongo que le habrá hecho plantearse que no sea la única en su vida...

J.P.: Por supuesto que no. En primer lugar tengo un compromiso con la compañía Hércules y, afortunadamente, tengo la capacidad de organizarme y gestionar mi tiempo de una manera diferente para poder cumplir con este compromiso y, si en el futuro surgen más oportunidades será fantástico y si puedo hacerlo, lo haré, siempre teniendo en cuenta las empresas que llevo con mis socios las cuales no quiero descuidar.

P.: Para finalizar, un mini test cultural que comenzamos con teatro ¿qué obra ha visto que le haya marcado?

J.P.: Pues el musical La llamada me enamoró de principio a fin. Lo he visto dos veces y la segunda con mi compañera Clara Alvarado de protagonista. Me marcó mucho.

P.: Con respecto al cine ¿Tiene alguna película favorita?

J.P.: Pues las que más me gustan precisamente las vi de pequeño, una época en la que eres una esponja y, por recordarme esos veranos con los amigos, las bicicletas etc... me marcaron películas como Los Goonies (Richard Donner, 1985) o Stand by me (Rob Reiner, 1986). Sentía unas ganas inmensas de vivir esas historias. Para mí la amistad es una de las cosas más importantes de mi vida junto con la familia. Y las películas que he mencionado la exaltan de una manera muy especial.

P.: Con respecto a la literatura ¿qué libro es su favorito?

J.P.: Reconozco que no tengo un libro favorito en concreto, aunque sí una tipología. Me encantan las biografías, sobre todo las de Leonardo Da Vinci o libros de sus inventos y desde hace doce o catorce años me ocurre con cualquier libro sobre Steve Jobs, porque siempre he sentido admiración por él. Al venir del mundo de la tecnología es una figura que la he tenido muy presente. Lo último que leí fue una biografía de Stephen Hawking y me gusta mucho Javier Sierra. Su libro El Maestro de El Prado me ha encantado.

P.: Finalmente ¿qué cantante o banda le hace vibrar?

J.P.: Pues yo nací en 1980 y tengo una hermana mayor por lo que toda la música de esa década la he escuchado mucho: Los Secretos, Nacha Pop. Luego en la etapa universitaria conocí a Ismael Serrano y Revólver y me empujaron a escribir canciones porque me enseñaron a ver que había una manera de contar historias como ellos hacen y se han convertido en mis referentes en castellano. Hay más recientes como Quique González o Leiva que también me fascinan. También me gusta mucho la música clásica desde autores tradicionales como Bach o Beethoven a más modernos como Yiruma cuyo tema más conocido, River flows in you me pone los pelos de punta.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Las cifras confirman la excelente gestión de Pentación al frente del Festival de Mérida

El éxito y el fracaso puede medirse de muchas maneras pero cuando se dan cifras oficiales no hay dudas en referencia a si el trabajo realizado ha cumplido las expectativas. 

Yendo al grano, los datos ofrecidos en relación al número de espectadores y el superávit económico del 61 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida avalan la excelente gestión de su director, Jesús Cimarro, a través de su productora Pentación, de ámbito privado. 

Como ya han avanzado varios medios de comunicación, en la recientemente finalizada edición del festival emeritense, 93.946 espectadores asistieron al Teatro Romano, 158.302 al conjunto de sus actividades y, en términos de recaudación, la cifra de este año ha sido de 1.924.686 euros lo que supone un superávit cercano a los 525.000 euros. Estos datos constatan que se han superado las cifras de la edición del año pasado, con 82.587 espectadores, pero no sólo eso, sino también las cifras desde que en el año 2012, Pentación gestiona el Festival  en el que 53.392 vieron la programación ofrecida en el Teatro Romano. 
La asamblea de las mujeres, más de 30.000 espectadores. Jero Morales
Si el año pasado una de las sensaciones fue El Eunuco, aun de gira, este año los más de treinta mil espectadores de La asamblea de las mujeres, con ocho llenos totales de sus diez representaciones, a los que hay que sumar el de César y Cleopatra en sus cuarto días de representación. Que estos tres espectáculos hayan sido coproducidos por Pentación es una coincidencia que sirve para demostrar el buen ojo de Cimarro, quien en una entrevista concedida a este blog semanas antes del comienzo de la edición de este año afirmaba, refiriéndose a su doble faceta de productor y director del Festival y al hecho de contar con dinero público que siempre piensa "en espectáculos que se puedan poner en un escenario con una viabilidad económica, porque, si no, es imposible trabajar. Esto hay que tenerlo en mente cuando se cuenta con dinero público, el cual hay que saber administrar bien, con transparencia y, sobre todo, que produzca una rentabilidad, no sólo económica, sino también cultural y social". En la misma entrevista reiteraba el trabajar con dinero público con la siguiente declaración: "Como yo trabajo con dinero público, no puedo permitirme el lujo de que lo que se haga sea un fiasco porque al final lo tienen que pagar los extremeños y voy a intentar que ellos no paguen más de lo que ya lo hacen".

La gestión del presupuesto ha dado sus frutos con una respuesta masiva del público que pone de manifiesto el trabajo que se ha llevado a cabo no sólo en los tres espectáculos coproducidos por Pentación sino también con otras productoras que han participado en esta edición, como las extremeñas Rodetacón, que ha triunfado con Hércules El musical o Verbo Producciones responsable del excelente y potente montaje El cerco de Numancia, por lo que la apuesta por productoras de la comunidad autónoma también demuestra que ha dado unos resultados excelentes.
Hércules. El Musical, otro gran éxito de esta edición. Jero Morales
Luego hay otro aspecto destacable de la gestión que se relaciona con la parte artística y pondré como ejemplo, en una edición donde han actuado Ana Belén, Aitana Sánchez-Gijón, José María Pou o Emilio Gutiérrez Caba, de nuevo La asamblea de las mujeres. En esa producción el papel protagonista, Praxágora lo interpretaba Lolita, junto con veteranos en el Festival como Pedro Mari Sánchez y otras sorpresas interpretativas como María Galiana, Pastora Vega o Sergio Pazos. No se puede medir el éxito de un montaje si está varios días en cartel porque un día llene. Si lo que se ve no gusta, el boca oreja sería negativo y, por lo tanto, el público no hubiese llenado el Teatro Romano tantos días. La apuesta por Lolita ha salido redonda porque, aparte de ser un personaje mediático, ha demostrado su gran calidad como actriz y ha confirmado una vez más la buena intuición de Cimarro quien lleva desde 1983 produciendo teatro y siempre busca profesionales que le aporten un resultado positivo.

La experiencia es un grado y más de treinta años produciendo teatro, con éxitos en el propio Festival de Mérida antes de dirigirlo como Miles Gloriosus, Yo, Claudio o Fedra es una prueba irrefutable de que Jesús Cimarro, al ponerse al frente del Festival sabía lo que hacía porque no desconocía el terreno físico y empresarial en el que se embarcaba.

viernes, 21 de agosto de 2015

"El cerco de Numancia": El sacrificio frente al sometimiento

A finales del siglo XVI Miguel de Cervantes escribió una tragedia en verso sobre la resistencia de los habitantes de Numancia durante el asedio por parte de los romanos en su avasallador avance para ampliar el Imperio. La compañía extremeña Verbo Producciones, tras la excelente acogida de Los Gemelos, se ha decantado por montar El cerco de Numancia, espectáculo que cierra el 61 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida donde ha recibido el Premio Ceres del Público y que podrá verse hasta el 23 de agosto. El resultado es, por definirlo con una palabra, espléndido. Paco Carrillo dirige de manera ejemplar una excelente versión prosificada del texto del autor de El Quijote. Además, acertadamente, se ha acentuado la atemporalidad de la obra conectándola con la más rabiosa actualidad haciendo ver claramente que se debe luchar para no dejarse pisotear por los que ostentan el poder.
Las simbólicas cintas rojas, uno de los grandes aciertos del montaje     Jero Morales
Centrándonos en el montaje, Carrillo ha puesto en escena los elementos necesarios para exponer la situación que vivió la población numantina y la drástica decisión que toman antes de ceder ante los romanos. Uno de los recursos más bellos y simbólicos es la de rodear a los habitantes de Numancia con cintas rojas para transmitir la idea de asedio que viven. Ello permite unos momentos de gran carga dramática como las escenas entre el matrimonio formado por Marandro y Lira (unos espléndidos Manuel Menárguez y Ana García) que simbolizan el colectivo de la población, pudiendo ser cualquier otro matrimonio que vivió el asedio), Menárguez también brilla en las escenas con David Gutiérrez, quien interpreta a su inseparable amigo León, y en la  impactante escena final con Escipión, interpretado con una pasmosa seguridad por Fernando Ramos, con una voz contundente acorde con la posición de autoridad que ocupa en el ejército romano.

Por su parte también hay que destacar la importancia de la mujer en el montaje. Se ha optado por cambiar de sexo al hechicero Marquino convirtiéndolo en una sacerdotisa con poderes sobrenaturales a la que da vida Paca Velardiez, que está portentosa en la escena de la invocación para conocer el futuro de Numancia, un momento que se beneficia de una iluminación, de Francisco Cordero, y unos sonidos que sobrecogen por su alta efectividad. Velardiez forma otra gran pareja con Pedro Montero que da vida a su marido Teógenes, una autoridad en la población que cede a la decisión colectiva de morir con entereza.

La labor de los actores es de una entrega absoluta, con José Francisco Ramos, Premio Ceres a la Juventud, dando vida a la perfección a un personaje donde confluyen la valentía y la inexperiencia, ya que es un soldado romano que, al comienzo de la función, aun no ha matado a nadie. Esto contrasta con Máximo (Jesús Manchón) y el veterano soldado (Juan Carlos Tirado) curtidos ya en la guerra y a los que ambos actores dotan de gran fuerza.
Juan Carlos Tirado y José Francisco Ramos, espléndidos    Jero Morales
También hay que destacar la labor de los miembros de la Asociación Cultural Emérita Augusta para dar vida al ejército romano. Su aparición y los sonidos de las espadas contra los escudos es otro momento logradísimo de esta producción con una gran potencia y con una calidad que será imposible que se olvide el nombre de Numancia y lo que allí ocurrió a pesar de los siglos transcurridos.

viernes, 14 de agosto de 2015

La exitosa unión de la mitología y el fabuloso mundo del circo

                            CRÍTICA DE ESPECTÁCULOS: HÉRCULES

El Festival de Mérida sigue dando alegrías a los espectadores. Prueba de ello es Hércules, un musical ambientado en el mundo del circo, en cartel hasta el 16 de agosto, que basa su espectáculo en la figura del famoso semidiós que da título a esta coproducción del Festival emeritense y Rodetacón. Hércules destaca por muchos motivos, como es la recreación del nacimiento del héroe y cuatro de los doce trabajos que tuvo que realizar, como acabar con el león de Nemea o la hidra de Lerna, todo ello con ingeniosos elementos circenses que son combinados con vistosos y logrados números musicales. La dirección de Ricard Reguant (autor del guión junto a Miguel Murillo) y la precisa dirección musical de Ferrán González, imprimen un gran dinamismo a la historia y a su desarrollo.

Los números musicales, con coreografía de Nuria García y letras de Xenia Reguant son una maravilla donde se unen unas canciones alegres con otras melancólicas e incluso hay cabida para la reivindicación del oficio que tan bien desempeñan actores, bailarines, acróbatas y cantantes, dando como resultado un espectáculo divertido y entrañable donde el público disfruta de lo lindo.
Parte del gran elenco de Hércules. Jero Morales
Hércules mezcla el sentido del humor con temas como el amor y la amistad, que se exalta en la relación de Hércules y Yolao, quien le ayudó en los primeros trabajos impuestos por la diosa Hera.

A nivel de interpretación, Pablo Abraira demuestra que quien tuvo retuvo y hace a la perfección de Hércules en su madurez quien contempla cómo sus compañeros del circo al que pertenece recrean su vida con un curioso momento de confusión entre realidad y ficción. El célebre intérprete de Gavilán o Paloma imprime su melodiosa voz a diversos momentos y en las escenas finales transmite una gran emoción.

Paco Arrojo cumple a la perfección su doble rol de maestro de ceremonias y de Zeus en la historia de Hércules que se recrea, donde tienen gran peso los personajes del héroe en su juventud y de su inseparable amigo a los que dan vida, combinando ternura y comicidad, Javier Pascual y Víctor Ullate Roche respectivamente. La relación de amistad entre Hércules y Yolao está mostrada con mucho sentimiento, mostrando a las claras que uno amigos pueden quererse profundamente e incluso dar la vida el uno por el otro, algo que ambos actores representan en un gran número musical donde dan muestras de su enorme talento sobre el escenario.
Recreando la lucha de Hércules con la hidra de Lerna. Jero Morales
El espectáculo cuenta con una espléndida iluminación de Luis Perdiguero y un maravilloso vestuario de Maite Álvarez donde, por ejemplo, los vestidos Noemí Gallego (Hera), de un intenso color rojo y de Elena Gómez como Atenea, de hermosa blancura sirven para definir claramente el carácter contrapuesto de ambos personajes. Por su parte, Nuria Sánchez y Clara Alvarado contribuyen al tono humorístico con sus logradas interpretaciones de Maruxa y Yol respectivamente, jugando con divertidos elementos regionales españoles para el disfrute del público.

Hércules es un gran ejemplo de un trabajo minucioso cuidado al milímetro para pasar una noche de lo más entretenida y el que escribe estas líneas se lo pasó estupendamente viendo cómo los profesionales de este país tienen un gran nivel, algo que desde aquí siempre he reivindicado. Si quieren pasar un buen rato, conocer un poco de mitología, reírse y emocionarse con la magia del circo y del musical, Hércules es la elección idónea.     

viernes, 31 de julio de 2015

Con Aristófanes y a lo loco

                        CRÍTICA TEATRAL: LA ASAMBLEA DE LAS MUJERES

Los textos clásicos, como creo haber dicho alguna vez, tienen en su atemporalidad uno de sus grandes valores. El Festival de Mérida ofrece estos días una buena ración de comedia con la versión que Juan Echanove dirige de La asamblea de las mujeres y que estará en cartel hasta el 9 de agosto. La obra que estrenó Aristófanes hacia el año 392 a.C. demuestra en manos de Echanove y Bernardo Sánchez, autor de la versión, tener una modernidad absoluta sobre todo con lo que está cayendo actualmente, con unos diálogos que dan a diestro y siniestro, lanzando sutiles dardos a la situación política y económica.
Pastora Vega, Concha Delgado, María Galiana y Lolita. Jero Morales
El montaje se beneficia de una acertada música de Javier Ruibal y de una escenografía muy simbólica de Ana Garay acorde con lo expuesto anteriormente: Los actores pisan una moneda de grandes dimensiones realzando la idea de que el dinero mueve el mundo, al igual que el sexo, como se demuestra en otro tramo de la obra. Sin perder de vista a Aristófanes se ha apostado por el humor en todas sus vertientes: sutil, picante, desenfadado y con homenajes a frases célebres, dramaturgos griegos, y una de las obras maestras de Billy Wilder, la cual pueden intuir cuál es por el título de esta crítica.

Juan Echanove, quien se ganó todos mis respetos como director tras ver en Sevilla Conversaciones con mamá, sabe sacar partido del plantel de los nueve actores con los que ha contado para llevar buen puerto este montaje. En este sentido hay que decir que todos cumplen con creces su cometido y están muy bien vestidos por Garay y Rafael Garrigós.

Centrándonos en las interpretaciones, Lolita ha sido una grata sorpresa interpretando a la líder Praxágora. Su soltura en el escenario es absoluta y sus diálogos están dichos con fuerza y garra, demostrando que es una actriz como la copa de un pino, algo que ya  intuí desde que la vi junto a Lina Morgan en la célebre serie Hostal Royal Manzanares. La seguridad de su personaje y sus argumentos es una de las bazas de la obra, demostrando, desde el principio, que sabe lo que ha de hacerse y cómo llevarlo a cabo.
Lolita, magnífica Praxágora. Jero Morales  
Praxágora es la artífice de un ingenioso plan para que se imponga un gobierno femenino que desestabiliza a los hombres, en especial a su marido, Blépiro, interpretado magistralmente por Pedro Mari Sánchez, que demuestra su veteranía en los escenarios y, concretamente, en Mérida, donde ha actuado en varias ocasiones desde que en 1984 protagonizase Electra junto a Ana Marzoa, Encarna Paso y, cosas del destino, Juan Echanove. Su personaje sufre una transformación interior y exterior motivada por los acontecimientos que se van sucediendo, pasando de la incredulidad y la burla por las medidas impuestas por su mujer, a la estupefacción, lo cual le hace tomar una drástica y cómica decisión para el público. El protagonista de La Gaviota, El Público, La vida es sueño o Divinas palabras puso sobre el escenario su gran paleta de recursos interpretativos para contribuir al disfrute del público que abarrotaba el Teatro Romano emeritense y que le vio cantar, bailar, reír y pasárselo en grande en el escenario.

Por su parte, Sergio Pazos arrancó carcajadas a los espectadores con su interpretación de Cremes, uno de los personajes más representativos de la actualidad y que al que el actor gallego dio vida con gracia y desparpajo tanto en su escena con Pedro Mari Sánchez como con el ciudadano interpretado por Bart Santana, cuya situación no deja de poner el dedo en la llaga en la mencionada sátira política y económica que se hace en este montaje.
 Los geniales Pedro Mari Sánchez y Sergio Pazos. Jero Morales
También destacó el conjunto interpretativo que conformaron Pastora Vega, María Galiana y Concha Delgado, derrochando humor y sensualidad sobre todo en el segundo papel de las tres que hacen junto a un convincente Santiago Crespo, todo un descubrimiento por su calidad como actor y por la sorpresa de la identidad de su personaje y el golpe de inspiración que tiene en la escena con Vega, Delgado y Galiana, la cual sorprendió con unos diálogos desinhibidos.

Luis Fernando Alvés crea una cómica escena homenaje con Pedro Mari Sánchez que se redondea con un remate a ritmo de chirigota el cual realza el aire de fiesta que supone este montaje de La asamblea de las mujeres, que puso al público en pie porque cumplió con creces su cometido: Entretener y que el tiempo pasase volando.   

lunes, 27 de julio de 2015

Magüi Mira: "El reparto de 'César y Cleopatra' era el que soñaba tener"

Magüi Mira sigue en la senda del éxito. Su faceta como directora no deja de darle alegrías. Acaban de terminar las representaciones en el Festival de Mérida de su último espectáculo, César y Cleopatra, en donde ofrece un interesante juego temporal en el que ha dirigido a cuatro actores de altura: Ángela Molina, Emilio Gutiérrez Caba (que vuelven a trabajar juntos tras la serie Gran Reserva), Marcial Álvarez y Lucía Jiménez, para dar vida a los dos célebres personajes del título. El resultado no ha podido ser más positivo y el público ha premiado con masiva asistencia la calidad de esta obra de Emilio Hernández (autor de la dramaturgia) y que cuenta con la excelente música de David San José. Esta coproducción entre el Festival de Mérida y Pentación comenzará en breve una gira por España en un momento en el que están también de gira otros éxitos dirigidos por Magüi Mira: En el estanque dorado y El discurso del rey, la adaptación del guión cinematográfico que dio origen a la película homónima ganadora de cuatro Oscars y en donde Mira dirige a Adrián Lastra, Roberto Álvarez, Ana Villa o Lola Marceli, tras sus representaciones en el Teatro Español de Madrid.
Magüi Mira*
El Rinconcillo de Reche ha hablado con Magüi Mira sobre César y Cleopatra, El discurso del rey y su visión sobre la profesión que ejerce con pasión ya sea encima de un escenario como actriz, directora o productora. Pasen y lean.  

Pregunta: Usted interpretó precisamente en el Festival de Mérida en 1996 Marco Antonio y Cleopatra ¿Esa obra le dejó con las ganas de indagar más sobre Cleopatra de una manera o de otra?

Magüi Mira: La verdad es que sí. Cleopatra es una mujer que ha trascendido a su propia muerte, como ocurre en el texto que Emilio Hernández ha escrito para César y Cleopatra. Demuestra además que seguimos hablando de ella en el año 2015. Es una mujer que fue maltratada por la Historia, por esa misoginia contra la que aún hoy las mujeres tenemos que seguir luchando porque no acaba nunca. Cleopatra es un ejemplo de mujer, porque gobernó su imperio con una gran sabiduría. Era muy culta, hablaba nueve idiomas, era matemática, astróloga, filósofa, geógrafa. Aunó el deseo de conquistar territorios y sumar culturas.
Un gran momento de César y Cleopatra en el Festival de Mérida*
Además, la historia que tuvo con Julio César fue una fusión total. Fue una pareja donde se unió el mundo emocional, la inteligencia, la pasión y el sexo. Todo esto sin renunciar a nada porque el sexo era un arte en aquel momento. Ella siguió cultivando su sexualidad femenina como hembra que era, y, al mismo tiempo, no renunció a nada de su mundo intelectual y emocional. En ese sentido me parece una mujer valiosa. Ella ganaba por la cama y por la cabeza.

P.: César y Cleopatra destaca por la originalidad de su propuesta escénica ¿Fue así desde el principio o se modificó algo durante el período de preparación?

M.M.: Es una propuesta del autor del texto, Emilio Hernández. Es un texto inédito. Luego está la forma de contarlo, con una maravillosa música de David San José, quien además fusiona el aria de la ópera Julio César de Hendel y la cantan ambas Cleopatras. Nosotros lo que proponemos al espectador es que se trasciende a la muerte física y colocamos a los personajes en el limbo de la eternidad, lo que permite a César y Cleopatra saber todo lo que ocurrió desde que fallecieron. Es un juego fascinante que el espectador disfruta mucho. Colocar a los personajes en el mencionado limbo permite hacer una reflexión sobre qué ocurre con el poder, la involución y la evolución de lo que los seres humanos creamos y también qué ocurre con el poder cuando lo ejerce un hombre o lo ejerce una mujer. He decidido contar todo esto como suelo hacerlo en las obras que dirijo: Una propuesta minimalista con mucha poesía, humor, y también hay momentos trágicos pues contamos las muertes de ambos personajes. Ese momento lo contamos de manera poética y trágica a la vez.
Ángela Molina,Lucía Jiménez y Marcial Álvarez en César y Cleopatra*
La obra plantea que Cleopatra, cuando trasciende a su muerte y se encuentra en el año 2015, no sufre de la misma manera. Tiene un sentido del humor y una ironía mientras que la Cleopatra y el Julio César reales están  jugándose la vida  por lo que ellos creen que es su destino. Luego nos damos cuenta cómo la Historia cambia las cosas cuando alguien muere.

P.: Por lo que cuenta, gracias a esta obra la gente se llevará otra imagen de ambos personajes porque hay personas que tienen en la mente la imagen de Cleopatra por la película protagonizada por Elizabeth Taylor...

M.M.: Sí, porque todo lo que ha escrito Emilio Hernández está absolutamente documentado, aunque, por ejemplo, la muerte de Cleopatra no está probada. No se sabe si Octavio la envenenó o si lo del áspid fue una fábula o fue verdad. Igual ocurre con las visiones de Julio César. Emilio se ha servido de lo que escribieron los contemporáneos de ellos, no de la ficción que se escribió después, sino de los historiadores de ese momento.

P.: Centrándonos ahora en el reparto creo que es la primera vez que, como directora, repite con actores: A Lucía Jiménez la dirigió en Un cuento de invierno y a Marcial Álvarez en Pluto. Por otro lado dirige por primera vez a dos grandes figuras como son Angela Molina y Emilio Gutiérrez Caba, con quien usted estuvo en el reparto de la serie Teresa de Jesús, aunque no compartieron escenas...

M.M.: Cierto. He de reconocer que hay actores con los que me encantaría repetir pero las circunstancias hacen que no pueda ser posible. Hablando del equipo técnico, siempre repito con David San José para la música y cuando no está es porque no puede, como con Helena Sanchis como figurinista. Lo de los repartos es un misterio, porque yo puedo tener una gran propuesta y un gran texto pero si no cuento con actores que quieran viajar conmigo y acepten mi propuesta todo se cae. En este caso ha sido maravilloso porque ha sido el reparto que yo soñaba con tener. No era fácil porque buscaba no a actores que se pareciesen físicamente pero sí que tuvieran una energía común, y la hay entre Lucía Jiménez y Ángela Molina y entre Marcial Álvarez y Emilio Gutiérrez Caba. Esta función es muy interactiva, porque, cuanto más minimalista es mi propuesta, más le estoy pidiendo al espectador.

P.: Pasando ahora a El discurso del rey, que ya ha empezado la gira, quisiera saber qué le atrajo del guión cinematográfico de David Seidler para llevarlo a escena

M.M.: Se da la circunstancia de que yo vi una adaptación teatral del guión en el Teatro Nacional de Helsinki, sin haber visto la película. Me gustó mucho lo que vi y me interesó la historia de superación personal que se cuenta, ya que nos mete a todos en el mismo barco, porque todos tenemos cosas que superar y sin disciplina ni esfuerzo es muy difícil. Además me interesó mucho el momento clave de la historia de Europa en el que transcurre la acción. El mapa hubiese sido otro seguramente si no hubiera pasado lo que pasó. Las cosas pueden cambiar en cuestión de segundos por una decisión, como en este caso la abdicación del heredero y de que el hermano quiso ser Jorge VI.
Adrián Lastra y sus compañeros al fondo en El discurso del rey*
También me interesó mucho la relación de hombres y mujeres, las cuales se suelen mostrar, como una gran cursilada, yendo un paso por detrás y en El discurso del rey se muestra cómo las esposas de ambos hermanos, Wallis Simpson y la reina Isabel, fueron las que de verdad gobernaron, porque los dos hermanos provenían de una familia enferma con una educación cruel por el hecho de ser de la Familia Real pero llegaron a sus vidas dos mujeres con sangre roja, de la calle. Wallis, que venía de América, se creía que estaba en la Edad Media. Ese choque cultural y el ver cómo esas dos mujeres finalmente, influyeron tanto en esos hombres, también me pareció muy interesante.

P.: Hace poco leí un artículo sobre el bache que las actrices tienen en un momento determinado de su carrera y usted ha demostrado dirigiendo cómo se puede seguir brillantemente en la profesión desde otro lado ¿Cree que dirigir es una buena opción para las actrices como alternativa a la interpretación?

M.M.: No, yo creo que lo que no hay que hacer es esperar a que un teléfono suene. Hay que generar los proyectos. Hace dos años, en La Anarquista, yo estaba como actriz y en mi cabeza tengo proyectos como actriz pero a la vez tengo una avalancha de propuestas de dirección. Hay personajes maravillosos y, si no, buscas quien te los escriba o los escribe uno mismo porque en este mundo la mayoría de los dramaturgos son hombres y en su imaginario las mujeres se dividen en hijas, madres, amantes y abuelas y hay un momento en que no eres madre ni abuela y cuando se llega a una determinada edad se ha demostrado que se puede luchar y generar proyectos. Muchos proyectos los he generado yo. Intento seguir aprendiendo pero si esperas a que suene el teléfono ni diriges ni actúas. Esa actitud pasiva es normal, si tienes talento, deberías esperar a que la gente te requiera pero, por desgracia en este país  eso no es así. La vida es levantarse para resolver.

*FOTOS CEDIDAS POR MAGÜI MIRA PARA ESTA ENTREVISTA

jueves, 2 de julio de 2015

La venganza, la magia y la locura se dan la mano en un impresionante espectáculo

                                       CRÍTICA TEATRAL: MEDEA

Es difícil empezar a valorar por algún lado algo que te ha maravillado, como me ha ocurrido con Medea, que anoche inauguró de manera brillante el Festival de Mérida. José Carlos Plaza, que cada vez que le veo un nuevo montaje pienso que tiene un don divino, demuestra una vez más que dirige en general, y las tragedias griegas en particular, como los ángeles. Sólo con mencionar antecedentes como Fedra, Hécuba o Electra, el lector de esta crítica puede darse perfecta cuenta de la grandeza de este montaje de Medea.

Medea es un torrente de emociones y una gozada visual porque la historia es de entrada tremenda. Apoyado por una sensacional dramaturgia de Vicente Molina Foix, que ha combinado textos de Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas, el texto (donde se narra tanto la historia de la propia Medea como la historia de Jasón y los argonautas en busca del vellocino de oro) va fluyendo y los minutos se pasan sin que te des cuenta
Ana Belén, Consuelo Trujillo y los niños. Jero Morales/Festival de Mérida

José Carlos Plaza se ha rodeado de un grupo de profesionales que han confeccionado un espectáculo cuidado al milímetro y demuestra su gran sabiduría dirigiendo a los actores y su capacidad para crear momentos muy poderosos.

Centrándonos en las interpretaciones a un servidor se le acaban los calificativos para hablar de la impecable interpretación de Ana Belén. La actriz se adentra en la turbulenta psicología de Medea de tal modo que uno no puede hacer otra cosa que disfrutar oyéndola pronunciar cada una de las palabras con una dicción exquisita y viéndola moverse por el escenario como pez en el agua. Su expresividad corporal y matices vocales hacen que cada una de sus intervenciones sean como un imán que te atrapa. Ana Belén va mostrando la transformación de un personaje que, poco a poco, va enseñando su maldad y la locura que la lleva a cometer crímenes atroces sirviéndose  para uno de ellos de sortilegios y maldiciones mortales.De ahí que la escena del ritual para acometer la primera parte de su feroz venganza sea uno de los momentos más poderosos de la obra, con un uso modélico de las luces y la escenografía.

Ana Belén en un fascinante momento clave de la obra. Jero Morales/Festival de Mérida
Medea se une a una lista de personajes como Ofelia, Adela, Electra, Fedra, Porcia, Kathie, Semíramis, Amanda Dorrit, Julieta, Fortunata, Amparo Sánchez o Helena (por citar sólo  unos pocos de su dilatada trayectoria profesional) a los que Ana Belén ha dado vida a lo largo de su carrera en cine, teatro o televisión quedando su trabajo para el recuerdo, y Medea se coloca en un lugar de privilegio dentro de esta gran lista.

Medea es el personaje central de la obra, pero está rodeada de una serie de personajes a los que Plaza les da la exacta relevancia para llegar al clímax de la tragedia. De ahí por ejemplo los personajes interpretados por Luis Rallo y Consuelo Trujillo, el preceptor y la nodriza respectivamente, son esenciales para comprender el ambiente que reina en la casa de Medea y Jasón sobre todo por su vinculación con los niños. Rallo compone a su personaje transmitiendo una gran sabiduría y está arrebatador cuando el horrible crimen de Medea está a punto de cometerse. Consuelo Trujillo, además de dar pinceladas de humor a una historia nada cómica, dice una de las frases clave de la obra: "Medea odia a sus hijos".

Por su parte Adolfo Fernández interpreta a un Jasón con potencia física y de carácter y tiene un gran momento cuando el doble crimen está  punto de cometerse. Su confrontación previa con Medea es bastante esclarecedora para que el público comprenda la naturaleza de su unión y lleve por tanto a la venganza final.
La culminación de la venganza, otro poderoso momento.  Jero Morales/Festival de Mérida

Olga Rodríguez y Alberto Berzal se convierten magistralmente en la voz del pueblo, y son espectadores atónitos de los acontecimientos. Mientras que Poika Matute está genial como Creonte, mostrando su deseo y su dolor en dos momentos de la obra. Leticia Hetala como Creúsa es la joven primera víctima en escena de Medea y muestra muy correctamente sus reticencias a su matrimonio con Jasón mientras que Horacio Colomé presta su potente físico como Jasón joven para entender el deseo que despierta en Medea cuando se conocen.

Hablando ahora del equipo técnico, todos y cada uno de sus componentes han contribuido con sus respectivos y extraordinarios trabajos a crear una obra sin fisuras. Pedro Moreno crea un espléndido vestuario, diferente para cada personaje, potenciando la idea de que cada uno de ellos procede de un lugar distinto. Su maestría está fuera de toda duda y sus creaciones para otras obras como Hécuba, La del Soto del Parral o El gato montés, son auténticas maravillas. 

Por su parte la escenografía de Francisco Leal tiene en la puerta de la casa de Medea y en el árbol en lo alto de unas rocas, dos creaciones idóneas para el desarrollo de la historia. Las sabias manos de Juan Pedro Hernández maquillan a cada personaje en su punto justo, mostrando su inteligencia para saber lo que el director requiere y dando, como es habitual en él, en la diana. José Carlos Plaza tiene en Jorge Torres a un espléndido ayudante de dirección que hace que el trabajo llegue a buen puerto, y eso es esencial. Finalmente la iluminación de Toño Camacho, la música Mariano Díaz y las proyecciones  audiovisuales de Álvaro Luna contribuyen a crear ambientes diferentes tanto en las narraciones como en los momentos más dramáticos.

Medea es un espectáculo de obligada visión para todo amante de la magia del teatro que hechiza al espectador como si la propia Medea nos hubiese transmitido alguno de sus conjuros. Yo no lo olvidaré nunca.