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sábado, 30 de septiembre de 2017

"La Cordillera": Cumbre borrascosa

Vistos los acontecimientos que acaecen en la nueva película de Santiago Mitre, el uso por mi parte del título, en español y en singular de la famosa novela de Emily Brontë no es algo baladí, dejando claro que en este caso los amores apasionados brillan por su ausencia, si exceptuamos una escena de puro deseo carnal.

La Cordillera es una película gris sobre, literalmente, el fondo blanco del paisaje donde transcurre una cumbre iberoamericana, una metáfora de la negrura que se insinúa tanto en los asuntos de política internacional como en los privados del presidente argentino encarnado de manera ejemplar por Ricardo Darín. El protagonista de El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001), La Fuga (Eduardo Mignogna, 2001), El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009) o Truman (Cesc Gay, 2015) y tantos célebres títulos en una ejemplar trayectoria compone un personaje gris del que se mantienen sospechas sobre ciertos acontecimientos pero nunca se confirman.

Por lo dicho, el guión firmado por el propio Mitre y Mariano Llinás, como ya hicieron en Paulina (2015) juega a un suspense con ecos claros de Alfred Hitchcock, sobre todo de Recuerda (1945) y Martin Scorsese, con Shutter Island (2010) como título que se viene a la cabeza en un momento concreto del filme. Mitre juega también con las contraposiciones al apellidar Blanco al personaje que interpreta Darín, cuando es más bien turbio, repito, por lo que se intuye más que lo que se muestra explícitamente. Es por ello que La Cordillera tiene, en mi opinión unos mimbres de suspense menos sólidos de lo esperado, con más preguntas sin responder que respuestas, dejando al espectador que saque sus conclusiones.

Por otro lado los entresijos de la Cumbre de Jefes de Estado se evidencian en conversaciones privadas, de ahí que el equipo asesor del "Presidente Darín" brille a la hora de mostrar cómo desempeñan su trabajo tanto a la hora de organizar agendas como de enmendar problemas privados que puedan afectar a su jefe. De entre todos los componentes, brilla la actriz Erica Rivas como eficiente mujer de confianza dentro del equipo.

Pasando a la trama personal Dolores Fonzi compone un complejo personaje que es la clave del suspense en la parte privada del personaje de Darín. Sus afirmaciones, tras un trágico suceso, son puestas en duda, pero dichas con tal convicción que ya no miras a Darín con los mismos ojos del principio. Mitre acierta  en un aspecto para mí reseñable en asignar los papeles de dos presidentes a actores del país correspondiente: el de Méjico es interpretado por un espléndido Daniel Giménez Cacho, de gran recuerdo para un servidor en Profundo carmesí (Arturo Ripstein, 1995) o en destacadas intervenciones en el cine español, como Celos (Vicente Aranda, 1999) o La mala educación (Pedro Almodóvar, 2004). La conversación privada entre él y Darín es de las mejores escenas de la película. Por su parte la actriz chilena Paulina García interpreta a la presidenta del país anfitrión de la cumbre.

Y también es muy buena la intervención de Christian Slater como representante del gobierno estadounidense. Sólo tiene una escena pero está tan natural y convincente que es una alegría para los cinéfilos ver que el Adso de Melk de El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986) con otras destacadas películas en su carrera como Amor a quemarropa (Tony Scott, 1993) o Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) sigue en plena forma. Sin embargo Elena Anaya en su papel de periodista está tan seria que no tiene la soltura y naturalidad a los que nos tiene acostumbrados.    

La Cordillera muestra la trastienda de las altas esferas de poder y el intento de tapar oscuros episodios del pasado pero al final se tiene la sensación de que te han dejado a medias, por un guión ambiguo y no del todo esclarecedor.  

jueves, 29 de junio de 2017

"Wonder Woman": Una amazona en el frente

El cine de acción actual ha encontrado de un tiempo a esta parte en los comics una importante fuente de inspiración, con resultados desiguales. Si el universo Marvel está más exprimido que una naranja en el desayuno, ahora le ha tocado el turno a su competencia directa, DC comics. En este terreno el año pasado fue muy destacable el hecho de que un personaje robase el protagonismo a los máximos protagonistas. Esto ocurrió con Wonder Woman en Batman vs Superman: El amanecer de la justicia. En el filme de Zach Snyder, Henry Cavill y Ben Affleck se vieron eclipsados por la amazona interpretada por Gal Gadot que ahora está en los cines en solitario con una historia que explica su origen y su primera aventura como heroína. Para ello se ha recurrido a la directora Patty Jenkins, quien debutó en el largometraje con Monster en el año 2003 y por la que una irreconocible Charlize Theron consiguió el Oscar a Mejor Actriz. Wonder Woman es su segundo filme y se puede afirmar que el resultado está por encima de la media de este tipo de películas, aunque tuve la sensación de que me faltaba algo para que fuera redonda.

En el filme que centra esta crítica se mezclan dos mundos tan distintos como el mitológico y el bélico de la Primera Guerra Mundial. Hay que decir que ambos mundos están ejemplarmente reflejados, con un colorido espectacular en el Reino de las Amazonas y otro más apagado cuando la acción se traslada al conflicto que enfrentó al mundo desde 1914 hasta 1918, de ahí que no se pueda dejar de mencionar la fotografía de Matthew Jensen. Por otro lado la parte de acción pura y dura es de lo mejor que tiene la película (las armas y las habilidades de la protagonista son un hallazgo) que tiene sus puntos débiles en un guión no del todo equilibrado, porque recurre a chistes y tópicos referidos a las diferencias físicas entre hombres y mujeres y las relaciones sexuales que caen en el cliché por su falta de originalidad, únicamente basándose en el origen divino de las amazonas. Incluso una escena parece inspirada Pretty Woman (Garry Marshall, 1990), pero en una tienda de modas de principios del siglo XX y sin la mítica canción de Roy Orbison.

Los personajes tampoco guardan equilibrio porque, si bien Gal Gadot y Chris Pine componen un logrado y particular dúo, los "malos" son de manual, en particular Elena Anaya que, por su apariencia, parece que a los americanos les llamó la atención su aspecto en La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011), así como los interpretados por Danny Huston y David Thewlis.

Pero si hay algo que, como se suele decir, tira "patrás", es un elemento que no forma parte de la película en sí aunque es un complemento en un país donde la versión original no está tan extendida como, por ejemplo, Portugal. Me estoy refiriendo al doblaje, el cual advierto por una peculiaridad: Los personajes femeninos que interpretan Gal Gadot o las ya veteranas y admiradas Robin Wright y Connie Nielsen son los peores doblados que he escuchado en mucho tiempo ya que son voces que suenan falsas, e incido en lo de femenino porque los masculinos sí están bien doblados. Es un caso a analizar, así que recomiendo, por favor, que la vean en versión original si quieren disfrutar plenamente de una película que tendrá su expansión con la reunión, equivalente a Los Vengadores, de La Liga de la Justicia de nuevo con Snyder como director.