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sábado, 19 de enero de 2019

"Border": Sentidos y sensibilidades

Es muy grata la experiencia de sentir que se ha visto algo que se sale de lo habitual. En los tiempos que corren una película como Border es un ejemplo muy bueno de ello por varias razones, todas ellas haciendo llegar a una misma conclusión personal: la riqueza de la cultura europea.

Border, ganadora del Premio Un Certain Regard en el Festival de Cannes, es una producción escandinava en muchos sentidos de nacionalidad sueco-danesa y que propone una historia donde la realidad, la fantasía y el folclore autóctono están fusionados de una manera como pocas veces un servidor ha visto en pantalla. 

El cineasta de origen iraní Ali Abbasi dirige y coescribe este filme tras su debut con Shelley en 2016. En este caso la historia es una adaptación a la pantalla de una novela corta del escritor John Ajvide Lindqvist, aclamado tras la adaptación de otra de sus novelas y que dio como resultado Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008) de la que en Hollywood  hizo un remake en 2010 dirigido por Matt Reeves con Kodi Smit-McPhee y Chloë Grace Moretz

Con Border se demuestra otra cosa: que la cultura sueca no sólo se nutre de novela negra, aunque se traten temas peliagudos y oscuros en los títulos mencionados. El cine de Abbasi y otro cineasta sueco de referencia actual, Ruben Östlund, por poner sólo dos ejemplos, demuestra la variedad temática y estilística (y, por lo tanto, enriquecedora) del cine proveniente de los países del norte de Europa.

Centrando la atención en Border, Abassi coescribe el guión junto al propio autor del relato y a Isabella Eklöf, ligada al universo de Lindqvist ya que trabajó en la citada Déjame entrar como asistente de localizaciones. Precisamente el entorno en el que desarrolla gran parte de la historia, la Madre Naturaleza es un personaje más, ya que la protagonista, una espléndida Eva Melander, tiene una conexión con todo lo relacionado con lo natural fuera de lo común y varias escenas que se desarrollan sobre la hierba o en un lago lloviendo son de una potencia absoluta a lo que contribuye la preciosa fotografía de Nadim Carlsen.

Border por otro lado habla de la personas que se califican como diferentes donde la mezcla con lo fantástico entra en juego. Melander interpreta a una sagaz vigilante en la aduana gracias a un sentido del olfato extremadamente desarrollado y eso ayuda a introducir las distintas maneras que el ser humano tiene de hacer el mal. Su aspecto físico tiene que ver en teoría por un problema de un cromosoma pero conocer a un hombre igual a ella (interpretado por el actor finés Eero Milonoff) le hace ver cosas de distinta manera y descubrir otras sobre sí misma que el espectador contempla con asombro, con una crítica feroz a la especie humana y donde la mitología nórdica juega un papel importante (el miedo a los truenos, por ejemplo). Además trata un tema atroz con una mezcla de dureza y sutileza difícil de lograr, con sorpresas incluidas.

Puede que esta crítica no sea más extensa que otras que un servidor ha hecho pero porque piensa que Border es un filme que el espectador debe vivirlo, sentirlo y descubrirlo sin demasiadas pistas. Sólo se puede anticipar que nunca había visto una escena íntima tan sorprendente como la que muestra este filme que demuestra que la senda de maestros del cine como Victor Sjöström e Ingmar Bergman está siendo seguida con humildad y creatividad por cineastas como Abbasi quien, con sentido y sensibilidad. cuenta una historia dura y hermosa al mismo tiempo en la que las raíces culturales están muy presentes.   

sábado, 24 de noviembre de 2018

"Lazzaro feliz": Cuento contemporáneo

Hay diversas maneras de denunciar determinadas situaciones. La explotación laboral de personas con pocos recursos por parte de otras pudientes es algo que no suena a algo antiguo. Ocurre en todos los ámbitos y en el rural con más claridad. Los terratenientes con trabajadores que dependen económicamente de ellos, existieron, existen y existirán, a lo que se suma la dureza de los trabajos en ese terreno.

La vida en el campo, independientemente de si hay un explotador o no, la ha reflejado el cine italiano con bastante realismo y crudeza, con títulos como Padre patrón (Vittorio y Paolo Taviani, 1977) o El árbol de los zuecos (Ermanno Olmi, 1978), ambas películas galardonadas en sus respectivos años con la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

La directora italiana Alice Rohrwacher utiliza toda esa tradición de su propio país para realizar su tercer largometraje tras Corpo celeste (2011) y El país de las maravillas (2014), el cual obtuvo en el Festival de Sevilla el Premio a la Mejor Actriz y el Premio Especial del Jurado. La mencionada nueva película, Lazzaro feliz, es un tanto singular en el buen sentido de la palabra.

Con reminiscencias de la cultura cinematográfica y literaria italianas (el que un personaje, perteneciente a la nobleza, se llame Tancredi es una referencia directa a El Gatopardo de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa que Luchino Visconti llevó ejemplarmente al cine en 1963 ganando también en la Palma de Oro en Cannes, y en la cual ese personaje así llamado tenía los rasgos de Alain Delon), un servidor al escuchar que, para quienes trabajaban los protagonistas, era una marquesa, no pudo evitar que se le viniese a la mente esa joya española que es Los santos inocentes, escrita por Miguel Delibes y llevada al cine por Mario Camus en 1984, uno de los retratos más feroces de la humillación de pobres por parte de ricos y que fue premiada en Cannes precisamente. En este caso con el Premio al Mejor Actor para Paco Rabal y Alfredo Landa.

Con todas estas referencias, conscientes e inconscientes, Rohrwacher, firma un guión donde mezcla el realismo con lo sobrenatural, un cuento o fábula con un personaje, el Lazzaro del título, que es un auténtico contraste en comparación con todos los que le rodean. Representa la pureza, la inocencia y la bondad, parece incluso como si la maldad no supiese qué es o, simplemente, no la perciba. Porque la actitud de este personaje, no es de abnegación ni de resentimiento, sino de una ternura que le hace ser una persona que parece no pertenecer a este mundo, muy bien denominado desde hace siglos como valle de lágrimas. El físico y, sobre todo, la mirada limpia de Adriano Tardiolo, ayudan mucho a la composición de un personaje de citada naturaleza.

La película, que trata el tema del vínculo de amistad entre dos personas completamente opuestas, introduce el componente fantástico en la historia de tal manera que el espectador no se percata de ello hasta que lo comprueba al mismo tiempo que el protagonista. Para no especificar mucho, sólo mencionar que ese componente le da a la película un toque distinto, sugerente y que no huye tampoco de la crítica que la directora imprime desde el principio.

La adaptación a una nueva situación completamente distinta, la picaresca para sobrevivir o la caída en desgracia de los que tenían una alta posición social no escapan a la afilada mirada de Rohwacher, quien recibió, también Cannes (parece que en el prestigioso festival francés las historias rurales calan hondo) el Premio al Mejor Guión, además de tres premios en Sitges.

El guión, en opinión de un servidor, deja demasiado abierto el final para todo lo que se ha mostrado antes. A pesar de ello, Lazzaro feliz es una muestra de que la tradición, si se continúa con una cierta lógica, puede dar lugar a historias insólitas y a la vez cercanas como esta película, donde los buenos sentimientos chocan con la dura realidad.      

domingo, 19 de noviembre de 2017

"The Square": Dardos críticos a diestro y siniestro

Son dignas de admiración las personas que son capaces de ver claramente las miserias propias y ajenas y mostrarlas sin trampa ni cartón. El director y guionista sueco Ruben Östlund es una de ellas. Precisamente por ser hombre llama la atención lo poco condescendiente que es con el género masculino en sus películas. Esto ya lo demostró en Fuerza mayor (2014), ganadora, entre otros premios, del Giraldillo de Oro en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde una avalancha ponía en tela de juicio el papel del hombre como protector de la familia.

Ahora en su nuevo filme, The Square (que pudo verse este año en el citado Fesival de Cine hispalense), esta capacidad crítica se extiende no sólo al hombre como ser individual sino, además, como perteneciente a una sociedad con una serie de valores que habría que revisar. Como elemento central se encuentra una exposición en un importante museo sueco que gira alrededor de un cuadrado, la traducción literal al castellano del título, y el personaje principal es el director artístico del museo, magníficamente interpretado por el actor danés Claes Bang, quien con su porte y elegancia resalta aún más la moralidad y algunos comportamientos que dejan bastante que desear centrándose la acción en un acontecimiento personal que le hará no estar muy pendiente de un aspecto laboral que traerá mucha cola.

La mencionada exposición es sólo un punto para ir hacia otros temas como los límites del arte y de la libertad de expresión, la existencia, aunque algunos digan que ya no existen, de las clases sociales (y el comportamiento de los que están arriba con los que están más abajo), la falta de solidaridad y de escrúpulos y el poder de las redes sociales. The Square, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes y la elección de Suecia para los Oscar, trata todo lo mencionado, creyendo en un principio que el guión se desvía pero, al contrario, expone lo mencionado para hacer crítica y autocrítica de manera inmisericorde donde caben el humor y el absurdo. De hecho, un servidor, a título personal, considera que Luis Buñuel ha tenido que ser una gran influencia para Östlund porque si el final de Fuerza mayor recordaba a una de los momentos más recordados de El discreto encanto de la burguesía (1972), The Square tiene momentos que evocan a, por ejemplo, Los olvidados (1950) y El ángel exterminador (1962) incidiendo en la sátira y en la denuncia.

En el reparto, además del esplendoroso Claes Bang, destaca la intervención de Elisabeth Moss, de gran popularidad gracias a las series Mad Men y The Handmaid's Tale a la que un servidor descubrió como una de las internas de Inocencia interrumpida (James Mangold, 1999). La relación que su personaje establece con el de Bang es uno de los puntos álgidos de la mencionada crítica al género masculino ya que decide hacerlo mostrando una relación sexual, el rol que ella toma y el encuentro posterior.

Por otro lado Dominic West, famoso también gracias a la televisión sobre todo por The Wire, protagoniza dos momentos incómodos del filme, siendo uno de ellos una performance por parte de Terry Notary (un maestro en la captura de movimientos para películas recientes con simios como protagonistas) que muestra a las claras el mencionado límite que muchas veces se traspasa en ciertas manifestaciones artísticas. Si ven la escena completa creo que lo entenderán mejor, aunque también hay que admitir que es una situación llevada al extremo.

La película tampoco elude el intento de redención de las personas cuando ven que han cometido una mala acción. No es que salve, en este caso, al personaje de Bang, pero al menos se le ve que no es un ser falto de escrúpulos, lo que ocurre es que, a veces, esa buena acción, puede no llegar a tiempo....