domingo, 16 de septiembre de 2018

"Todos lo saben": Drama sin estridencias

El cine no entiende de fronteras culturales ni de idiomas para contar una historia. El prestigioso director y guionista iraní Asghar Farhadi, que está convirtiéndose en pocos años en un referente por la calidad de su filmografía, reconocida con premios como los dos Oscar a la Mejor Película Extranjera por Nader y Simin. Una separación (2011) y El viajante (2016), lo demuestra con su nueva película, Todos lo saben, rodada en España y en español. Farhadi repite así la experiencia de rodar fuera de su país y en otro idioma, como ya hizo en El pasado (2013), rodada en Francia, en francés y por la que Bérénice Bejo ganó el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes

Ahora, con Todos lo saben, escribe y dirige un drama ambientado en un pueblo español donde la celebración de una boda se ve ensombrecida por la desaparición de una niña. El director de la también aclamada A propósito de Elly (2009) apuesta por contar las cosas tomándose su tiempo, con una descripción del ambiente y las relaciones familiares y de amistad entre los personajes con el fin de situar en todos los aspectos al espectador antes de que ocurra el acontecimiento principal de la trama. Para lo primero se sirve de una espléndida fotografía de José Luis Alcaine (gran maestro de la luz en activo desde los años sesenta y ganador  de cinco Goyas), que hace un trabajo impecable en todas la película, destacando, por ejemplo, las escenas en un campanario o las nocturnas sin luz eléctrica.

Todos lo saben es una película especial porque historias sobre personas desaparecidas se han contado en el cine desde hace mucho tiempo, pero aquí Farhadi utiliza ese hecho, sin perderlo en ningún momento de vista, para hablar de otros temas, como los rencores del pasado o las consecuencias, para algunos personajes, de saber algo que desconocían hasta ese momento.  Por lo tanto no estamos, según el parecer de un servidor, ante un McGuffin al uso. A un servidor le ha recordado esta fórmula narrativa a la película francesa Las granjas ardientes (Jean Chapot, 1973) con Alain Delon y Simone Signoret, en la que la investigación de una muerte hace que se desvele una relación oculta en el seno de una familia sobre la que recaen las sospechas, con la diferencia de que aquí el McGuffin era absoluto.

Farhadi sabe bien cómo quiere contar la historia, sin repetir algunos trillados lugares comunes de películas de secuestros. Lo que le interesa es, aparte de mantener la intriga sobre la identidad del responsable, analizar las acciones y reacciones de los personajes. Por eso compone escenas de grupo (entre los miembros de la familia y el personaje de Bardem) en las que fácilmente todo podría explotar como hacía Mike Leigh en Secretos y mentiras (1996), por ejemplo. El director iraní opta por mantener una calma tensa, donde se sueltan algunos reproches pero sin hacer escenas exageradas (hay una en un bar que no llega a ser excesiva) ni, como se dice popularmente, sacar los pies del tiesto, de ahí que la dirección de actores sea otro de los aciertos del filme.

Penélope Cruz interpreta de manera ejemplar a la madre de la niña desaparecida. Es la que tiene las reacciones más desgarradoras, pero todas medidas dentro de lo que su personaje está viviendo. Menuda manera de mostrar, por ejemplo, un ataque de ansiedad, además de la desesperación  y la impotencia  por no saber qué hacer y pensando qué le habrá pasado a su hija o cómo estará. La inolvidable protagonista de La niña de tus ojos (Fernando Trueba, 1998) o Volver (Pedro Almodóvar, 2006) y ganadora del Oscar por Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008) hace una composición muy creíble de cómo se sentiría una madre en la situación en la que se encuentra su personaje.

Por otro lado Javier Bardem demuestra su carácter camaleónico con un personaje que es para llevárselo a casa, mostrando una bondad y un cariño que hace que se empatice con él desde el momento en el que aparece y se desmarca totalmente de los papeles oscuros o de villano que ha hecho últimamente en, por ejemplo, Skyfall (Sam Mendes, 2012),   Piratas del Caribe. La venganza de Salazar (Joaquin Ronning y Espen Sandberg, 2017) o, yendo un poco más atrás, No es país para viejos (Hermanos Coen, 2007) por la que ganó el Oscar. Su personaje en Todos lo saben se involucra en la búsqueda de la niña de una manera que asombra a la propia familia de la desaparecida y su evolución es asombrosa, sobre todo al saber el dato que  un servidor no ha desvelado pero que ha mencionado como uno de los puntos clave del guión. Desde ese momento el peso de la responsabilidad recae sobre sus hombros y su estado de desesperación e incertidumbre se ejemplifica en el clímax final.

Por su parte, Bárbara Lennie, está maravillosa como la mujer del personaje de Bardem, con una naturalidad que a un servidor no le extraña al haberla visto en tres montajes teatrales brutales: Veraneantes sobre la obra de Gorki y Misántropo, sobre el clásico de Molière, ambas dirigidas por Miguel del Arco, y La clausura del amor, escrita y dirigida por Pascal Rambert. El comportamiento de su personaje también tiene un arco asombroso y sus reacciones son comprensibles ante los acontecimientos, la contemplación del comportamiento de su marido y lo que sale a la luz.

La película cuenta con actuaciones muy notables de los siempre geniales Eduard Fernandez, Ramón Barea o Elvira Mínguez, la cual asombra con lo que transmite con la mirada y con el comportamiento de su personaje. En el reparto, donde jóvenes como Sara Sálamo o Jaime Lorente (La casa de papel) tienen su momento para lucirse, se nota una descompensación, en la modesta opinión de un servidor, con el personaje al que da vida Ricardo Darín, que tiene su peso y buenas escenas pero se tiene la sensación de que se le podía haber sacado mucho más provecho, así como también ocurre con los personajes de Inma Cuesta (quien, por cierto, canta la canción de los créditos finales) y Roger Casamajor, cuya boda es el arranque de la película y el motivo de reunión de los personajes. Ambos están correctísimos pero se echa de menos que intervengan más.    

Como curiosidad fue un asombro para un servidor ver a Mario Martín repitiendo el papel de cura que hace en El secreto Puente Viejo, donde además oficia muchas bodas y a Inma Sancho, que interpretó a un malvado personaje en la misma serie donde por cierto, Lorente también estuvo un tiempo 

Todos lo saben es un drama algo atípico, donde algunos acontecimientos se desarrollan de manera imprevisible y que tiene un final que tampoco es convencional pero que incide en la importancia de los silencios y dejó a un servidor pensando cómo será la vida de los personajes desde que la pantalla funde, no en negro, sino en blanco en este caso. Farhadi demuestra en esta película, hablando en general, con las salvedades mencionadas, cómo controla el tempo narrativo y dirige a los actores, haciendo que se vea a las claras la enorme calidad interpretativa que tienen, con Bardem y Cruz dejando una impresión gratísima, constatando su comprensible prestigio internacional como actores.  

viernes, 14 de septiembre de 2018

"Un océano entre nosotros": Peculiar odisea

Hay personas que realizan proezas y otras que se quedan en el intento con el fin de cumplir un sueño, quizás, por adquirir reconocimiento público, o como un servidor quiere creer, para superar sus ansiedades y aliviar sus frustraciones vitales y profesionales. Una de estas personas que encajarían en tal descripción sería Donald Crowhurst, quien, en 1968, se propuso dar la vuelta al mundo por vía marítima sin escalas.

Esta es la historia y el personaje central, basada en hechos reales, de Un océano entre nosotros, película dirigida por el británico James Marsh tras la premiada La teoría del todo (2014), por la que Eddie Redmayne obtuvo merecidamente el Oscar por su interpretación dando vida a Stephen Hawking.

Ahora cuenta con varios ases de la interpretación de su país para dar vida a Crowhurst y otras personas que compartieron su aventura de una u otra manera. El soñador protagonista tiene los rasgos de Colin Firth, quien demuestra su profesionalidad y versatilidad, algo que sus seguidores conocen para. El ganador del Oscar por El discurso del rey (Tom Hooper, 2010) recurre a todas sus habilidades interpretativas para reflejar todos los aspectos de Crowhurst. Sus anhelos, dudas y, sobre todo, la manera en que afronta la toma de una decisión que moralmente no es correcta, son mostrados claramente, aparte de un deterioro físico y psíquico a medida que pasan los días en su barco para lograr el mencionado propósito.
Por otra parte Rachel Weisz está muy convincente como la mujer del protagonista dejando un mejor sabor de boca a un servidor que el que le dejó en Disobidience (Sebastián Lelio, 2017). En esta película vuelve la Weisz que fascinaba y confundía en Mi prima Rachel (Roger Michell, 2017) y que ganaba el Oscar por El jardinero fiel (Fernando Meirelles, 2005). En Un océano entre nosotros tiene momentos familiares muy tiernos pero donde demuestra ser una la gran actriz, es en una declaración ante la prensa en una de las últimas escenas del filme.

Otro actor que destaca por mérito propios es David Thewlis. El célebre Remus Lupin de la saga Harry Potter y que se ha visto recientemente el universo DC comics con sus intervenciones en Wonder Woman (Patty jenkins, 2017) y La Liga de la Justicia (Zack Snyder, 2017) da vida al agente de prensa contratado por Crowhurst para que dé cuenta de los progresos del viaje, lo cual supone una nueva colaboración con Marsh tras La teoría del todo.

Un servidor ha destacado la parte interpretativa porque, a nivel de guión, es donde este estimable filme hace, nunca mejor dicho, aguas. Cuenta la historia a veces de manera acelerada en el tramo inicial, pasando los meses muy rápido y, una vez que se centra en la travesía del personaje de Firth acierta a ratos alternando sus peripecias en solitario con flashbacks de su vida en familia y acciones paralelas de su mujer, sus hijos y la prensa siguiendo sus progresos, recordándole a un servidor la serie de dibujos animados La vuelta al mundo de Willy Fog (1981-84).

La película incide en la repercusión mediática primero local y luego nacional de un acontecimiento que puede reportar a Gran Bretaña un nuevo héroe nacional pero, sobre todo, deja constancia de cómo es posible engañar al carecer de los adelantos tecnológicos actuales para las comunicaciones.

Un océano entre nosotros  es un filme lleno de buenas intenciones y con un correcto diseño de producción donde destaca la música del malogrado Jóhann Jóhannsson, contando, además, con un final inesperado para quien, como un servidor,  no conozca la historia real de antemano, pero los altibajos narrativos perjudican al conjunto a pesar de las logradas interpretaciones de los actores mencionados , y otros por supuesto. Es un filme correcto pero que podría haber estado mucho mejor.  

miércoles, 12 de septiembre de 2018

"La monja": El mal se apodera de la abadía

El estreno en 2013 de Expediente Warren. The Conjuring bajo  la dirección de James Wan fue un soplo de aire fresco para el género del terror. Las peripecias del matrimonio que trató casos paranormales hace cuatro décadas, basados en personajes y casos reales, y al que dieron vida en la pantalla Patrick Wilson y Vera Farmiga, fue un aliciente para que fuese un gran éxito y propiciase una secuela, Expediente Warren. El caso Enfield (James Wan, 2016) y un spin off centrado en una inquietante muñeca, la desigual Annabelle (John R. Leonetti, 2014) y una precuela de ésta, Annabelle: Creation (David F. Sandberg, 2017). 

El universo de esta franquicia se ha expandido con el estreno de La monja, con un ser demoníaco como protagonista, Valak, ataviado con el hábito de la orden, que ya causó gran impacto cuando apareció en la mencionada secuela, El caso Enfield para abreviar. Con Wan siempre detrás en la producción, la dirige Corin Hardy, un director del que éste es su segundo largometraje.

Un servidor afirma, en su modesta opinión, que La monja es un filme que no le desagradó. Tiene el aliciente de una buena ambientación, ya que ubican la historia en los años cincuenta del siglo pasado, (siendo, por tanto, la primera de la franquicia cronológicamente), y en una antiquísima abadía rumana. Con respecto al argumento, el filme se centra en la investigación, por parte de un sacerdote y una novicia, del suicidio de una monja de la mencionada abadía.

La atmósfera está muy lograda con inquietantes pasadizos, cementerios, criptas, capillas y celdas que le hicieron recordar a un servidor lo que han dado de sí en el cine los edificios destinados a albergar a congregaciones religiosas, masculinas y femeninas, sean monasterios, conventos o abadías como en este caso. En los títulos que un servidor recuerda así de repente la ambientación ha sido siempre lo que ha estado genial independientemente del resultado global ya que en estos lugares en los que el tiempo se ha desarrollado la acción de potentes thrillers como las geniales El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986) o Agnes de Dios (Norman Jewison, 1985), con Jane Fonda, Anne Bancroft y Meg Tilly, pasando por dramas como Extramuros (Miguel Picazo, 1985) con unas geniales Carmen Maura y Mercedes Sampietro, o Las inocentes (Anne Fontaine, 2016), inquietantes historias como la perturbadora El monje (Dominik Moll, 2011) con Vincent Cassel de protagonista e incluso transgresoras como Entre tinieblas (Pedro Almodóvar, 1983)  

Volviendo a La monja, otro de los alicientes que tiene es su protagonista, Taissa Farmiga, hermana pequeña de Vera, que está muy convincente en su personaje de novicia detective, demostrando una vez más que el terror se le da de maravilla como constató en la primera y tercera temporada de la antología televisiva American Horror Story, creada por Ryan Murphy y donde ella vuelve en la futura octava entrega, en estos momentos en fase de rodaje. Es una actriz muy expresiva sin caer nunca en el histrionismo y hay un momento en que es clavada a su hermana en un instante idéntico de una de las películas la saga. Hay que aclarar que ambos personajes no están relacionados.

A Taissa Farmiga le acompaña el actor mexicano Demián Bichir, visto en los últimos años en filmes tan distintos como Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2016) o Alien: Covenant (Ridley Scott, 2017) en el papel del sacerdote enviado por el Vaticano. En opinión de un servidor tiene momentos inquietantes como el que protagoniza en un cementerio pero desarrollan una historia de su pasado, también paranormal, que no casa con el argumento central de la película. Por su parte el actor belga Jonas Bloquet, que interpretaba al hijo de Isabelle Huppert en la controvertida Elle (Paul Verhoeven, 2016) es un personaje metido un poco con calzador al principio pero un servidor les indica que mejor esperen al final para comprobar la importancia que tiene.

Entre las pegas que se le pueden poner a La monja está principalmente el hecho de recurrir de manera reiterada a las escenas que acaban en un susto, principalmente por una aparición inesperada de Valak y otros seres con hábitos y sin él no tan humanos, ya que se acaba una y la siguiente se prepara para dar otro, y no todos ellos tienen la misma intensidad ni factor sorpresa, porque algunos se intuyen al acercarse la cámara a a celdas totalmente oscuras o algunos personajes a monjas quietas, de ahí que un servidor destaque con un poco de guasa la valentía de los protagonistas de este tipo de filmes. Además hay elementos que dan risa, como, por ejemplo, unos crujidos de huesos en momentos en teoría terroríficos y eso repercute en el nivel de tensión de ciertas escenas.  

La película tiene momentos logrados como un plano desde arriba de las monjas rezando ataviada con el hábito oscuro, y el personaje de Farmiga haciendo lo mismo pero de blanco y componiendo así un plano espectacular. El clímax hay veces que parece que se va de las manos pero se reconduce y, volviendo hacia atrás, tiene un prólogo potente. Por cierto, la conexión con el universo de Expediente Warren está muy bien hilada para los fans de la franquicia.

La monja guarda principalmente una sorpresa en la resolución final que hace plantearse uno lo que ha presenciado y eso aumenta el grado de desasosiego de una película que no es la mejor de la franquicia pero se deja ver y en la que el clima creado y las conexiones juegan a su favor.           

martes, 11 de septiembre de 2018

"Mary y la flor de la bruja": Las dos caras de la magia

Nuevos horizontes se abren en el campo del anime o películas de animación japonesas. A los cines españoles han llegado recientemente en el tiempo, filmes de directores que aportan temáticas y estilos variados y novedosos, como A silent voice (Naoko Yamada, 2016), tratando el tema del bullying, o la irregular Fireworks  (Akiyuki Shimbô y Nobuyuki Takeuchi, 2017) jugando con la posibilidad de dar marcha atrás en el tiempo,  además de la exitosa Your name (Makoto Shinkai, 2016).

Todos los títulos mencionados siguen una larga tradición en la que la calidad visual es característica indiscutible de estas películas, y que continúa el filme que centra esta crítica, Mary y la flor de la bruja

Esta nueva muestra del anime tiene varias características que se pueden destacar. Una de ellas es que se trata de la primera película de un nuevo estudio de animación, Ponoc. Además, el director de este filme, Hiromasa Yonebayashi, tuvo una buena escuela de formación ya que trabajó en los estudios Ghibli a las órdenes del maestro de la animación nipona Hayao Miyazaki en varias de sus películas, concretamente desde La princesa Mononoke (1997) hasta El viento se levanta (2013).

Mary y la flor de la bruja es el tercer largometraje dirigido por Yonebayashi, tras las aclamadas Arrietty y el mundo de los diminutos (2010) y El recuerdo de Marnie (2014), ambas bajo el amparo de Ghibli. Una de las cosas que se pueden afirmar es la clara influencia del lugar donde se formó, algo normal. Pero aún son más curiosos los elementos de otros títulos cinematográficos y literarios que vienen a la cabeza cuando se visiona esta película basada en la popular novela infantil La pequeña escoba de palo de la escritora británica Mary Stewart publicada en 1971

Lo primero que se le ocurrió a un servidor, al ver que la protagonista es una preadolescente que sigue a un animal y que la lleva al lugar donde están las flores que introducen el elemento mágico y de fantasía en la historia, es la influencia de Lewis Carroll y su clásico fantástico Alicia en el País de las Maravillas (1865). Se puede intuir que la autora de la novela, Stewart, se inspiró en este título y en los libros de su compatriota Mary Norton escritos en los años cuarenta del pasado siglo y que dieron lugar a la popular película La bruja novata (Robert Stevenson, 1971) donde la escena de Angela Lansbury montando por primera vez torpemente en una escoba también se ve en Mary y la flor de la bruja además del acompañamiento de un gato negro. 

Si hablamos de lo que influyó posteriormente la novela de Stewart, ésta, al parecer de un servidor, fue una clara inspiración para la saga Harry Potter, ya que en La pequeña escoba de palo y, por supuesto, en Mary y la flor de la bruja, hay una escuela para brujas donde se estudian diversas asignaturas, un claro precedente de Hogwarts, aunque si se hila más fino en las novelas de Norton publicadas más de veinte años antes (como se ha dicho anteriormente) ya se menciona una escuela de brujería por correspondencia, por lo que J.K.Rowling pudo tener una doble influencia. 

Además se da una curiosa conexión: Yonebayashi adaptó otra novela de Norton para su debut en la dirección ya que la ya mencionada Arrietty y el mundo de los diminutos, se basa en la saga Los Borrowers que la autora comenzó a publicar en los años cincuenta. Otro punto de contacto, en este caso ya en el propio campo del anime, es que el tema de la brujería ya fue tratado en otro título dirigido por Miyazaki, Nicky, la aprendiz de bruja (1989) con la diferencia de que en este caso la protagonista es una bruja de nacimiento mientras que en Mary y la flor de la bruja, es el jugo de las flores las que otorgan ese poder.

Además de una calidad visual indiscutible Mary y la flor de la bruja habla de temas importantes y que transmiten un mensaje, ya que muestra la ambición del hombre abusando de la magia para hacer experimentos con la madre naturaleza y  humanos, una metáfora de la propia ciencia y los límites que se pueden llegar a sobrepasar, algo que ya anticipó H.G. Wells en su novela La isla del Dr. Moreau (1896), adaptada al cine en 1977 en un filme dirigido por Don Taylor y protagonizado por Burt Lancaster y en 1996 con John Frankenheimer dirigiendo a Marlon Brando y a Val Kilmer. Lo mencionado contrasta con el uso que le da a la magia Mary, la protagonista, con hechizos para romper maleficios como principal arma para combatir los experimentos mencionados.

Con unos personajes muy bien diseñados, (la pareja formada por el Dr. Dee y Madam Mumblechook, regentes de la escuela de brujas es un gran logro) y una historia bien contada donde un servidor destaca una escena en un espejo en la que se revela algo muy importante que ocurrió décadas atrás y que conecta con la protagonista, Mary y la flor de la bruja nos deslumbra visualmente para hablarnos de amistad, lazos familiares y la protección de la naturaleza.

La tradición del anime japonés está en buenas manos con Yonebayashi y sus contemporáneos bajo la alargada sombra del maestro Miyazaki.

jueves, 6 de septiembre de 2018

"La gaviota": Deseos frustrados

Antón Chéjov (1860-1904) es uno de los grandes escritores de la literatura mundial. Sus obras, centradas en analizar la sociedad de su época y explorar el alma humana han tenido una gran aceptación por parte del público. El autor ruso tiene varias obras maestras indiscutibles en su producción literaria: Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos, todas ellas llevadas a la gran pantalla, así como sus relatos cortos que dieron lugar, por ejemplo, a Ojos negros (Nikita Mikhalkov, 1987) con el gran Marcello Mastroianni. Una cuarta obra maestra teatral suya es La gaviota, de la cual irá esta crítica por la adaptación cinematográfica estrenada en España esta semana.

Un servidor iba ya sabiendo todo lo que iba a ver ya que la había visto dos veces en teatro: un montaje clásico en el mejor sentido de la palabra, en 2002, dirigido por Amelia Ochandiano y protagonizado por Roberto Enríquez, Silvia Abascal, Carmen Elías y Pedro Casablanc entre otros y en 2013 una versión mucho más acelerada del director argentino Daniel Veronese titulada Los hijos se han dormido con Pablo Rivero, Susi Sánchez, Malena Alterio, Marina Salas, Miguel Rellán y Ginés García Millán. Además un servidor también pudo ver un magnífico Estudio 1 de la obra con Irene Gutiérrez Caba, Julieta Serrano y Julián Mateos (hay otros dos: uno de nuevo con Mateos acompañado en esta ocasión por Luisa Sala, María Massip y Fernando Rey, y otro ya en los 80 con Pedro Mari Sánchez, María José Goyanes y María Asquerino, que era una grabación de una función del montaje que se representaba en aquel momento en el Teatro Bellas Artes de Madrid).

Ya centrando la atención en la película, un servidor admite que es la primera vez que ve La gaviota en el cine ya que aún tiene pendiente la adaptación que dirigió Sidney Lumet en 1968 con Vanessa Redgrave, James Mason y Simone Signoret. El filme actual está dirigido por el estadounidense Michael Mayer que se curtíó en la televisión tras debutar en la dirección de largometrajes con Una casa en el fin del mundo (2006), filme protagonizado por Colin Farrel, Robin Wright y Sissy Spacek

Esta adaptación tiene varias particularidades. La primera de todas es que se empezó a rodar en 2015 y por causas que un servidor desconoce se ha estrenado ahora, no sólo en España, sino en todo el mundo.  Anécdota aparte, la adaptación es bastante fiel a la obra de Chéjov y, aunque sobrepasa la hora y media está todo lo esencial. No la han modernizado sino que la han ubicado temporalmete a comienzos del siglo XX y la ambientación está conseguida con un vestuario de Ann Roth, ganadora del Oscar por El paciente inglés (Anthony Minghella, 1996), muy acertado ya que no es nada pomposo ni exagerado en los colores y corresponden a la época en que tiene lugar la acción. 

Ahondando en la adaptación de la que antes se ha hecho un apunte, se puede decir que tiene pros y contras. Entre los primeros destaca el hecho de que, siendo una adaptación de una obra de teatro, la planificación y las interpretaciones están despojadas de toda teatralidad, lo cual se agradece, y resuelve con diversos recursos algunas escenas para que sea más cinematográfico el resultado.

En el caso de los factores en contra un servidor destaca dos: que se recurra al manido comienzo por el final para luego volver al principio y enlazarlo con lo que se vio en los primeros minutos. Un servidor piensa que ya es algo muy trillado y no aporta gran cosa. Otro error, según un punto de vista personal, es mostrar la preparación del impactante final cuando en la obra de teatro el personaje que lo protagoniza se marcha del escenario y se escucha un sonido, por lo que mostrarlo le quita toda la sorpresa que podría ocasionar a los espectadores que no la han visto y además han eliminado la frase final donde un personaje le dice a otro lo que realmente ha ocurrido sobre el origen del mencionado sonido (un servidor no puede ser más explícito para no hacer spoiler).

La gaviota es una obra con unos personajes muy definidos que toca temas como el deseo de triunfar en el teatro, el amor y, sobre todo, el desamor, con unos personajes que tienen sueños que no se cumplen y otros que se resignan a lo que les ha tocado y maquillan su situación como pueden aunque en el fondo sean infelices. Para mostrar todo esto se necesitan actores entregados y el reparto es uno de los aciertos de esta versión.

Si hablamos en general, tres actrices sobresalen: Annette Bening, que encarnó a Gloria Grahame en la magnífica Las estrellas de cine no mueren en Liverpool (Paul McGuigan, 2017) hace un gran trabajo dando vida a Irina, la consagrada actriz. Es un deleite verla interpretar porque, además, siendo el personaje una diva, no se ha optado por una manera de hablar ampulosa ni movimientos exagerados, características de este tipo de personas, pero eso no quita para que sea dura y crítica con su hijo, Konstantin, encarnado magníficamente por Billy Howle. Este muestra sus ganas de triunfar y de tener una vida feliz pero el fracaso y la insatisfacción le hacen mostrar su lado sensible y frágil. En el terreno amoroso sufre por el amor que siente hacia Nina una joven aspirante a actriz que interpreta Saoirse Ronan, quien vuelve a coincidir con Howle tras En la playa de Chesil (Dominic Cooke, 2017).

Ronan expresa muy bien esas ganas de triunfar en el mundo de la interpretación y destaca cómo se va fascinando por la personalidad de Trigorin el autor de éxito interpretado por Corey Stoll. Aunque se hayan mencionado personajes masculinos y los actores respectivos un servidor no se olvida del tercer personaje femenino destacable: Masha, encarnada maravillosamente por Elisabeth Moss. La protagonista de la exitosa serie El cuento de la criada y vista también en The Square (Ruben Östlund, 2017), hace una composición genial, mostrando con su rostro la amargura por un amor no correspondido y su forzado conformismo motivado por la circunstancias. Es un personaje del que uno se queda con ganas de más. Para terminar con las interpretaciones un servidor destaca la que hace el veterano Brian Dennehy, el recordado sheriff de Acorralado. Rambo (Ted Kotcheff, 1982) como el dueño de la casa de campo donde tienen lugar los acontecimientos y hermano del personaje de Bening.

Las interpretaciones y la ambientación son los principales atractivos de este nuevo acercamiento al universo creativo de Chéjov. No maravilla pero tampoco disgusta porque está hecha con respeto al autor y la historia que cuenta es, de raíz, interesante, por el laberinto de emociones, aspiraciones y sentimientos que se juntan en una casa de campo.