viernes, 22 de junio de 2018

"No dormirás": Un método arriesgado

Películas sobre el mundo del teatro hay unas cuantas, pero que incluya elementos sobrenaturales ya no es tan normal, por lo menos eso le parece a un servidor. Así las cosas No dormirás, coproducción entre España, Argentina y Uruguay, es un ejemplo de cine de género que tiene sus defectos, como todo, pero al que no se le puede negar su arriesgada temática y la calidad a nivel de producción, actuaciones y planificación.

Con un guión original de Juma Fodde que tiene ecos del mejor cine de terror pero, por su temática, también elementos relacionados con el teatro, con referencias más o menos claras a Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), y a la sensacional obra Marat/Sade de Peter Weiss, por su carácter metateatral, sus protagonistas y el lugar donde se desarrolla, el director Gustavo Hernández vuelve al terror tras su ópera prima La casa muda (2010) que tuvo un remake estadounidense al año siguiente protagonizado por Elizabeth Olsen y Dios Local (2014)

La característica que distingue la trama de No dormirás es que se centra un innovador método para que los actores desarrollen su creatividad y se metan en los personajes que han de interpretar, que pretende ser una auténtica revolución, olvidando el método Stanislavski, el Actors Studio y demás. El mencionado método consiste en estar el mayor tiempo de horas posibles sin dormir y las consecuencias que acarrean al cuerpo y a la mente de aquel que decide prestarse a ello. Pero claro, No dormirás, guarda sus cartas principales para más tarde pero enseña otras: Si la acción se desarrolla en una clínica abandonada donde tuvieron lugar horribles sucesos la estancia no va a ser Disneylandia precisamente y los sucesos paranormales no tardarán en aparecer con la excusa de la representación de una obra teatral muy particular.

Con respecto al guión se puede decir que plantea una historia interesante que tiene la virtud de no aburrir, por lo menos un servidor lo vivió así, y se van descubriendo poco a poco cosas. También es cierto que, no sólo la confusión va apoderándose de la trama (muchas veces se duda de la veracidad de lo que se ve por las consecuencias que tiene el estar tantas horas sin dormir) y lo que se le puede achacar son demasiadas vueltas de tuerca al final, de tal manera que se tiene la sensación de que lo que hemos visto es una cosa y nos cambian el concepto un servidor diría que hasta tres veces. Menos giros hubiesen beneficiado más al conjunto final.

Lo que no se puede obviar es el impecable trabajo de los actores, que interpretan a personajes a veces con varias caras. Belén Rueda demuestra que se mueve como pez en el agua en este tipo de películas, que viene demostrando a lo largo de los años en títulos como El Orfanato (J.A. Bayona, 2007), Los ojos de Julia (Guillem Morales, 2010) o El cuerpo (Oriol Paulo, 2012). Simplemente está perfecta como Alma Böhm, la impulsora del método descrito anteriormente, desvelando un lado siniestro que pone en tela de juicio los límites que algunas personas, en pos del arte, son capaces de sobrepasar.

Natalia de Molina, una actriz que desprende luz desde su debut en Vivir es fácil con los ojos cerrados (David Trueba, 2013) se defiende muy bien con el tema de los acentos y la sensación de que se le podía sacar más partido a su personaje se desvanece a medida que avanza la película, que juega con las identidades ocultas mucho tiempo. Sobre quien recae mayor peso en la película es en la actriz argentina Eva de Dominici, una presencia cautivadora que un servidor desconocía y que interpreta su personaje con absoluta credibilidad, con pequeños detalles que lo enriquecen y que son claves para la historia. Todos los actores están, además, muy bien caracterizados para ir mostrando en su rostro los estragos de la falta de sueño. 

No dormirás se beneficia de una muy buena factura que fue reconocida en el Festival de Málaga con los premios para la fotografía de Guillermo Nieto y el montaje de Pablo Zumárraga. Teniendo golpes de efectos predecibles, No dormirás es una película que aporta novedades al género repitiendo algunos esquemas comunes y esperados en este tipo de película pero un servidor no la considera una más, por el riesgo en todos los sentidos.     

martes, 19 de junio de 2018

"El repostero de Berlín": Los ingredientes precisos

El cine es considerado justamente un arte por muchos y variados motivos. Para un servidor, uno de ellos es la capacidad de narrar una historia de tal manera que, aunque contenga elementos algo chocantes, se deje ver sin causar reparos, algo que le ocurría a, por ejemplo, la premiada Todo sobre mi madre (Pedro Almodóvar, 1999). Esta misma cualidad, que es positiva por descontado, también está muy presente en El repostero de Berlín, ópera prima como director de largometrajes del israelí Ofir Raul Graizer, quien también escribe el guión.

La historia de un  joven berlinés, maestro en la gastronomía más dulce, que mantiene una relación con un hombre casado israelí y la forma de actuar del primero al conocer la muerte en un accidente del segundo, está rodada y tratada de una manera especial, haciendo énfasis en los sentimientos y en el choque cultural entre israelíes y alemanes. Graizer se recrea, para el placer del espectador, en el proceso de elaboración de tartas y galletas, lo cual lo emparenta con filmes como Chocolat (Lasse Hallström, 2000).

Por otro lado, la evolución de la relación del repostero con la viuda de su amante se va cocinando a fuego lento. El resultado tiene mucho que ver con el modo en que Graizer dirige a los actores. El personaje que interpreta el alemán Tim Kalkhof (increíble todo lo que transmite con lo mínimo) llega al establecimiento donde trabaja la mencionada viuda con unas intenciones iniciales indecisas pero el desarrollo de la historia hace que el espectador empatice con ambos, al menos esa fue la experiencia de un servidor. De igual modo, la actriz Sarah Adler, hace una composición de su personaje magistral llena de matices.

En realidad lo que se presencia, a pesar de saber con quién ha estado unido sentimentalmente él antes, es el encuentro de dos almas solitarias que ven la ocasión de llenar ese hueco que tienen en sus vidas, en el caso de él más claro gracias a un flashback con una interesante conversación entre él y su amante cuando aún vivía.

Sin embargo, Graizer juega, por un lado, con la coherencia y, por otro lado con la ambigüedad con respecto al momento en el que ella descubre quién es él en realidad, algo que no ocurre en el encuentro con la madre del fallecido, interpretada maravillosamente por Sandra Sade, quien sabe perfectamente quién es el joven berlinés prácticamente desde que cruzan las primeras palabras y miradas, éstas últimas una de las bazas de la película y que Graizer ha potenciado sabiamente, así como los silencios y las reacciones de los personajes haciendo, como se ha mencionado al principio, que no se sienta rechazo hacia ellos (sobre todo hacia él) porque se parte de la base de que el director no los cuestiona ni enjuicia, por lo tanto los expone a corazón abierto.

Filmada de una manera impecable, con una escena íntima genialmente planificada, y por lo tanto creíble, en las antípodas de la que protagonizan Rachel McAdams y Rachel Weisz en Disobedience (Sebastián Lelio, 2017), El repostero de Berlín destaca también por la hermosa música compuesta por Dominique Charpentier, donde cada nota destila sentimiento.

Si bien es cierto que el final (que habla de temas como el legado o lo que una persona ha significado en la vida de otra) abierto y un tanto ambiguo, puede descolocar un poco, no hace que se caiga todo el castillo de naipes (o de galletas, que pegarían, más en este caso), porque se nota que es una película rodada con corazón y amor hacia los personajes, algo que se plasma sin fisuras en pantalla y hace que el visionado ni eche para atrás ni se tenga la sensación de que hemos comulgado con ruedas de molino, sino que se desgusta como la sabrosa tarta Selva Negra que se ve en la película, una de las cumbres de la repostería alemana.  

jueves, 14 de junio de 2018

"Jurassic World. El reino caído": Al rescate de los dinosaurios

El estreno en 1993 de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993) fue todo un acontecimiento para muchos espectadores. La adaptación de la novela de Michael Crichton donde se mostraba la posibilidad de que los dinosaurios viviesen en la actualidad fue todo un fenómeno que se prolongó, primero con dos secuelas. Posteriormente, se quiso recuperar el gancho de esta franquicia con Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) donde el parque se convertía en un parque temático a gran escala donde todo se salía de madre.

Ahora, tres años después, ha llagado la continuación directa de ésta: Jurassic World. El reino caído con dirección de J.A.Bayona. A juicio de un servidor la experiencia al ver esta última película de la saga ha sido satisfactoria por varios motivos. El primero y principal porque a un servidor Jurassic World, a pesar de contar con una buena pareja de actores como Chris Pratt y Bryce Dallas Howard, le resultó un tanto decepcionante por la previsibilidad de lo que contaba y su desarrollo, por lo tanto iba a ver Jurassic World. El reino caído un tanto diciendo: "A ver qué me encuentro".

Esas reticencias desaparecieron nada más empezar la película con un prólogo vertiginoso que homenajea al cine de Spielberg, ya que si hablamos de terror bajo el agua es obvia cuál es la película a la que se le rinde tributo, aparte de volver a ver algunas de las criaturas que se vieron  en el filme predecesor. Pues bien, no sólo por eso, y ya entrando en una visión más global, el guión, obra de Trevorrow y Derek Connolly (guionistas también de Jurassic World) está mucho más elaborado, conectando más aún con el origen de la saga) en forma de referencias a personajes y presencia de otros. Además tiene un mensaje ecologista muy claro junto con un mundo de sentimientos entre personajes y algunos de ellos con los propios dinosaurios que da la sensación de estar contando algo en condiciones.

Y claro, por los elementos referidos que contiene este guión, Bayona es una acertada elección para trasladarlo a imágenes. Con sólo tres películas antes que ésta, ha demostrado, para un servidor, sobre todo en Lo Imposible (2012) que sabe combinar acción y momentos más íntimos con maestría. Además su mirada a ciertos personajes demuestra su sensibilidad para contar con mimo una historia que, como suele ser habitual en la saga, contiene mucho movimiento y escenas que rozan lo terrorífico por la violencia de algunos de estos seres prehistóricos.

La película gana porque, a juicio de un servidor, no es del todo más de lo mismo. La vuelta a la isla por parte los personajes de Pratt y Howard tiene un propósito muy concreto y bienintencionado. Pero claro, la traición está a la vuelta de la esquina y se cambia, por razones obvias, de escenario, llegando a uno en el que todo confluye y se llega al clímax.

Todo lo dicho Bayona lo maneja con soltura con algún personaje que podía haberse no quedado en el estereotipo pero haciendo más interesantes los de la pareja protagonista e incorporando otros que dan lustre a la historia. Geraldine Chaplin aparte, que es fija en las películas de Bayona, demostrando cómo sacar todo el jugo a todo personaje que le cae en las manos, uno de los aciertos a nivel de casting es la elección de Rafe Spall, El hijo del magnífico Timothy Spall tiene a quién parecerse y compone un lobo con piel de cordero del que saca oro. Además, James Cromwell (inolvidable Duque de Edimburgo en La Reina de Stephen Frears, o en American Horror Story: Asylum) da vida a un personaje clave relacionado con el que interpretó Richard Attemborough. A él hay que añadir al villano al que da vida Toby Jones y la niña interpretada por Isabella Sermon, que introduce el sentimentalismo justo a la historia.

Jurassic World. El reino caído no puede negar que ofrezca lo que todo el mundo espera de esta saga sobre todo si los dinosaurios campan a sus anchas en un entorno que no es el suyo, incidiendo en el mensaje de la mano del hombre para aprovecharse de la Madre Naturaleza siempre movido por el vil metal pero ésta siempre muestra su poder y las consecuencias de rebelarse contra ella o querer manipularla al antojo de personas avariciosas.

Con una espléndida fotografía de Oscar Faura y una eficaz música de Michael Giacchino (aunque siempre es una gozada cuando se oyen los acordes de la poderosa música compuesta por el maestro John Williams para el filme que lo empezó todo) esta película tiene un final enigmático pero no inquietante dando más sentido al término Mundo Jurásico.

miércoles, 6 de junio de 2018

"Los Extraños. Cacería Nocturna": Fórmula algo corregida y aumentada

El cine de terror,y, concretamente, el subgénero "psicópata asesino", es uno en el que, salvo contadas excepciones, se aplica la frase: "Está todo inventado". Pero si se entra en el terreno de las secuelas, esto es aún más evidente, ya que se suelen repetir clichés y situaciones, que, a pesar de todo, y si se rueda con criterio, esos sustos que tanto gustan a los aficionados al género suelen seguir siendo efectivos.

Hace diez años Los Extraños, dirigida y escrita por Bryan Bertino, llamó la atención por el logrado clima de inquietud que transmitía la desasosegante estancia de la pareja interpretada por Liv Tyler y Scott Speedman en una casa por la invasión de tres enmascarados con mortales intenciones.

Ahora, con Los Extraños. Cacería Nocturna, Bertino continúa encargándose del guión pero pasa el testigo de la dirección a Johannes Roberts, especializado en el terror en sus variadas vertientes, demostrado en títulos como El otro lado de la puerta (2016) o A 47 metros (2017) de la que se prepara su secuela en estos momentos.

Pues hablando de secuelas, ésta de Los Extraños propone la misma situación cambiando el escenario y el número de potenciales víctimas. En Los Extraños. Cacería Nocturna es un matrimonio con dos hijos el objetivo de los tres asesinos que comienzan a notar su presencia llamando a la puerta y preguntando por una tal Tamara. El guión de Bertino, escrito junto a Ben Ketai, repite constantes de la anterior película y del género con personajes arquetipo como el de la hija adolescente, una rebelde de manual.

Por otro lado, esta película no deja de ser un homenaje al propio género al que pertenece, no en vano, el escenario recuerda poderosamente a Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) y sus innumerables secuelas y una escena del tercio final es un homenaje a otra de la impactante La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), de hecho, los protagonistas de estos filmes fueron grandes precursores en lo que se ve actualmente en este género en general y en esta película en particular (especialmente lo de los rostros ocultos) y en su metraje.

Por lo demás vemos escenas que recuerdan a la estrenada en 2008 pero ya, lógicamente, sin la tensión que ésta tenía ni el factor sorpresa porque el modus operandi de los asesinos ya es conocido. Lo que interesa es ver quién sobrevive en esta ocasión y en este caso hay alguna que otra sorpresa y una climática escena bastante lograda en una piscina iluminada mientras suena la mítica canción Total eclipse of the heart de Bonnie Tyler.

Sin hacer spoiler un servidor no puede dejar de mencionar una respuesta por parte de uno de los tres psicópatas que ejemplifica la sinrazón de sus actos. A la pregunta, como en la original, "¿Por qué nos hacéis esto" la respuesta es "¿Y por qué no?". Más claro, el agua.

Con lo referente al reparto, hace lo que puede, porque predomina la acción a la palabra. Christina Hendricks es quizá la más conocida. Con una carrera extensa donde destaca su personaje en la serie Mad Men (2007-2015) y vista hace pocos meses en la descafeinada La casa torcida (Gilles Paquet-Brenner, 2017), la actriz se luce algo más al comienzo cuando, antes de que ocurra todo, se nos dan ligeros apuntes de la situación familiar y poco más porque este género no da para lucirse recitando un monólogo de Shakespeare precisamente. 

La película es corta, va al grano y, sin ser una maravilla, no aburre ¿qué mas se puede pedir? La fórmula, algo alterada, vuelve a dar resultados, digamos, aceptables.
  

lunes, 4 de junio de 2018

"Basada en hechos reales": En busca de inspiración

El pánico al folio en blanco es algo que le ocurre a muchos escritores a la hora de escribir una nueva novela tras una anterior que ha sido un gran éxito. Roman Polanski vuelve a dirigir cuatro años después de La venus de las pieles (2013) para ofrecer una retorcida y enmarañada historia sobre este tema.

Especialista en crear intriga y sorprender, Basada en hechos reales, por el desarrollo de la historia, es (a juicio particular) una obra menor del director polaco si la comparamos no ya con esa obra maestra que es La semilla del diablo (1968) sino con una película más reciente en su filmografía, El Escritor (2010), que protagonizaron Ewan McGregor y Pierce Brosnan y, como indica el título, con la escritura como tema común.

En el caso de Basada en hechos reales, Polanski coescribe el guión junto a Olivier Assayas (otro director con una tendencia actual por las historias extrañas como demostró en Personal Shopper) adaptando una novela de la escritora francesa Delphine de Vigan. Desconociendo la novela de la que parte, lo que hay sin duda es un juego de espejos al llamar a la escritora de la película con el mismo nombre que la escritora real autora de la novela base.

El filme plantea un esquema típico de historia con personaje invasivo con buenas intenciones aparentes y cuya relación con la otra persona se va agriando hasta llegar a unos límites casi mortales. La búsqueda de la inspiración toma aquí tortuosos caminos, con una resolución que mezcla sorpresa con extrañeza y además con un referente claro del universo creativo de Stephen King, a saber, escritor, impedido físicamente... no hace falta más para saber el título al que un servidor se refiere.

La intrincada trama hay que admitir que está bien llevada por las dos actrices protagonistas, siendo Eva Green la que deslumbra desde el primer momento en el que aparece en pantalla. Tiene una mirada y una expresión, además de una apariencia exterior absolutamente magnética y confirma su evolución como actriz desde su sonado debut en Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003). 

Por su parte, Emmanuelle Seigner, esposa y musa de Polanski desde que rodasen Frenético (1988) encarna a la escritora en una evolución donde pasa de ser eclipsada por Green en todos los aspectos a ella jugar sus cartas, en un juego perverso de aprovechamiento mutuo. Eso salva un poco la historia porque la entrada del personaje de Green en la del de Seigner no se entiende en un primer momento, ya que ocurre todo muy rápido, sin apenas explicaciones y, ante algunas actitudes y acciones de Green resulta desconcertante la razón por la que Seigner no la echa de casa a la primera.

Por otra parte, un servidor considera que Polanski desaprovecha al personaje que defiende con profesionalidad Vincent Perez. El inolvidable La Mole de La reina Margot (Patrice Chéreau, 1994) tiene un rol secundario que, si no existiese en la trama, un servidor considera que tampoco hubiese variado mucho el resultado final.

Con una sugestiva música del multipremiado Alexandre Desplat y una correcta fotografía de Pawel Edelman, colaborador habitual de Polanski desde El Pianista (2002), Basada en hechos reales habla de los extraños vínculos entre los seres humanos, donde la dependencia y la dominación puede cambiar de manos en el momento más inesperado, sobre todo si se tiene un propósito, como sacar un libro al mercado, como ocurre en este caso. Siendo Polanski en el está detrás de las cámaras se esperaba algo mejor con estos ingredientes.